EL BECARIO TARDÍo
Cómplices de los políticos
Esteban Pedrosa
Tengo una cámara de fotos que, a simple vista, parece analógica y hay gente que me para por la calle para felicitarme por seguir con ese tipo de fotografía -la de carrete, revelado…- y hasta ponen cara de disgusto cuando les digo que no, que es una cámara digital con apariencia de antigua.
Deshecho el entuerto, ello sirve para entablar conversación y, cuando el interlocutor es de fuera, mayormente para que me regalen los oídos sobre la ciudad en la que vivo. Lo que pasa es que después viene la regañina:
-Pero, ¿cómo es posible que esta ciudad, tan hermosa, sea una desconocida? -me reprochan.
Yo tengo mis teorías, que no me importa compartir. Por eso, mi primer paso es hacia los políticos, sobremanera los que tienen que defendernos lejos de nuestros lares, donde se cocinan los grandes platos de Estado, aquellos que nos pueden poner en la mesa del desarrollo o no sirvamos ni como postre ni como un plato del día.
Ya en Madrid, se dedican a buscarse la vida para ellos mismos, antónimos de un propósito para el que fueron elegidos e inclinar su cerviz ante el jefe de turno es todo su mérito para seguir en política.
Se han visto muchos casos y se podrán ver más en breve, a punto de empezar la campaña autonómica para las elecciones en Castilla y León, por lo que no solo hablamos de Madrid. Se verán líderes autonómicos que serán apartados desde Madrid a la hora de negociar con otros partidos medidas para su comunidad a la que se presentaron como cabezas de serie y otra vez la posición genuflexa será su única respuesta para seguir en el cargo.
Lo que pasa -y aquí viene la segunda parte- es que salen o no salen elegidos gracias a los votos y los votos siguen siendo para los mismos -salvo excepciones-, los mismos que inclinan su cerviz ante su jefe político y siguen siendo votados una y otra vez y ahí el elector ya es cómplice, aunque joda leerlo.
Tengo una cámara de fotos que, a simple vista, parece analógica y hay gente que me para por la calle para felicitarme por seguir con ese tipo de fotografía -la de carrete, revelado…- y hasta ponen cara de disgusto cuando les digo que no, que es una cámara digital con apariencia de antigua.
Deshecho el entuerto, ello sirve para entablar conversación y, cuando el interlocutor es de fuera, mayormente para que me regalen los oídos sobre la ciudad en la que vivo. Lo que pasa es que después viene la regañina:
-Pero, ¿cómo es posible que esta ciudad, tan hermosa, sea una desconocida? -me reprochan.
Yo tengo mis teorías, que no me importa compartir. Por eso, mi primer paso es hacia los políticos, sobremanera los que tienen que defendernos lejos de nuestros lares, donde se cocinan los grandes platos de Estado, aquellos que nos pueden poner en la mesa del desarrollo o no sirvamos ni como postre ni como un plato del día.
Ya en Madrid, se dedican a buscarse la vida para ellos mismos, antónimos de un propósito para el que fueron elegidos e inclinar su cerviz ante el jefe de turno es todo su mérito para seguir en política.
Se han visto muchos casos y se podrán ver más en breve, a punto de empezar la campaña autonómica para las elecciones en Castilla y León, por lo que no solo hablamos de Madrid. Se verán líderes autonómicos que serán apartados desde Madrid a la hora de negociar con otros partidos medidas para su comunidad a la que se presentaron como cabezas de serie y otra vez la posición genuflexa será su única respuesta para seguir en el cargo.
Lo que pasa -y aquí viene la segunda parte- es que salen o no salen elegidos gracias a los votos y los votos siguen siendo para los mismos -salvo excepciones-, los mismos que inclinan su cerviz ante su jefe político y siguen siendo votados una y otra vez y ahí el elector ya es cómplice, aunque joda leerlo.





















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