José Antonio Ávila López
Lunes, 09 de Febrero de 2026
NOTAS DEL PENSAMIENTO

Una intrahistoria de Bécquer

José Antonio Ávila López

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A veces, un escritor nos gana ya para siempre como lectores no sólo por la calidad o por el valor de sus obras, sino también por pequeños detalles, como puedan ser el título que ha dado a un libro suyo o el contenido exacto de una dedicatoria concreta. Así me ocurrió a mí hace ya algunos años con el gran Gustavo Adolfo Bécquer (del cual hice mi tesina con sus “Leyendas” para licenciarme en Filología Hispánica), cuando conocí la intrahistoria de la única compilación que llegó a preparar en vida. Como seguramente muchos de ustedes ya sabrán, en 1868 Bécquer recibió un regalo muy especial de uno de sus mejores amigos, un tomo de contabilidad comercial de seiscientas páginas, para que fuera escribiendo en él todas sus obras literarias a partir de entonces. Y en ese volumen pensado originariamente sólo para anotar sumas y restas, asientos y balances, pérdidas y ganancias, escribiría este admirado autor romántico varios textos, en concreto, la denominada “Introducción sinfónica”, el ensayo inconcluso “La mujer de piedra” y setenta y nueve rimas, precedidas del epígrafe “Poesías que recuerdo del libro perdido”. Con dicho epígrafe se refería Bécquer a un primer manuscrito poético que él mismo había redactado en otro espacio y que se había perdido poco antes de que llegase a ser publicado en forma de libro, tras la Revolución de 1868. Con el tiempo, aquel grueso tomo de contabilidad comercial acabaría formando parte de la historia de nuestra literatura, tanto por su título como por su contenido y por los avatares que sufrió. Su precioso y enigmático título era “Libro de los gorriones”, que fue anotado por el propio poeta en la portada del citado volumen, al igual que su curioso subtítulo : “Colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes, que se concluirán o no según sople el viento”. Nuestro querido poeta no llegó a explicar nunca la razón de ese título, aunque tal vez influyó en su decisión el hecho de que los gorriones sean unos pájaros que siempre nos acaban alegrando o emocionando con su canto dulce, por muy tristes o melancólicos que nos podamos encontrar en un momento determinado. Bécquer moriría dos años después de la puesta en marcha de ese proyecto, el 22 de diciembre de 1870, con apenas 34 años de edad, sin que el presumiblemente inacabado “Libro de los gorriones” hubiera visto la luz. Los únicos textos que llegaría a publicar en vida fueron diversas Leyendas, la narración epistolar “Desde mi celda” y una docena de sus rimas en varios periódicos de la época.

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