VISIONES LÍRICAS
Alma de ave: un cormorán en el Duero
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Qué hace un cormorán en Zamora? ¿Qué hago yo en la vida? ¿Qué hago yo por vivir? ¿Qué soy yo para Zamora? ¿Acaso soy un cormorán con cuerpo de hombre?
Se me está comiendo el tiempo. Cada día me mastica un trozo de cerebro. No sé quién soy. Sé lo que no soy. Cuando paseo por el río, me imagino que soy un cormorán. Él busca peces, carpas o barbos, para vivir. No sabe por qué. Come por instinto. Yo busco amar. Nunca por instinto. Lo necesito para existir. Si no amo, no existo. El cormorán, si no pesca, no vuela, y si no corta el aire con su alma oscura, se siente nada, agua seca, oxímoron de una vida que carece de sentido.
El cormorán ignora que vive. Tampoco sabe, pues, que morirá. Esta ave zamorana es analfabeta. No sabe leer. Y si no lee, no me conoce. El cormorán tiene alas, pero prefiere el pez al insecto. No le importan las espinas. Yo no tengo alas, pero vuelo cuando la veo. Y quiero devorarla, porque su alma es grande y su cuerpo, una sirena.
Ese cormorán, mientras contemplaba al río de su vida enojado, escribió un poema sobre el agua turbia del Duero, con unos últimos versos: La belleza solo la encuentra quién la busca, bien en la lágrima de una mujer, ya en la gota de agua que se quedó a esperar al sol en el haz de la hoja de un chopo ribereño.
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Qué hace un cormorán en Zamora? ¿Qué hago yo en la vida? ¿Qué hago yo por vivir? ¿Qué soy yo para Zamora? ¿Acaso soy un cormorán con cuerpo de hombre?
Se me está comiendo el tiempo. Cada día me mastica un trozo de cerebro. No sé quién soy. Sé lo que no soy. Cuando paseo por el río, me imagino que soy un cormorán. Él busca peces, carpas o barbos, para vivir. No sabe por qué. Come por instinto. Yo busco amar. Nunca por instinto. Lo necesito para existir. Si no amo, no existo. El cormorán, si no pesca, no vuela, y si no corta el aire con su alma oscura, se siente nada, agua seca, oxímoron de una vida que carece de sentido.
El cormorán ignora que vive. Tampoco sabe, pues, que morirá. Esta ave zamorana es analfabeta. No sabe leer. Y si no lee, no me conoce. El cormorán tiene alas, pero prefiere el pez al insecto. No le importan las espinas. Yo no tengo alas, pero vuelo cuando la veo. Y quiero devorarla, porque su alma es grande y su cuerpo, una sirena.
Ese cormorán, mientras contemplaba al río de su vida enojado, escribió un poema sobre el agua turbia del Duero, con unos últimos versos: La belleza solo la encuentra quién la busca, bien en la lágrima de una mujer, ya en la gota de agua que se quedó a esperar al sol en el haz de la hoja de un chopo ribereño.



















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