8 M
8M en Zamora: voces contra la violencia y por la igualdad real
Testimonios y reivindicaciones en el Día Internacional de la Mujer reclaman justicia, protección efectiva y reconocimiento del papel de la mujer rural
![[Img #106435]](https://eldiadezamora.es/upload/images/03_2026/8695_dsc_0558.jpg)
Cada 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, numerosas concentraciones y actos públicos recuerdan que la igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo un objetivo en construcción. En una convocatoria celebrada en Zamora, distintas voces pusieron el foco en la violencia contra las mujeres, la necesidad de políticas eficaces de protección y el reconocimiento del papel femenino en el medio rural.
Uno de los mensajes centrales del acto fue la frustración ante la persistencia de los asesinatos machistas y la percepción de que las respuestas institucionales continúan siendo insuficientes. En la intervención inicial se expresó que, un año más, la conmemoración del 8 de marzo llega marcada por la tragedia. El inicio del año, especialmente el mes de enero, fue descrito como especialmente duro debido a los casos de violencia contra mujeres.
Desde esta perspectiva se reclamó la necesidad de políticas públicas reales y eficaces que no se limiten a gestos simbólicos. El mensaje subrayó el cansancio social ante los minutos de silencio posteriores a cada crimen y la urgencia de actuar en el ámbito de la prevención, con medidas que impidan que estas situaciones se produzcan. La reivindicación principal fue clara: más protección efectiva y un compromiso institucional que logre poner fin a la violencia de género.
El acto incluyó también el testimonio de Andrea, una mujer que relató en primera persona las consecuencias de haber sufrido violencia. Su intervención puso el foco en una demanda recurrente entre víctimas y organizaciones: que las restricciones no recaigan sobre las mujeres, sino sobre los agresores.
En su relato se destacó la sensación de que, en muchas ocasiones, las víctimas terminan viendo limitada su vida cotidiana. La necesidad de ocultarse, de vivir con miedo o de ser trasladadas a casas de acogida refleja, según su testimonio, una realidad que altera profundamente la vida personal y social de quienes sufren agresiones.
Andrea también mencionó las dificultades emocionales y prácticas derivadas de los mecanismos de protección, como los dispositivos de seguridad. Aunque están diseñados para proteger, pueden convertirse en recordatorios constantes de la violencia sufrida y alterar la rutina diaria de las víctimas.
Uno de los puntos más contundentes de su intervención fue la crítica a la lentitud judicial. Según su experiencia, una justicia que tarda en llegar puede convertirse en una forma indirecta de favorecer al agresor. La demanda planteada fue clara: que el sistema judicial actúe con mayor rapidez y que las instituciones se sitúen con firmeza del lado de las víctimas.
A pesar de las dificultades, el testimonio también incluyó un reconocimiento a los profesionales que trabajan en la protección de mujeres víctimas de violencia. Se destacó el apoyo recibido por parte de agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, así como de unidades especializadas formadas por mujeres dedicadas a la atención y protección de víctimas. Según explicó, ese acompañamiento ha sido fundamental para intentar salir de una situación descrita como un “bucle” del que resulta muy difícil escapar.
La intervención concluyó con un llamamiento a que ninguna mujer permanezca en silencio ante las primeras señales de violencia. Se animó a denunciar comportamientos agresivos o intimidatorios desde el primer momento y a buscar apoyo, recordando que existen profesionales y recursos dispuestos a ayudar.
Tras el testimonio, la convocatoria continuó con una intervención institucional centrada en el significado del feminismo como movimiento por la igualdad. Durante el acto se insistió en que el feminismo no busca situar a las mujeres por encima de los hombres, sino garantizar los mismos derechos y oportunidades.
Se recordó que muchos derechos se han conquistado a lo largo de décadas de lucha, pero también que todavía queda un largo camino para que la igualdad sea plenamente real. El mensaje principal fue que la igualdad debe materializarse en políticas concretas y no quedarse únicamente en declaraciones simbólicas.
Otro de los ejes del discurso fue el papel de las mujeres en el medio rural. En una provincia como Zamora, donde gran parte de la población vive en entornos rurales, se reivindicó la importancia de las mujeres como transmisoras de cultura, trabajo y valores sociales.
Finalmente, también se alertó sobre los riesgos de retroceso en materia de derechos. Desde la organización del acto se señaló que determinados sectores políticos cuestionan avances logrados en igualdad y justicia social, lo que refuerza la necesidad de mantener viva la movilización social.
