Mª Soledad Martín Turiño
Jueves, 19 de Febrero de 2026
ZAMORANA

Romance entre Zamora y el Duero

El Duero, a su paso por Zamora, está siendo noticia en los medios de comunicación. Tras las recientes y variadas borrascas de nombres diversos, este río que, normalmente suele ser comedido, de transcurrir discreto y, por tanto, alejado de las crónicas, considera llegado el momento de que le presten la atención que merece.

 

Zamora, la bella, la románica, la bien cercada, epicentro del protagonismo, se yergue en lo alto y desde su atalaya, los zamoranos y turistas que la visitan, observan al río un momento desde los puentes o los miradores del Troncoso y San Cipriano para absorber la belleza de su cauce, disparar unas cuantas instantáneas y seguir recorriendo la ciudad. Sin embargo, con lo que nadie cuenta es con que el Duero se siente ninguneado por una Zamora que cada vez está más bella, más visitada, que renace y se hermosea como una distinguida damisela, mientras el pobre río sigue su curso en silencio, sin dar que hablar, paciente y resignado; por eso se ha desbordado, ha ignorado sus márgenes, anegando los terrenos adyacentes, ha borrado los senderos, se ha subido a las aceñas, ha anegado la playa… ¡quería hacerse notar y lo ha conseguido!

 

Ahora contemplamos nuestro Duero, el que transita por la ciudad del romancero, con un cierto respeto, porque conocemos la vehemencia de su furia, y lo observamos sin prisa, con orgullo; admirando un caudal imponente y la fuerza brava de sus aguas turbulentas. Ahora sabemos que el romance del río con la ciudad, dos entrañables enamorados desde siempre, pasa por un momento en el que uno de ellos reclama la debida atención y los zamoranos, orgullosos, se la otorgamos de mil amores.

 

No importan los estragos que haya ocasionado con su desbordamiento; las aguas se irán retirando poco a poco y todo volverá a su estado primitivo; arreglarán los deterioros que haya ocasionado y todo acabará siendo una anécdota de la que hablar durante un tiempo, antes de retomar la normalidad de siempre, esa que nos caracteriza y que algunos valoramos tanto.

 

 Mis conocidos se ríen porque cuando hablo del río lo llamo “mi Duero”, con ese sentido de pertenencia que, junto con la ciudad y de forma posesiva, forman parte de mi paisaje actual, el que amo y por el que peleo para que Zamora no siga despoblándose, para que no haya comercios cerrados, y para que salgamos en las noticias, no por un acontecimiento negativo, sino por las muchas y variadas celebraciones que tienen lugar en esta urbe: “Edades del Hombre”, “Fromago”, conciertos, teatros, ferias, espectáculos etc.

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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