Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 13 de Febrero de 2026
ZAMORANA

Una sociedad desquiciada

Mª Soledad Martín Turiño

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Estaba esperando el autobús y, como el mío hace un recorrido extensísimo, suele tardar mucho más que los otros; así que tuve la oportunidad de escuchar a una pareja –matrimonio, supongo- que empezaron a quejarse de la demora, a lo que enseguida se sumaron otros dos mayores, hombres en esta ocasión, y fueron extrapolando la conversación a la situación actual, a esta sociedad en la que todo está patas arriba: los servicios no funcionan, nos ponen la vida en riesgo, no se cuidan las infraestructuras… luego atacaron al ministro Puente, lo que derivó inevitablemente en embestir contra el presidente Sánchez, y aquí no hubo tregua. Los cuatro se quitaban la palabra porque todos disponían de argumentos poderosos para criticar con una saña feroz el momento político y social que estamos atravesando.

 

Yo, que suelo ser por naturaleza observadora, ya empezaba a sentirme un tanto molesta, no porque no tuvieran razón, sino porque con sus miradas directas querían hacerme partícipe de aquella conversación y, al ignorarles, parece que aún se envalentonaban con mayor ferocidad.

 

El autobús llegó, por fin, cerca de media hora más tarde, y respiré aliviada. Me senté lo más lejos que pude del grupito y ellos continuaron con su retahíla en voz alta con el fin de captar adeptos.

 

Este comportamiento social es mucho más serio de lo que parece, la gente está indignada y protestan sin parar: en el mercado, porque los precios de los alimentos básicos están desorbitados; protestan en la consulta médica, porque el personal es insuficiente y atienden tarde; protestan porque las listas de espera para una intervención o una prueba quirúrgica son demasiado largas; protestan incluso al sacar un entrada para el cine si alguien se ha colado sin querer… Vivimos en una época en que los conflictos políticos han transcendido al día a día de los ciudadanos; se palpa la crispación, el enfado, el hartazgo.

 

La gente está molesta porque no se respetan las instituciones, porque este gobierno hace y deshace como le viene en gana sin contar con el parlamento, ni siquiera con la oposición; estamos indignados porque 46 personas han muerto en un accidente ferroviario que pudo haberse evitado con un adecuado mantenimiento; la gente está preocupada porque, en un país con una gran tasa de paro, problemas de falta de vivienda, salarios bajos y un coste de la vida cada vez más alto, la última salida de este gobierno desnortado es regularizar a medio millón de inmigrantes que no saben dónde les van a meter, ni cómo van a vivir, porque las políticas sanchistas se caracterizan por las prisas y la imprevisión; nos sobresaltan a diario con decisiones a cual más audaces, muchas de ellas auténticos despropósitos, con el fin de contentar a sus socios independentistas y, de paso, mantenerse en el poder. No importan los ciudadanos, ni tampoco las voces críticas de quienes son dignos representantes del Partido Socialista, y que están avergonzados de este presidente que va por libre y contagiando a los ciudadanos de una insatisfacción y un malestar que crece por días.

 

Necesitamos con urgencia un cambio de rumbo; un presidente que no se venda, un gobierno que esté libre de corruptelas y unas políticas que vayan dirigidas a mejorar la vida de la gente. También es importante proyectar una imagen al exterior que ahora está muy dañada por sucesivos escándalos. Hemos de ser un pueblo sin tacha, que participe de las políticas europeas haciendo piña con el resto de compatriotas, no yendo por la puerta de atrás. Hace falta regenerar el sentimiento del pueblo español, darles confianza, hacerles partícipes, a través de los órganos competentes, de decisiones políticas que siempre deben ser consensuadas. Necesitamos saber que todos somos iguales, que se quite la barrera que separa a los ciudadanos de primera de los de segunda; que todas las comunidades autónomas sean conscientes de que forman parte del estado español y ¡fuera concesiones sectarias de independencia!

 

He llegado a mi destino. Antes de bajar del autobús, echo un vistazo al grupito que me ha servido de inspiración para escribir este artículo; ya se han callado, alguno dormita y los otros miran la vida pasar a través de la ventanilla. Mejor así, el recurso del pataleo solo sirve para desahogarse, menos mal que luego llega la resaca.

 

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