ZAMORANA
El cielo descarga sus lágrimas con furia
Llueve sin tino, con furia, sin descanso; también hay viento, graniza y nieva en lugares donde ya cansa ver tanto manto blanco con varios centímetros de espesor que no trae sino problemas: obstaculiza las entradas a las casas, dificulta los viajes por carretera, tren y avión; el agua está provocando innumerables destrozos, sobre todo en Andalucía y Extremadura donde más de once mil personas han tenido que abandonar sus casas por estar anegadas, e incluso por riesgo de que puedan colapsar; otro tanto ocurre con las presas, que tienen que desembalsar agua. Resulta un espectáculo realmente hermoso ver las cascadas que forma la naturaleza, riadas de agua que caen con fuerza desde lo alto; y resultaría perfecto si no fuera porque ese espectáculo nos preocupa. Las inundaciones han cubierto pueblos, carreteras, parques y casas; se han producido corrimientos de tierras, se han desprendido piedras enormes que han caído a las vías impidiendo el paso de los vehículos; los ríos han aumentado su caudal hasta desbordarse, y las pérdidas materiales son cuantiosas.
Otro frente abierto para este gobierno que, a fecha de hoy, aún no ha entregado las ayudas correspondientes a las víctimas y familiares del trágico accidente de Adamuz y Gelida; y deberá hacer lo propio cuanto antes con las personas que están sufriendo estas terribles inundaciones. Además, ambos sucesos han puesto en evidencia la precariedad de un mantenimiento estatal obligado para estructuras que la memoria política se ha empeñado en olvidar: revisión, y reparación en su caso, de las presas; limpieza del cauce de los ríos; repaso y saneamiento en profundidad de la vía férrea y las carreteras; refuerzo de las laderas junto a las calzadas para evitar que los derrumbes de piedras y otros materiales pongan en riesgo a los conductores; vigilancia de las construcciones que se han edificado en cuencas fluviales; supervisión periódica de puentes, viaductos y pasarelas… etc.
Tenemos el gobierno más extenso de la democracia; estructurado en torno al presidente, con 948 asesores, 3 vicepresidencias y 22 ministerios. Creo que hay organismos suficientes como para acometer cualquier eventualidad y resolverla a la mayor brevedad; habida cuenta de que son autosuficientes porque ni dan cuenta al Congreso, ni tampoco precisan de la oposición para informar de las situaciones de emergencia o catástrofes, ni para poner en práctica las medidas conjuntas que consideraran oportunas.
Así las cosas, indigna que las indemnizaciones tarden tanto en ser efectivas, dejando en la calle a familias enteras que han sufrido una tragedia natural. Costará reconstruir la normalidad en las comunidades más afectadas por las inundaciones, porque se han perdido casas, cultivos, infraestructuras, negocios; dejando en suspenso las vidas de muchas personas que, de un día para otro, se han visto en la calle y con lo puesto.
Urge, por tanto, estar preparados. El cambio climático está mostrando que va en serio y las consecuencias, si no se toman las medidas necesarias de prevención, pueden ser catastróficas. Ya han empezado a notarse la frecuencia e intensidad de los incendios, la sequía prolongada, el aumento de temperatura, la subida del nivel del mar, las olas de calor o las inundaciones. Ante este panorama, no cabe el lamento, sino rodearse de los mejores expertos, estudiar cada punto de la geografía en España, ver en qué situación se encuentran nuestras provincias y empezar a tomar medidas.
Por último, solo me queda recordar que todo esto tiene un precio, y que además es enorme, porque cuando las estructuras se abandonan a su suerte durante años, sin hacer un mínimo análisis de su situación, y sin hacer revisión alguna, luego los costes son mayores porque los daños también se han multiplicado. Sin embargo, esto no sería un gran problema ya que el gobierno de Sánchez ha recaudado más de 300.000 millones de euros provenientes de nuestros impuestos. ¡A ver si son capaces de utilizar este dinero adecuadamente y no se diluye en más corruptelas!
