ZAMORA
Zamora frente a la siniestralidad vial: el reto inaplazable de salvar vidas
Ángel Blanco llama a la responsabilidad colectiva y fija el horizonte de “cero muertes” en las carreteras de la provincia
El dolor que deja un siniestro vial no se mide solo en cifras. Detrás de cada víctima hay familias rotas, amistades truncadas y también profesionales —sanitarios, bomberos y fuerzas de seguridad— que cargan con el impacto emocional de cada intervención. Así lo expresó Ángel Blanco, subdelegado del Gobierno en Zamora, durante el balance anual de seguridad vial, donde insistió en que el único objetivo aceptable es cero muertes en carretera.
Aunque reconoció que se trata de un ideal difícil de alcanzar, Blanco defendió un cambio de enfoque: hablar de siniestros y no de accidentes. “El siniestro es prevenible, evitable; el azar pesa menos de lo que creemos”, subrayó, apelando a la responsabilidad individual y colectiva.
Los datos de 2025 reflejan una mejora respecto al año anterior, pero continúan siendo alarmantes. En las carreteras de la provincia fallecieron 14 personas, siete menos que en 2024. Sin embargo, cada vida perdida mantiene intacta la gravedad del problema.
La mayoría de los fallecimientos se produjeron en vías convencionales: diez víctimas frente a cuatro en autovías. El tipo de siniestro más letal volvió a ser la salida de vía, un patrón que se repite año tras año y que suele estar relacionado con distracciones, exceso de velocidad o consumo de alcohol y drogas.
Como dato positivo, en 2025 no fallecieron peatones ni ciclistas, aunque sí se registraron víctimas entre motoristas. El grupo de edad más afectado fue el de 55 a 64 años, y de forma llamativa, el día con más fallecimientos fue el martes por la mañana, mientras que el lunes fue el único día sin víctimas mortales.
Uno de los factores diferenciales de la siniestralidad en Zamora es la elevada incidencia de accidentes provocados por animales silvestres. En 2025 se contabilizaron 1.601 siniestros con fauna, lo que supone aproximadamente el 65 % del total de accidentes de la provincia y un incremento del 18 % respecto al año anterior.
La llamada “tríada” —corzo, jabalí y ciervo— concentra la mayor parte de estos sucesos. Las carreteras más afectadas siguen siendo la N-525, la ZA-631, la N-122 y la ZA-912, especialmente en tramos del noroeste provincial. Pese al elevado número de colisiones con animales, solo el 0,32 % de estos siniestros causó daños personales, generalmente leves.
Desde la Guardia Civil y la Jefatura Provincial de Tráfico se insistió en que cualquier fallecido invalida cualquier lectura triunfalista de los datos. En 2025 se redujeron los heridos graves y leves, pero aumentó el número total de accidentes, en gran parte por la fauna.
Los responsables de Tráfico alertaron también del papel de las distracciones al volante, especialmente por el uso del móvil y otros dispositivos, así como del aumento de denuncias por circular sin cinturón, sin casco, sin ITV o sin seguro. Durante el año se realizaron 72.000 pruebas de alcohol y 2.500 de drogas, además de unas 17.000 denuncias.
A ello se suma el deterioro del firme tras un invierno especialmente duro, con nevadas persistentes, uso intensivo de sal y maquinaria quitanieves, y un elevado tráfico pesado. Aunque las labores de conservación han sido constantes, las autoridades reconocen que no han sido suficientes y reclaman obras de emergencia para garantizar la seguridad vial.
En el cierre del balance, los responsables institucionales coincidieron en que el objetivo de cero fallecidos debe entenderse como un faro: quizá inalcanzable a corto plazo, pero imprescindible para orientar todas las políticas públicas, desde la vigilancia y la educación vial hasta el mantenimiento de las carreteras y el control de la fauna.
“Las cifras son frías, pero detrás hay personas”, recordó Ángel Blanco. Y con ese mensaje apeló a la implicación de toda la sociedad para evitar que la estadística vuelva a traducirse en tragedias.
