ZAMORANA
Diatriba política
Mª Soledad Martín Turiño
Ayer noche, en un programa de debate político de la televisión autonómica, en la que un grupo de tertulianos analizan el contexto social de cada día, se estableció una pequeña discusión entre dos de ellos que, sin dejar intervenir al moderador, pretendían hacer valer su exposición con una dialéctica que rayaba en la discordia. Fueron unos minutos tensos en los que apenas se escuchaban los argumentos del uno solapados tras los del otro. El presentador, por fin, fue escuchado y terció para que atendieran el turno de palabra y acataran los argumentos opuestos con respeto, y no con gritos.
Esta situación se ha vuelto tan común en la sociedad que me asusta; nos hemos acostumbrado a una crispación mantenida, a una manifiesta falta de tolerancia y se han formado bandos que son reflejo de lo que los políticos nos ofrecen cada día. Las elecciones en Extremadura, las más recientes en Aragón y los próximos comicios en Castilla y León sirven de escenario para hacer reproches al rival, nunca para dar la enhorabuena a quien ha ganado y sin una mínima reflexión o crítica por parte de los perdedores. Es un todo contra todos presidido por burlas y ataques al oponente, en lugar del respeto y el acatamiento a las urnas que debería ser la prioridad de todos los políticos.
La sociedad se contagia de esa actitud intolerante, de la falta de valores, del “y tú más”, del “usted no va a darme lecciones” y tantas otras consignas que se repiten una y otra vez por parte de muchos políticos. Desconocen la humildad, porque esas lecciones que todos creen innecesarias, no son tales, cuando la vida es un aprendizaje continuo donde recibir enseñanzas completa a la persona o a la institución, porque nadie está en posesión de la verdad absoluta y hay muchas cosas que aprender, aunque sea del rival o de alguien que, en teoría, parezca que no pueda aportar nada.
Hemos de desterrar definitivamente este clima de constante agresión, aprender de los políticos de la transición que dieron una gran lección a España y al mundo en un país donde se había instalado la intolerancia y el fanatismo y, sin embargo, desde ámbitos políticos completamente diferentes, decidieron apostar por salir adelante todos juntos, con respeto, unidos y con una única pretensión: elaborar una Constitución en la cupieran todos, sin individualismos ni partidismos. Lo lograron, y aquellos hombres -mujeres, por desgracia, no había en aquel momento crucial- siguen siendo hoy referentes para que no olvidemos la gran lección que nos dieron; aunque, por desgracia, haya gente como Patxi López que, con la sonrisa sibilina que le caracteriza, refiriéndose a Felipe González, otro modelo político y presidente socialista que se mantuvo en el poder durante más de trece años, diga que “hace mucho tiempo que no es referencia para los socialistas”.
¡Qué importante es tener memoria! Pero, si los políticos sufren una amnesia, ya sea definitiva o transitoria, ahí está la hemeroteca para refrescarles el recuerdo y para que muchos se sonrojen con sólidos argumentos que dieron un día y al siguiente manifestaron justo los contrarios; aquí el maestro es el presidente Sánchez que es capaz de decir una cosa y su opuesta en cuestión de días o meses, dependiendo de lo que le convenga.
Decía el gran Aristóteles: “gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia”. Pues eso, a aprender de los clásicos, que ellos sí que sabían.
Ayer noche, en un programa de debate político de la televisión autonómica, en la que un grupo de tertulianos analizan el contexto social de cada día, se estableció una pequeña discusión entre dos de ellos que, sin dejar intervenir al moderador, pretendían hacer valer su exposición con una dialéctica que rayaba en la discordia. Fueron unos minutos tensos en los que apenas se escuchaban los argumentos del uno solapados tras los del otro. El presentador, por fin, fue escuchado y terció para que atendieran el turno de palabra y acataran los argumentos opuestos con respeto, y no con gritos.
Esta situación se ha vuelto tan común en la sociedad que me asusta; nos hemos acostumbrado a una crispación mantenida, a una manifiesta falta de tolerancia y se han formado bandos que son reflejo de lo que los políticos nos ofrecen cada día. Las elecciones en Extremadura, las más recientes en Aragón y los próximos comicios en Castilla y León sirven de escenario para hacer reproches al rival, nunca para dar la enhorabuena a quien ha ganado y sin una mínima reflexión o crítica por parte de los perdedores. Es un todo contra todos presidido por burlas y ataques al oponente, en lugar del respeto y el acatamiento a las urnas que debería ser la prioridad de todos los políticos.
La sociedad se contagia de esa actitud intolerante, de la falta de valores, del “y tú más”, del “usted no va a darme lecciones” y tantas otras consignas que se repiten una y otra vez por parte de muchos políticos. Desconocen la humildad, porque esas lecciones que todos creen innecesarias, no son tales, cuando la vida es un aprendizaje continuo donde recibir enseñanzas completa a la persona o a la institución, porque nadie está en posesión de la verdad absoluta y hay muchas cosas que aprender, aunque sea del rival o de alguien que, en teoría, parezca que no pueda aportar nada.
Hemos de desterrar definitivamente este clima de constante agresión, aprender de los políticos de la transición que dieron una gran lección a España y al mundo en un país donde se había instalado la intolerancia y el fanatismo y, sin embargo, desde ámbitos políticos completamente diferentes, decidieron apostar por salir adelante todos juntos, con respeto, unidos y con una única pretensión: elaborar una Constitución en la cupieran todos, sin individualismos ni partidismos. Lo lograron, y aquellos hombres -mujeres, por desgracia, no había en aquel momento crucial- siguen siendo hoy referentes para que no olvidemos la gran lección que nos dieron; aunque, por desgracia, haya gente como Patxi López que, con la sonrisa sibilina que le caracteriza, refiriéndose a Felipe González, otro modelo político y presidente socialista que se mantuvo en el poder durante más de trece años, diga que “hace mucho tiempo que no es referencia para los socialistas”.
¡Qué importante es tener memoria! Pero, si los políticos sufren una amnesia, ya sea definitiva o transitoria, ahí está la hemeroteca para refrescarles el recuerdo y para que muchos se sonrojen con sólidos argumentos que dieron un día y al siguiente manifestaron justo los contrarios; aquí el maestro es el presidente Sánchez que es capaz de decir una cosa y su opuesta en cuestión de días o meses, dependiendo de lo que le convenga.
Decía el gran Aristóteles: “gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia”. Pues eso, a aprender de los clásicos, que ellos sí que sabían.





















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