SAN VALENTÍN
Amor mas allá del tiempo
Romeo del Duero
Te sigo amando en otros cuerpos femeninos. Huyo de ti besando los labios de otras mujeres, acariciando otra epidermis, bebiendo en otros gineceos. Pero nunca te pierdo de vista. Miro hacia atrás y me sigue tu sombra. Secuestraste mi cerebro para que solo recordara el tono de tu voz, la humedad de tu boca, la geometría de tus delicados senos.
Estás en mí, desde la primera vez que contemplé tu hermoso rostro. Fuiste mi aparición particular. No eras virgen, pero tu mirada me convenció de que bailaba el sol para mí, que la luna me sonreía con sus paletos de plata, que Eolo me besaba en las pestañas, con sus labios de brisa. He querido olvidarte. Pero la memoria no me lo permitió. Me sancionó con la pena de ver tu cara en cada faz femenina, saborear tu saliva en otras lenguas, besar tus cejas en el tejado de tus ojos. No sé pensar si no te pienso. No sé masticar viandas si no escucho tu sonrisa. No sé dormir si no te sueño. Pero vivo muriéndome cuando te hablo y no respondes.
Pronunciaré tu nombre, en silencio, cuando las parcas me inviten a acompañarlas a otra dimensión. Oleré tu perfume cuando ya no sepa respirar. Dejaré en mi cadáver unos labios en forma de beso y una dulce sonrisa, para que sepan que morí amándote. Y si tú sabes leer en mi alma, encontrarás grabado tu nombre en su tronco de espíritu y clorofila.
Romeo del Duero
Te sigo amando en otros cuerpos femeninos. Huyo de ti besando los labios de otras mujeres, acariciando otra epidermis, bebiendo en otros gineceos. Pero nunca te pierdo de vista. Miro hacia atrás y me sigue tu sombra. Secuestraste mi cerebro para que solo recordara el tono de tu voz, la humedad de tu boca, la geometría de tus delicados senos.
Estás en mí, desde la primera vez que contemplé tu hermoso rostro. Fuiste mi aparición particular. No eras virgen, pero tu mirada me convenció de que bailaba el sol para mí, que la luna me sonreía con sus paletos de plata, que Eolo me besaba en las pestañas, con sus labios de brisa. He querido olvidarte. Pero la memoria no me lo permitió. Me sancionó con la pena de ver tu cara en cada faz femenina, saborear tu saliva en otras lenguas, besar tus cejas en el tejado de tus ojos. No sé pensar si no te pienso. No sé masticar viandas si no escucho tu sonrisa. No sé dormir si no te sueño. Pero vivo muriéndome cuando te hablo y no respondes.
Pronunciaré tu nombre, en silencio, cuando las parcas me inviten a acompañarlas a otra dimensión. Oleré tu perfume cuando ya no sepa respirar. Dejaré en mi cadáver unos labios en forma de beso y una dulce sonrisa, para que sepan que morí amándote. Y si tú sabes leer en mi alma, encontrarás grabado tu nombre en su tronco de espíritu y clorofila.


















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