Miércoles, 04 de Febrero de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Domingo, 01 de Febrero de 2026
ZAMORANA

Los santos de febrero

[Img #105237]Pese a que oficialmente aún faltan unos días para las Águedas, que se celebrarán el próximo cinco de febrero, se ha adelantado la fiesta y más de mil quinientas mujeres, muchas de ellas ataviadas con los trajes regionales típicos de la provincia, se han dado cita, a pesar del frio, del viento y de la lluvia de este tiempo tan desapacible que no nos da tregua, y han recalado en Bermillo de Sayago para festejar el “IX Encuentro Provincial de Águedas de Zamora”, evento importante por muchas razones: 

 

Se está consolidando como un encuentro anual en el que se dan cita mujeres de toda la provincia, cada año en una comarca diferente.

 

Ha conseguido el apoyo institucional, con la presencia en esta ocasión del presidente de la Junta, el sr. Fernández Mañueco, el presidente de la Diputación, sr. Faúndez, la alcaldesa doña Ángeles Isabel Martínez y otras personalidades políticas que han reforzado este acto.

 

Muchas regiones zamoranas han estado representadas por mujeres, jóvenes y mayores –algunas de muy avanzada edad- que han querido reivindicar su papel en el mundo rural, así como la importancia de preservar las tradiciones; homenajeando a las madres y abuelas de quienes algunas han heredado los trajes que llevaban; otras los han confeccionado ellas mismas bordando los manteos, los pañuelos o los mandiles. De este modo dejan constancia de una indumentaria zamorana propia, colorida y diversa dependiendo de la comarca.

 

Febrero es un mes en el que se conmemoran tres festividades, que antaño tuvieron gran relevancia en el mundo rural zamorano: Las Candelas (o La Candelaria), San Blas y las Águedas; por supuesto, todas ellas con sus correspondientes dichos populares:

 

“Por San Antón el buen ave pon; por la Candelaria, la buena y la mala”.

 

“Por San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres: año de nieves”.

 

“Por Santa Águeda las mujeres mandan”.

 

Curiosamente, si repasamos la historia de estos tres personajes, ninguno tiene que ver con el arraigo y la trascendencia con que se les venera en esta provincia: Santa Águeda fue una mujer siciliana que ofreció a Dios su virginidad; sin embargo, el gobernador romano Quinciano se prendó de ella y, al ser rechazado, mandó que le cortaran los pechos y fuera quemada en la hoguera. Desde entonces su imagen se representa con una bandeja donde reposan sus pechos mutilados, convirtiéndose desde entonces en patrona de mujeres casadas y lactantes.

 

San Blas era un médico y obispo turco cuyo acto más conocido fue salvar a un niño que se ahogaba por una espina de pescado; también curaba a animales y a personas enfermos. Perseguido por el emperador Licinio, fue decapitado por no renegar de su fe, convirtiéndose en el primer mártir cristiano. Se considera protector de las enfermedades de la garganta.

 

La Candelaria tiene su origen en Tenerife; según la leyenda, en 1392, dos pastores aborígenes guanches encontraron la imagen de madera de una mujer que cargaba una vela en una mano y al niño Jesús en la otra en la playa de Chimisay; los españoles reconocieron la imagen como la Virgen de la Candelaria. Desde las Canarias, la devoción por esta virgen se extendió a otros países, sobre todo latinoamericanos. Asimismo, existen en España varios lugares donde existen réplicas, retratos e incluso retablos para venerar esta imagen, conmemorada también en otras provincias.

 

Volviendo al inicio de este artículo, está claro que somos de festejar y, pese a que como he dicho, estos santos que tanta raigambre tienen para muchos pueblos zamoranos, no sean específicamente nuestros, los hemos incorporado a nuestro particular santoral, se han celebrado y continúan haciéndolo cada vez con mayor repercusión.

 

Recuerdo como me contaban mis padres la forma en que lo festejaban cuando eran jóvenes: había misa, corrían el bollo, iban por las casas del pueblo donde les ofrecían una copita y un dulce, luego se reunían en el campo o en una casa para estar juntos y pasarlo bien… recuerdo sus caras de ilusión, comentando cada detalle de esos días especiales en los que se aparcaba el trabajo, vestían de fiesta y se permitían lo que para aquella época era casi un lujo: divertirse.

 

Llega el mes de febrero y, lejos de mi pueblo, pero con la mente en lo que fue y lo que continúa siendo gracias a la poca gente que aún permanece allí y que se ha impuesto la noble tarea de recuperar las tradiciones, rememoro en la distancia esas festividades que enraízan con nuestros antepasados cercanos, y no puedo menos de sentirme orgullosa; yo, en mi particular forma de festejar esas fechas, compro un bizcocho, o lo hago yo, y de esa forma participo de una tradición que pretendo continuar con los míos.

 

¡Que no se pierdan las costumbres de los pueblos; es de lo poco que les va quedando!

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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