Kebedo
Jueves, 12 de Febrero de 2026
MI VECINA MARISOL

Seguimos tratando mal al turismo

[Img #105548]Aunque ya hemos hablado de este tema en otras ocasiones, desde este nada modesto rincón gracias a los miles de seguidores que tenemos mi vecina Marisol y yo, es menester traerlo a colación de nuevo porque, entre lo que vemos y lo que nos cuentan, no acabamos de asombrarnos de las cosas que ocurren en Zamora y, en éste caso concreto, las cosas que atañen al turismo.

No vamos a descubrir ahora, aunque a algunos le hace mucha falta, la riqueza monumental y arquitectónica que tenemos en Zamora.

-Sí, Santa Clara y La Plaza de Alemania, quieres decir- , enseguida me replica mi vecina en un tono jocoso y guasón porque sabe perfectamente que me refiero a nuestra provincia y mas concretamente a nuestra ciudad. El enorme despliegue de románico que tenemos en Zamora la convierte en la ciudad que tiene la mayor concentración de románico del mundo. Esto  ya lo he dicho en mas ocasiones, no porque yo sea un experto en arte, ni mucho menos, sino porque lo dicen quienes lo son.

-Y eso son palabras mayores, pero que muy mayores. Parece mentira que no tengamos riadas de turistas a diario que vengan a admirar lo que tenemos. Y de paso a deleitarse con la cocina tan rica y diversa que ofrecemos por aquí;  bares de tapas a cascoporro y restaurantes… eso ya es otro cantar porque en el recorrido turístico por excelencia de ésta ciudad, de la Plaza Mayor a  la Catedral, solo hay dos restaurantes y otro par de bares. ¿Acaso es esa una buena oferta? -, dice Marisol indignada.

Y si añadimos que en ese mismo recorrido, sobre todo desde la Plaza de los Ciento hasta la Catedral, empieza a dar miedo transitar porque cualquier día va a caerse cualquier muro, a derecha o izquierda, pues tenemos el terreno abonado para espantar a propios y extraños de que hagan ese recorrido. Un  día va a haber un disgusto y no será porque no se ha denunciado durante años el estado de esos dos edificios, uno frente al otro, uno de propiedad privada y otro del obispado, que tienen mas peligro que un mono pilotando un avión.

-Cualquier día se vienen abajo, Señor Alcalde; y ahora, con los diluvios que estamos padeciendo, ese riesgo se multiplica. Por ahí están pasando los visitantes de las Edades del Hombre y todo aquel que quiere llegar a la Catedral, al Castillo o al Museo de Baltasar Lobo. No faltaba más que hubiera un accidente para que el turismo se fuera al traste definitivamente-, continua mi vecina.

-Pero voy más allá-, me dice. –Te voy a contar un sucedido que ha ocurrido hace escasamente una semana-.

Y Marisol empieza a explicarme lo siguiente.  Hace unos días se encontró, paseado por Zamora, a un grupo de personas que iban vestidos elegantemente, de capa y chistera ellos y de vestidos largos con tocados y capas o abrigos, ellas. Evidentemente llamaban la atención de los viandantes por su elegancia y de repente descubre que una de esas personas es amiga suya. Lógicamente se acerca a saludar, a pedirle permiso para hacerles unas fotos y de paso a interesarse por qué es lo que celebran.

Y esa persona amiga le cuenta que se trata de una Asociación de Amigos del Modernismo que tienen por costumbre visitar las ciudades que poseen edificios de este tipo. Y resulta que Zamora estaba entre sus preferencias porque siendo  residentes en otros puntos de España tenían especial interés en venir y disfrutarla. Claro, la sorpresa y la admiración fueron patentes en mi vecina y de paso se interesó por como habían organizado la excursión.

-Pues de ahí viene el motivo de éste cabreo-, dice mi vecina.

Resulta que la persona organizadora de la excursión, que es de Zamora, se le ocurre , como primer paso,  dirigirse al Ayuntamiento para preguntar  si podría acceder a algún tipo de información o ayuda que se le pudiera ofrece a ésta gente para que pudieran salir satisfechos de su visita a la capital. Y la respuesta fue, poco menos, “búscate la vida que nosotros ya tenemos suficiente  con lo que tenemos”. 

Y, efectivamente, se buscaron la vida, consiguieron a una guía que les explicó convenientemente el modernismo en Zamora y muchas cosas más y quedaron muy contentos porque, además de visitar la ciudad, estuvieron en Toro y en Puebla de Sanabria y así completaron un maravilloso viaje, tanto cultural como gastronómico .

-Hablando del condumio, ahí hay algo mas que contar, que también tiene mucha “guasa”.-  me replica otra vez Marisol.

Y me cuenta que la persona anfitriona, que lógicamente se encargó de toda la organización, también se preocupó de buscar un lugar digno donde comer; literalmente “de donde no se salga oliendo a fritanga”. ¡Oído a los hosteleros!.,

Y cuando se interesó en algún restaurante con un menú del día apropiado y con un precio razonable, unos 20 euros, se encuentra con que, en el momento que dice que es un grupo de doce personas, la cosa cambia y el menú del día desaparece como tal, dado que son más de diez personas, y se convierte en un menú especial, para todos igual y al precio de 40 euros.   

-Y esto no es la primera vez que ocurre en ésta ciudad porque ya lo hemos experimentado en otras ocasiones. Si vamos a fechas señaladas, Navidad, Semana Santa, San Pedro…, en determinados sitios ya conocidos los menús “del día” suben de precio como por arte de magia y se ponen a precios de escándalo. ¿Eso es tratar bien a los clientes y, en especial, a los turistas?-.

Y mi vecina Marisol se va, como de costumbre, con su amiga Concepción, ya sabéis, la funcionaria eficiente que no dice palabrotas, a tomarse unas orejas de carnaval para ir entrando en ambiente. 

Kebedo.  

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