Miércoles, 04 de Febrero de 2026

José Antonio Ávila López
Lunes, 02 de Febrero de 2026
NOTAS DEL PENSAMIENTO

Valores de risa

José Antonio Ávila López

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Hace un tiempo en una comparecencia de prensa Patxi López habló de «los valores del PSOE». Al parecer, todo el muestrario de babosos de bragueta juguetona que aflora, es incompatible con «los valores del PSOE». Lo de Paco Salazar, lo del presidente de la Diputación de Lugo, lo del concejal y diputado de Torremolinos..., está feo, pero no perdamos de vista los «valores del PSOE» (me entra la risa). El goteo de moluscos preparados para reñir no nos puede despistar de lo esencial : el feminismo, la igualdad, y la protección de las víctimas son «los valores del PSOE» (me vuelve a entrar la risa). Es el momento adecuado, entonces, para dejar clara una característica esencial de «los valores del PSOE» : no existen, y no existen en el partido, pero tampoco en los votantes. Por supuesto la exhibición de valores en política es muy importante, pero no hay que tomarla demasiado en serio, porque no debemos perder de vista que «los valores» no son más que vistosos estandartes que mueve el viento, y que no están anclados en consideraciones éticas sólidas. El votante, desde joven, es atraído por la política porque es un campo excelente para la señalización moral, que a su vez (y ésta es una historia fascinante) es una parte de la selección sexual. Por eso se escoge al partido que nos permita proyectar una buena imagen de nosotros mismos, y esto depende de las modas del momento. En la época actual la más potente (un verdadero tsunami) ha sido el “wokismo” (una ideología que pretende dividir a la sociedad entre opresores y oprimidos), y algunos partidos de izquierdas han tomado buena nota. Enseguida se dieron cuenta de que era mucho más cómodo subirse a la ola y exhibir grandes preocupaciones morales (frecuentemente, ante problemas inexistentes) que resolver problemas realmente existentes, que no tenían ni idea de cómo afrontar. Una vez que se produce la adscripción del votante al partido, la inercia es tremenda. Lo normal es que lo siga a través de todas sus evoluciones e incoherencias, y es muy posible que sin dejar de invocar los «valores» acabe acompañándolo a cualquier ciénaga moral. Esto se produce por una lamentable diferencia de intereses : el votante necesita al partido para señalizar su virtud, pero el político lo necesita sencillamente para vivir bien, y por eso maniobrará en todo momento en función de sus conveniencias y confiará en que el votante lo siga y haga los ajustes necesarios : los políticos llaman a esto «mover la ventana de Overton». Un ejemplo particularmente feo ha sido éste : en el PSOE, los filoterroristas de Bildu han pasado de ser apestados a más demócratas que el PP.

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