ZAMORANA
Lo que pudo ser y no fue
![[Img #105756]](https://eldiadezamora.es/upload/images/02_2026/6680_3097_sole-1.jpg)
Me hubiera gustado proceder de una familia numerosa, con muchos hermanos yendo y viniendo por una casa grande, sin un átomo de intimidad, compartiendo ropa, cuadernos, libros y apuntes, regañando los unos con los otros, o haciendo bandos entre los hermanos más afines.
Me hubiera gustado que la mesa se llenara de personas en un moderado caos desayunando o comiendo, ayudando todos a la madre en la cocina y haciendo participe también al padre de su inclusión en la vida familiar; sin embargo, eso se quedó en un sueño, como tantos otros, que ahora ya permanecen dormidos, empolvados bajo una gruesa capa de tiempo.
Me hubiera gustado salir corriendo para buscar refugio escondida entre los altos maizales cuando las cosas se complicaban, y no asumir ninguna responsabilidad, pero siempre me he involucrado, intentando sembrar paz donde había discordia y eso, sin querer, lo he mantenido a lo largo del tiempo, aunque a mí no me haya reportado beneficio alguno.
Quisiera haber sido menos responsable, haber corrido más ligera, sin hacer caso a aquellos mayores a quienes nos obligaban a respetar: al saludo de aquellas vecinas sentadas a la puerta que me escrutaban porque no tenían nada mejor que hacer. Yo era entonces una niña y podría haberlo eludido; sin embargo, me resultaba imposible regarme a aquellos ojos curiosos que casi me obligaban al saludo de cortesía cada tarde a la vuelta de la escuela.
Me hubiera gustado no ser interrumpida en las largas tardes de siesta agosteñas en las que disfrutaba de una semipenumbra leyendo las novelas que encontré en el altillo de casa de mis abuelos, y en las que me perdía con la imaginación viviendo las historias de aquellos personajes que me transportaban muy lejos de donde estaba, en aquella época sobria y sin variaciones en que había que someterse al férreo dictado de las normas establecidas, sin margen para los sueños. Solo cuando la familia se desperezaba del descanso y la casa volvía a bullir otra vez interrumpiendo mi silencio, entonces dejaba la novela y salía corriendo lejos de la gente, hacia un lugar que nunca encontré, a muchos lugares donde pretendía gozar con ese aislamiento mientras el sol de verano me ardía en el rostro.
Ahora todo se resume en recuerdos, en inquietudes insatisfechas y en otras que gocé intensamente; en una libertad que nunca creí que pudiera perderse; en sueños de adolescencia que pretendía realizar años después, pero “los sueños, sueños son” y la realidad habría de imponerse con toda su crudeza abriendo una brecha de escenarios diversos donde me costó encontrar acomodo; padeciendo el mal de la nostalgia y siempre con el recuerdo de los días felices de una adolescencia y juventud ya perdidos.
![[Img #105756]](https://eldiadezamora.es/upload/images/02_2026/6680_3097_sole-1.jpg)
Me hubiera gustado proceder de una familia numerosa, con muchos hermanos yendo y viniendo por una casa grande, sin un átomo de intimidad, compartiendo ropa, cuadernos, libros y apuntes, regañando los unos con los otros, o haciendo bandos entre los hermanos más afines.
Me hubiera gustado que la mesa se llenara de personas en un moderado caos desayunando o comiendo, ayudando todos a la madre en la cocina y haciendo participe también al padre de su inclusión en la vida familiar; sin embargo, eso se quedó en un sueño, como tantos otros, que ahora ya permanecen dormidos, empolvados bajo una gruesa capa de tiempo.
Me hubiera gustado salir corriendo para buscar refugio escondida entre los altos maizales cuando las cosas se complicaban, y no asumir ninguna responsabilidad, pero siempre me he involucrado, intentando sembrar paz donde había discordia y eso, sin querer, lo he mantenido a lo largo del tiempo, aunque a mí no me haya reportado beneficio alguno.
Quisiera haber sido menos responsable, haber corrido más ligera, sin hacer caso a aquellos mayores a quienes nos obligaban a respetar: al saludo de aquellas vecinas sentadas a la puerta que me escrutaban porque no tenían nada mejor que hacer. Yo era entonces una niña y podría haberlo eludido; sin embargo, me resultaba imposible regarme a aquellos ojos curiosos que casi me obligaban al saludo de cortesía cada tarde a la vuelta de la escuela.
Me hubiera gustado no ser interrumpida en las largas tardes de siesta agosteñas en las que disfrutaba de una semipenumbra leyendo las novelas que encontré en el altillo de casa de mis abuelos, y en las que me perdía con la imaginación viviendo las historias de aquellos personajes que me transportaban muy lejos de donde estaba, en aquella época sobria y sin variaciones en que había que someterse al férreo dictado de las normas establecidas, sin margen para los sueños. Solo cuando la familia se desperezaba del descanso y la casa volvía a bullir otra vez interrumpiendo mi silencio, entonces dejaba la novela y salía corriendo lejos de la gente, hacia un lugar que nunca encontré, a muchos lugares donde pretendía gozar con ese aislamiento mientras el sol de verano me ardía en el rostro.
Ahora todo se resume en recuerdos, en inquietudes insatisfechas y en otras que gocé intensamente; en una libertad que nunca creí que pudiera perderse; en sueños de adolescencia que pretendía realizar años después, pero “los sueños, sueños son” y la realidad habría de imponerse con toda su crudeza abriendo una brecha de escenarios diversos donde me costó encontrar acomodo; padeciendo el mal de la nostalgia y siempre con el recuerdo de los días felices de una adolescencia y juventud ya perdidos.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.41