MÁS PATRIMONIO PÚBLICO
Por qué no adquiere el Ayuntamiento el edificio que albergó el Banco de España
Eugenio-Jesús de Ávila
Escribió unos irónicos versos Antonio Machado en “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido”, aquellos que expresaban “Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza”. No es mi caso, pero mi monomanía hállase en embellecer Zamora, en realizar propuestas posibles, jamás cercanas a la utopía. No soy Tomás Moro. Así, ha tiempo, cansado de contemplar su abandono, su falta de servicios, de utilidad, pensé que el que fuera sede del Banco de España en su día; después de Caja Salamanca y Caja Duero, uno de los edificios más bellos de Santa Clara, la artería urbana de la ciudad del Romancero, debería adquirirlo el Ayuntamiento, con un doble objetivo: convertirlo en oficinas municipales y ahorrarse el enorme y desproporcionado alquiler que se abona por otro inmueble particular que nunca formará parte del patrimonio pública zamorano. Si amamos tanto lo público, engrosémoslo con la compra de una hacienda de esta importancia.
Ya se cometió un gravísimo error estético cuando se permitió cerrar el pasaje de ese edificio que comunicaba dos calles de importancia en nuestra ciudad. Después, cuando las entidades bancarias públicas decidieron cerrarlo, quedó para siempre abandonado en pleno corazón de Zamora.
Si un servidor formara parte del gobierno municipal, inquilino principal de la Casa de las Panaderas, negociaría con Unicaja para ver la posibilidad de adquirir tal edificio y después darle una función para facilitar la vida a los ciudadanos, a los contribuyentes. Una de las características que definen el patrimonio ideológico de las izquierdas estriba en su querencia por aumentar el patrimonio público. Por lo tanto, si se obra en consecuencia, se compraría a la propiedad actual esa finca urbana. No creo que la dirección bancaria exigiese una cantidad inasequible para el poder económico municipal. Además, se amortizaría en un tiempo prudencial, simplemente con el dinero que se está pagando por el actual alquiler del inmueble de Santa Ana. Ese ahorro valdría para ir pagando, en cómodos plazos, esa finca urbana que protagoniza este escrito-propuesta.
Inténtese, pues, esa adquisición cuanto antes. En la primavera de 2027 habrá elecciones municipales. Guarido rubricaría sus 12 años en la Alcaldía de la Bien Cercada con la compra de ese magnífico inmueble, una herencia extraordinaria para la ciudad.
Eugenio-Jesús de Ávila
Escribió unos irónicos versos Antonio Machado en “Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de Don Guido”, aquellos que expresaban “Cuando mermó su riqueza, era su monomanía pensar que pensar debía en asentar la cabeza”. No es mi caso, pero mi monomanía hállase en embellecer Zamora, en realizar propuestas posibles, jamás cercanas a la utopía. No soy Tomás Moro. Así, ha tiempo, cansado de contemplar su abandono, su falta de servicios, de utilidad, pensé que el que fuera sede del Banco de España en su día; después de Caja Salamanca y Caja Duero, uno de los edificios más bellos de Santa Clara, la artería urbana de la ciudad del Romancero, debería adquirirlo el Ayuntamiento, con un doble objetivo: convertirlo en oficinas municipales y ahorrarse el enorme y desproporcionado alquiler que se abona por otro inmueble particular que nunca formará parte del patrimonio pública zamorano. Si amamos tanto lo público, engrosémoslo con la compra de una hacienda de esta importancia.
Ya se cometió un gravísimo error estético cuando se permitió cerrar el pasaje de ese edificio que comunicaba dos calles de importancia en nuestra ciudad. Después, cuando las entidades bancarias públicas decidieron cerrarlo, quedó para siempre abandonado en pleno corazón de Zamora.
Si un servidor formara parte del gobierno municipal, inquilino principal de la Casa de las Panaderas, negociaría con Unicaja para ver la posibilidad de adquirir tal edificio y después darle una función para facilitar la vida a los ciudadanos, a los contribuyentes. Una de las características que definen el patrimonio ideológico de las izquierdas estriba en su querencia por aumentar el patrimonio público. Por lo tanto, si se obra en consecuencia, se compraría a la propiedad actual esa finca urbana. No creo que la dirección bancaria exigiese una cantidad inasequible para el poder económico municipal. Además, se amortizaría en un tiempo prudencial, simplemente con el dinero que se está pagando por el actual alquiler del inmueble de Santa Ana. Ese ahorro valdría para ir pagando, en cómodos plazos, esa finca urbana que protagoniza este escrito-propuesta.
Inténtese, pues, esa adquisición cuanto antes. En la primavera de 2027 habrá elecciones municipales. Guarido rubricaría sus 12 años en la Alcaldía de la Bien Cercada con la compra de ese magnífico inmueble, una herencia extraordinaria para la ciudad.


















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