ZAMORANA
Un día oscuro
Mª Soledad Martín Turiño
Hoy ha amanecido un día gris y oscuro proclive a la nostalgia, al recuerdo y a la añoranza, una jornada lluviosa por el agua que ha caído durante toda la noche y continúa regando las calles. Duele la cabeza, y ese dolor me trae recuerdos mezclados de personas que ya no están, ausencias importantes, la sensación de vacío que a veces nos domina sin saber por qué, y un terrible sentimiento de soledad cercana a la muerte. No es difícil pensar en ella porque parece que el tiempo se acabara, como si esta oscuridad impuesta fuera el preludio del final.
En estos días siempre recuerdo a mi viejo pueblo; me reconforta pensar en sus tierras planas, en esa llanura incapaz de absorber un solo rayo de sol, en el rio que avanza despacio sorteando los juncos que se empeñan en cerrarle el paso, en la vieja iglesia, cuya torre es como el antiguo hidalgo, aquellos caballeros de antaño que se mantenían erguidos, conservando una gallardía, a veces impostada, a pesar de su apariencia añeja, sus achaques o su propia vejez. Y pienso en mi gente, en los que se fueron y ya no son; en los que están, pero no veo ni disfruto de su compañía; en quienes permanecen a mi lado, pero no me acompañan en la vida; en los amigos, las traiciones, la lealtad y el amor; y así, buceando en todos estos recuerdos, han ido avanzando las horas; ya solo deseo que llegue cuanto antes la noche para cerrar los ojos y poder olvidar este aciago día.
Hoy ha amanecido un día gris y oscuro proclive a la nostalgia, al recuerdo y a la añoranza, una jornada lluviosa por el agua que ha caído durante toda la noche y continúa regando las calles. Duele la cabeza, y ese dolor me trae recuerdos mezclados de personas que ya no están, ausencias importantes, la sensación de vacío que a veces nos domina sin saber por qué, y un terrible sentimiento de soledad cercana a la muerte. No es difícil pensar en ella porque parece que el tiempo se acabara, como si esta oscuridad impuesta fuera el preludio del final.
En estos días siempre recuerdo a mi viejo pueblo; me reconforta pensar en sus tierras planas, en esa llanura incapaz de absorber un solo rayo de sol, en el rio que avanza despacio sorteando los juncos que se empeñan en cerrarle el paso, en la vieja iglesia, cuya torre es como el antiguo hidalgo, aquellos caballeros de antaño que se mantenían erguidos, conservando una gallardía, a veces impostada, a pesar de su apariencia añeja, sus achaques o su propia vejez. Y pienso en mi gente, en los que se fueron y ya no son; en los que están, pero no veo ni disfruto de su compañía; en quienes permanecen a mi lado, pero no me acompañan en la vida; en los amigos, las traiciones, la lealtad y el amor; y así, buceando en todos estos recuerdos, han ido avanzando las horas; ya solo deseo que llegue cuanto antes la noche para cerrar los ojos y poder olvidar este aciago día.





















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