Mª Soledad Martín Turiño
Martes, 27 de Enero de 2026
ZAMORANA

Mantenimiento de los servicios públicos

Mª Soledad Martín Turiño

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Uno de los trabajos más comunes en el área hospitalaria de hace unos años era el de supervisor de mantenimiento, una figura que tenía tras de sí un equipo de profesionales; pintores, electricistas, albañiles, reponedores etc. y cuya función era precisamente esa: supervisar pasillos, habitaciones, salas de espera, consultas, quirófanos y todas las dependencias del hospital, hacer un recorrido por las diferentes estancias, observar si había algún desperfecto y arreglarlo a la mayor brevedad posible.

 

Recuerdo que era un placer comprobar como todo estaba siempre en orden, ni un desconchado, ni una falta de pintura en las paredes, limpieza y un orden que se extendía también a los servicios complementarios como: televisores operativos en las habitaciones, baños para los familiares con dotación de papel y jabón, máquinas expendedoras de comida y bebida siempre abastecidas… y estoy hablando de un hospital público.

 

Transcurridos los años, me he visto obligada a acudir en varias ocasiones a ese mismo hospital comprobando con desolación que el mantenimiento es ya casi inexistente: paredes sucias, puertas que no cierran, ventanas que se encasquillan, cortinas de separación entre camas con desgarrones… una pena que se haya perdido el concepto de cuidar los servicios y no dejar que se deterioren por el uso.

 

Otro tanto ocurre con los centros de salud, donde no es infrecuente ver a la señora de la limpieza, carrito en ristre, limpiando en medio de una sala de gente abarrotada por pacientes; cuando esta tarea puede hacerse perfectamente antes de abrir al público o una vez el centro está a punto de cerrar. La cartelería es otra de las cosas que sorprende y apabulla al mismo tiempo: desde las unidades administrativas, hasta paredes y puertas de consultas aparecen forradas de carteles, a veces superpuestos y con restos del pegamento que los ha unido, acumulando una información que no resulta relevante para nadie. En este caso la solución pasa por lo mismo: alguien que supervise y actúe con eficacia, dejando únicamente el mensaje principal, visible, con letra clara, y despegando el resto, a la vez que se limpian las superficies maltratadas por una sucesión de anuncios superpuestos.

 

En los servicios públicos, esos que utilizamos y también pagamos todos, debería cumplirse a rajatabla este aspecto de revisión y control para ofrecer unas instalaciones de calidad acordes con el beneficio que prestan. Lo que he detallado, centrándome en el ámbito sanitario, se hace extensivo también al resto de servicios que usamos de manera cotidiana, ya dependan del ámbito local, autonómico y, por supuesto, los que incumben al propio gobierno central, con varios años sin presupuestos y, por consiguiente, sin hacer un obligado y necesario gasto en mantenimiento de infraestructuras.

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