José Antonio Ávila López
Jueves, 05 de Febrero de 2026
NOTAS DEL PENSAMIENTO

Antiguos problemas de poder, no de mercado

José Antonio Ávila López

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En octubre de 1973, en plena antesala de la crisis del petróleo, el Presidente de los Estados Unidos Richard Nixon mantuvo reuniones discretas pero decisivas con los grandes ejecutivos petroleros estadounidenses en un contexto de pánico estratégico. El embargo árabe amenazaba el abastecimiento, disparaba los precios y cuestionaba la seguridad nacional de Estados Unidos. El tono de las reuniones fue defensivo, y se centraron en garantizar suministro, coordinar respuestas y asumir que el Estado debía liderar haciendo frente a un shock externo sin precedentes. Y cuentan que, durante una de aquellas reuniones, cuando los ejecutivos petroleros explicaron al Presidente que el embargo árabe no era una amenaza retórica sino un corte real y coordinado, Richard Nixon, visiblemente irritado, preguntó si el sector podía “absorber el golpe” sin que la población lo notara. La respuesta fue seca : no, y añadieron que habría colas, racionamiento y caos político. Nixon guardó silencio unos segundos y zanjó : “entonces esto ya no es un problema de mercado, es un problema de poder”. Durante más de medio siglo no volvió a darse una reunión presidencial con ese nivel de urgencia geopolítica directa, pero hace poco ha tenido lugar en la Casa Blanca un encuentro bastante llamativo. El Presidente norteamericano Donald Trump se ha reunido con los representantes de las compañías petroleras más importantes del mundo, con el objetivo de convencerles para invertir en la industria petrolera venezolana, que es una de las mayores del mundo, pero está muy deteriorada. Trump presentó un plan ambicioso para revitalizar el sector petrolero de Venezuela, concretado en una inversión mínima de unos 100.000 millones de dólares por parte de las compañías, sin usar dinero del Gobierno estadounidense, garantías de seguridad y protección para las petroleras si invierten en Venezuela, y la promesa de que Estados Unidos controlaría y gestionaría las ventas de crudo venezolano, beneficiando tanto a las petroleras como a la economía estadounidense. La reacción generalizada por parte de los ejecutivos petroleros fue de cautela y escepticismo generalizado. Las grandes petroleras no hicieron compromisos concretos de inversión, y los representantes de varias compañías dijeron que Venezuela es actualmente “inviable” o “no apta” para invertir sin reformas legales, mayor estabilidad y certezas jurídicas.

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