Miércoles, 18 de Febrero de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Martes, 17 de Febrero de 2026
ZAMORANA

Un amigo fiel

[Img #105786]Su fiel amigo siempre a su lado, junto a ella, a sus pies o sobre su regazo; el gato Fernán ha sido su confidente y el único testigo de una soledad a la que abocó cuando nadie se hizo cargo de ella, ni sus hijos, ni su pareja; nadie la telefoneaba tampoco cuando dejaron de verla caminar por las calles, supongo que pensarían que seguía enferma o algo peor, que ya no existiría.

 

Fernán llegó a casa al poco de nacer el primer hijo, cuando todavía la vida no le había enseñado su peor cara. Se lo regalaron por ver si se recuperaba de aquella depresión que la tenía sumida en un perenne estado de shock que ni siquiera el recién nacido podía evitar. Nadie sabía entonces de qué se trataba y lo achacaban a algo normal en algunas mujeres tras el parto.

 

Tuvo largas épocas en las que estaba bien; nacieron tres hijos más y ellos, junto con el trabajo y la casa ocupaban todo su tiempo; cuando las cosas parecían ir rodadas, y aparentemente sin motivo alguno que lo justificase, volvió a caer en aquella melancolía extraña, dejó de hablar, perdió el apetito, no tenía motivación ni interés por nadie… La familia estaba tan preocupada que consultaron con médicos, y fueron varios, coincidiendo todos en que padecía una grave depresión que solo podría tratarse si la internaban en un centro y la mantenían con una terapia intensiva.

 

Durante los dos largos meses que estuvo ingresada; la familia se desvivió por ella visitándola a menudo y deseando que volviera a ser la de antes y estar todos juntos, hasta que por fin le dieron el alta. Salía del hospital algo desmejorada, había perdido peso, tenía la mirada perdida y una sonrisa permanente que infundía a todos una cierta tranquilidad. La acogieron con calidez, la mimaron, la hicieron sentir querida, la abrumaban con sus detalles, pero solo con Fernán parecía feliz.

 

La casa pronto se quedó vacía, los hijos se fueron y tiempo después su marido sucumbió a los encantos de una mujer más joven y saludable con la que construyó su otra familia. Ella se quedó sola, aunque siempre se había sentido así. Volcó su amor en Fernán, continuamente descansando sobre su regazo, confidente de los silencios o los monólogos tristes que salían de su boca sin pesar alguno, con una cierta amargura, pero muy lejos de demostrar desesperación o rabia. Su estado era una especie de coma inducido en el que vegetaba más que vivir; aunque ella nunca lo sintiera de ese modo.

 

Contrataron a una mujer para que se ocupara de ella y vivió tranquila, sin ningún sobresalto, porque parecía inmune al dolor; con un amigo fiel e incondicional que le devolvía la alegría cada vez que la miraba con aquellos ojos rasgados: su fiel Fernán, que se había convertido casi en una prolongación de su propia persona, era el único que había conseguido llegar hasta su corazón.  

 

Mª Soledad Martín Turiño

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