ZAMORANA
Disquisiciones de andar por casa
Se atribuye a García Márquez una de las frases más hermosas que he escuchado, que reza: “recordar es fácil para quien tiene memoria, olvidar es difícil para quien tiene corazón”. Este pensamiento, que no tiene necesariamente que ver con el amor, con la culpa, ni con cualquier otra manifestación concreta a la que se quiera aludir, siendo válida –no obstante- para muchas situaciones de la vida es, sin embargo, un recordatorio que merece la pena no olvidar.
¡Cuántas veces criticamos lo mismo a lo que sucumbimos en el pasado, como si tales actos nunca hubiesen ocurrido! La memoria es selectiva y es más fácil reprender actos ajenos que convivir con los propios, tal vez porque haya en ellos algo de qué avergonzarse y por eso los eliminamos de un plumazo; porque ya se sabe que: “lo que no se ve, no existe”
Otras veces, es la memoria la que dirige nuestros actos y sucumbimos a su encanto oscuro porque nos lleva a sufrir daños de un pasado que dejamos huir sin retenerlo, aunque luego padezcamos las consecuencias de aquel abandono irreversible. El corazón se marchita entre cuestiones como: ¿por qué no hice…?,¿por qué le dejé marchar?, ¿por qué no peleé para conseguir aquel puesto de trabajo que me correspondía? Ese algo que pudimos hacer y eludimos, por diferentes causas, luego ha tenido consecuencias y no logramos olvidar, porque el corazón se hizo tales jirones que, pese a cicatrizar, siempre permanecerán las costuras para recordarnos el error cometido.
Jugando con los términos recuerdo y olvido, dos procesos que se complementan, me han hecho pensar en el oxímoron: “el recuerdo del olvido” e inmediatamente me han traído a la mente un maravilloso libro con el mismo título, escrito por Karen Peralta donde se profundiza en las relaciones personales, en la amistad y en la necesidad de unirse ante momentos trágicos para salir juntos de una situación. Se trata de un libro ameno, que nos reconcilia con la vida, con el cumplimiento de una última voluntad y, a través de ese pretexto, profundiza en las relaciones humanas, donde la presencia de estos dos conceptos: recuerdo y olvido está muy presente.
El ser humano tiende a ser condescendiente con estas dos nociones; cuando pasan los años, solemos ser benevolentes con el recuerdo, lo magnificamos y envolvemos con indulgencia conservando tan solo su mejor aspecto. Otro tanto sucede cuando, aunque sea de manera inconsciente, participamos activamente en el olvido de algunos hechos, sobre todo los de naturaleza traumática o perturbadora. En ambos casos, intentamos evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener, porque, ante todo, perseguimos una estabilidad emocional que nos depare el menor sufrimiento posible.
Mª Soledad Martín Turiño
Se atribuye a García Márquez una de las frases más hermosas que he escuchado, que reza: “recordar es fácil para quien tiene memoria, olvidar es difícil para quien tiene corazón”. Este pensamiento, que no tiene necesariamente que ver con el amor, con la culpa, ni con cualquier otra manifestación concreta a la que se quiera aludir, siendo válida –no obstante- para muchas situaciones de la vida es, sin embargo, un recordatorio que merece la pena no olvidar.
¡Cuántas veces criticamos lo mismo a lo que sucumbimos en el pasado, como si tales actos nunca hubiesen ocurrido! La memoria es selectiva y es más fácil reprender actos ajenos que convivir con los propios, tal vez porque haya en ellos algo de qué avergonzarse y por eso los eliminamos de un plumazo; porque ya se sabe que: “lo que no se ve, no existe”
Otras veces, es la memoria la que dirige nuestros actos y sucumbimos a su encanto oscuro porque nos lleva a sufrir daños de un pasado que dejamos huir sin retenerlo, aunque luego padezcamos las consecuencias de aquel abandono irreversible. El corazón se marchita entre cuestiones como: ¿por qué no hice…?,¿por qué le dejé marchar?, ¿por qué no peleé para conseguir aquel puesto de trabajo que me correspondía? Ese algo que pudimos hacer y eludimos, por diferentes causas, luego ha tenido consecuencias y no logramos olvidar, porque el corazón se hizo tales jirones que, pese a cicatrizar, siempre permanecerán las costuras para recordarnos el error cometido.
Jugando con los términos recuerdo y olvido, dos procesos que se complementan, me han hecho pensar en el oxímoron: “el recuerdo del olvido” e inmediatamente me han traído a la mente un maravilloso libro con el mismo título, escrito por Karen Peralta donde se profundiza en las relaciones personales, en la amistad y en la necesidad de unirse ante momentos trágicos para salir juntos de una situación. Se trata de un libro ameno, que nos reconcilia con la vida, con el cumplimiento de una última voluntad y, a través de ese pretexto, profundiza en las relaciones humanas, donde la presencia de estos dos conceptos: recuerdo y olvido está muy presente.
El ser humano tiende a ser condescendiente con estas dos nociones; cuando pasan los años, solemos ser benevolentes con el recuerdo, lo magnificamos y envolvemos con indulgencia conservando tan solo su mejor aspecto. Otro tanto sucede cuando, aunque sea de manera inconsciente, participamos activamente en el olvido de algunos hechos, sobre todo los de naturaleza traumática o perturbadora. En ambos casos, intentamos evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener, porque, ante todo, perseguimos una estabilidad emocional que nos depare el menor sufrimiento posible.
Mª Soledad Martín Turiño

















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