Mª Soledad Martín Turiño
Llueve sin tino, con furia, sin descanso; también hay viento, graniza y nieva en lugares donde ya cansa ver tanto manto blanco con varios centímetros de espesor que no trae sino problemas: obstaculiza las entradas a las casas, dificulta los viajes por carretera, tren y avión; el agua está provocando innumerables destrozos, sobre todo en Andalucía y Extremadura donde más de once mil personas han tenido que abandonar sus casas por estar anegadas, e incluso por riesgo de que puedan colapsar; otro tanto ocurre con las presas, que tienen que desembalsar agua. Resulta un espectáculo realmente hermoso ver las cascadas que forma la naturaleza, riadas de agua que caen con fuerza desde lo alto; y resultaría perfecto si no fuera porque ese espectáculo nos preocupa. Las inundaciones han cubierto pueblos, carreteras, parques y casas; se han producido corrimientos de tierras, se han desprendido piedras enormes que han caído a las vías impidiendo el paso de los vehículos; los ríos han aumentado su caudal hasta desbordarse, y las pérdidas materiales son cuantiosas.
Otro frente abierto para este gobierno que, a fecha de hoy, aún no ha entregado las ayudas correspondientes a las víctimas y familiares del trágico accidente de Adamuz y Gelida; y deberá hacer lo propio cuanto antes con las personas que están sufriendo estas terribles inundaciones. Además, ambos sucesos han puesto en evidencia la precariedad de un mantenimiento estatal obligado para estructuras que la memoria política se ha empeñado en olvidar: revisión, y reparación en su caso, de las presas; limpieza del cauce de los ríos; repaso y saneamiento en profundidad de la vía férrea y las carreteras; refuerzo de las laderas junto a las calzadas para evitar que los derrumbes de piedras y otros materiales pongan en riesgo a los conductores; vigilancia de las construcciones que se han edificado en cuencas fluviales; supervisión periódica de puentes, viaductos y pasarelas… etc.
Tenemos el gobierno más extenso de la democracia; estructurado en torno al presidente, con 948 asesores, 3 vicepresidencias y 22 ministerios. Creo que hay organismos suficientes como para acometer cualquier eventualidad y resolverla a la mayor brevedad; habida cuenta de que son autosuficientes porque ni dan cuenta al Congreso, ni tampoco precisan de la oposición para informar de las situaciones de emergencia o catástrofes, ni para poner en práctica las medidas conjuntas que consideraran oportunas.
Así las cosas, indigna que las indemnizaciones tarden tanto en ser efectivas, dejando en la calle a familias enteras que han sufrido una tragedia natural. Costará reconstruir la normalidad en las comunidades más afectadas por las inundaciones, porque se han perdido casas, cultivos, infraestructuras, negocios; dejando en suspenso las vidas de muchas personas que, de un día para otro, se han visto en la calle y con lo puesto.
Urge, por tanto, estar preparados. El cambio climático está mostrando que va en serio y las consecuencias, si no se toman las medidas necesarias de prevención, pueden ser catastróficas. Ya han empezado a notarse la frecuencia e intensidad de los incendios, la sequía prolongada, el aumento de temperatura, la subida del nivel del mar, las olas de calor o las inundaciones. Ante este panorama, no cabe el lamento, sino rodearse de los mejores expertos, estudiar cada punto de la geografía en España, ver en qué situación se encuentran nuestras provincias y empezar a tomar medidas.
Por último, solo me queda recordar que todo esto tiene un precio, y que además es enorme, porque cuando las estructuras se abandonan a su suerte durante años, sin hacer un mínimo análisis de su situación, y sin hacer revisión alguna, luego los costes son mayores porque los daños también se han multiplicado. Sin embargo, esto no sería un gran problema ya que el gobierno de Sánchez ha recaudado más de 300.000 millones de euros provenientes de nuestros impuestos. ¡A ver si son capaces de utilizar este dinero adecuadamente y no se diluye en más corruptelas!
Mª Soledad Martín Turiño




















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