El dolor que deja un siniestro vial no se mide solo en cifras. Detrás de cada víctima hay familias rotas, amistades truncadas y también profesionales —sanitarios, bomberos y fuerzas de seguridad— que cargan con el impacto emocional de cada intervención. Así lo expresó Ángel Blanco, subdelegado del Gobierno en Zamora, durante el balance anual de seguridad vial, donde insistió en que el único objetivo aceptable es cero muertes en carretera.
Aunque reconoció que se trata de un ideal difícil de alcanzar, Blanco defendió un cambio de enfoque: hablar de siniestros y no de accidentes. “El siniestro es prevenible, evitable; el azar pesa menos de lo que creemos”, subrayó, apelando a la responsabilidad individual y colectiva.
Los datos de 2025 reflejan una mejora respecto al año anterior, pero continúan siendo alarmantes. En las carreteras de la provincia fallecieron 14 personas, siete menos que en 2024. Sin embargo, cada vida perdida mantiene intacta la gravedad del problema.
La mayoría de los fallecimientos se produjeron en vías convencionales: diez víctimas frente a cuatro en autovías. El tipo de siniestro más letal volvió a ser la salida de vía, un patrón que se repite año tras año y que suele estar relacionado con distracciones, exceso de velocidad o consumo de alcohol y drogas.
Como dato positivo, en 2025 no fallecieron peatones ni ciclistas, aunque sí se registraron víctimas entre motoristas. El grupo de edad más afectado fue el de 55 a 64 años, y de forma llamativa, el día con más fallecimientos fue el martes por la mañana, mientras que el lunes fue el único día sin víctimas mortales.
Uno de los factores diferenciales de la siniestralidad en Zamora es la elevada incidencia de accidentes provocados por animales silvestres. En 2025 se contabilizaron 1.601 siniestros con fauna, lo que supone aproximadamente el 65 % del total de accidentes de la provincia y un incremento del 18 % respecto al año anterior.
La llamada “tríada” —corzo, jabalí y ciervo— concentra la mayor parte de estos sucesos. Las carreteras más afectadas siguen siendo la N-525, la ZA-631, la N-122 y la ZA-912, especialmente en tramos del noroeste provincial. Pese al elevado número de colisiones con animales, solo el 0,32 % de estos siniestros causó daños personales, generalmente leves.
Desde la Guardia Civil y la Jefatura Provincial de Tráfico se insistió en que cualquier fallecido invalida cualquier lectura triunfalista de los datos. En 2025 se redujeron los heridos graves y leves, pero aumentó el número total de accidentes, en gran parte por la fauna.
Los responsables de Tráfico alertaron también del papel de las distracciones al volante, especialmente por el uso del móvil y otros dispositivos, así como del aumento de denuncias por circular sin cinturón, sin casco, sin ITV o sin seguro. Durante el año se realizaron 72.000 pruebas de alcohol y 2.500 de drogas, además de unas 17.000 denuncias.
A ello se suma el deterioro del firme tras un invierno especialmente duro, con nevadas persistentes, uso intensivo de sal y maquinaria quitanieves, y un elevado tráfico pesado. Aunque las labores de conservación han sido constantes, las autoridades reconocen que no han sido suficientes y reclaman obras de emergencia para garantizar la seguridad vial.
En el cierre del balance, los responsables institucionales coincidieron en que el objetivo de cero fallecidos debe entenderse como un faro: quizá inalcanzable a corto plazo, pero imprescindible para orientar todas las políticas públicas, desde la vigilancia y la educación vial hasta el mantenimiento de las carreteras y el control de la fauna.
“Las cifras son frías, pero detrás hay personas”, recordó Ángel Blanco. Y con ese mensaje apeló a la implicación de toda la sociedad para evitar que la estadística vuelva a traducirse en tragedias.





















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