La jornada concluyó con un mensaje compartido por todas las intervenciones: el 8M no es solo una conmemoración, sino una llamada a seguir trabajando por una sociedad en la que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad plena. Y el concierto de la Plaza Mayor del grupo femenino y feminista las Titis.
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Cada 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, numerosas concentraciones y actos públicos recuerdan que la igualdad entre hombres y mujeres sigue siendo un objetivo en construcción. En una convocatoria celebrada en Zamora, distintas voces pusieron el foco en la violencia contra las mujeres, la necesidad de políticas eficaces de protección y el reconocimiento del papel femenino en el medio rural.
Uno de los mensajes centrales del acto fue la frustración ante la persistencia de los asesinatos machistas y la percepción de que las respuestas institucionales continúan siendo insuficientes. En la intervención inicial se expresó que, un año más, la conmemoración del 8 de marzo llega marcada por la tragedia. El inicio del año, especialmente el mes de enero, fue descrito como especialmente duro debido a los casos de violencia contra mujeres.
Desde esta perspectiva se reclamó la necesidad de políticas públicas reales y eficaces que no se limiten a gestos simbólicos. El mensaje subrayó el cansancio social ante los minutos de silencio posteriores a cada crimen y la urgencia de actuar en el ámbito de la prevención, con medidas que impidan que estas situaciones se produzcan. La reivindicación principal fue clara: más protección efectiva y un compromiso institucional que logre poner fin a la violencia de género.
El acto incluyó también el testimonio de Andrea, una mujer que relató en primera persona las consecuencias de haber sufrido violencia. Su intervención puso el foco en una demanda recurrente entre víctimas y organizaciones: que las restricciones no recaigan sobre las mujeres, sino sobre los agresores.
En su relato se destacó la sensación de que, en muchas ocasiones, las víctimas terminan viendo limitada su vida cotidiana. La necesidad de ocultarse, de vivir con miedo o de ser trasladadas a casas de acogida refleja, según su testimonio, una realidad que altera profundamente la vida personal y social de quienes sufren agresiones.
Andrea también mencionó las dificultades emocionales y prácticas derivadas de los mecanismos de protección, como los dispositivos de seguridad. Aunque están diseñados para proteger, pueden convertirse en recordatorios constantes de la violencia sufrida y alterar la rutina diaria de las víctimas.
Uno de los puntos más contundentes de su intervención fue la crítica a la lentitud judicial. Según su experiencia, una justicia que tarda en llegar puede convertirse en una forma indirecta de favorecer al agresor. La demanda planteada fue clara: que el sistema judicial actúe con mayor rapidez y que las instituciones se sitúen con firmeza del lado de las víctimas.
A pesar de las dificultades, el testimonio también incluyó un reconocimiento a los profesionales que trabajan en la protección de mujeres víctimas de violencia. Se destacó el apoyo recibido por parte de agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, así como de unidades especializadas formadas por mujeres dedicadas a la atención y protección de víctimas. Según explicó, ese acompañamiento ha sido fundamental para intentar salir de una situación descrita como un “bucle” del que resulta muy difícil escapar.
La intervención concluyó con un llamamiento a que ninguna mujer permanezca en silencio ante las primeras señales de violencia. Se animó a denunciar comportamientos agresivos o intimidatorios desde el primer momento y a buscar apoyo, recordando que existen profesionales y recursos dispuestos a ayudar.
Tras el testimonio, la convocatoria continuó con una intervención institucional centrada en el significado del feminismo como movimiento por la igualdad. Durante el acto se insistió en que el feminismo no busca situar a las mujeres por encima de los hombres, sino garantizar los mismos derechos y oportunidades.
Se recordó que muchos derechos se han conquistado a lo largo de décadas de lucha, pero también que todavía queda un largo camino para que la igualdad sea plenamente real. El mensaje principal fue que la igualdad debe materializarse en políticas concretas y no quedarse únicamente en declaraciones simbólicas.
Otro de los ejes del discurso fue el papel de las mujeres en el medio rural. En una provincia como Zamora, donde gran parte de la población vive en entornos rurales, se reivindicó la importancia de las mujeres como transmisoras de cultura, trabajo y valores sociales.
Finalmente, también se alertó sobre los riesgos de retroceso en materia de derechos. Desde la organización del acto se señaló que determinados sectores políticos cuestionan avances logrados en igualdad y justicia social, lo que refuerza la necesidad de mantener viva la movilización social.
La jornada concluyó con un mensaje compartido por todas las intervenciones: el 8M no es solo una conmemoración, sino una llamada a seguir trabajando por una sociedad en la que la igualdad entre mujeres y hombres sea una realidad plena. Y el concierto de la Plaza Mayor del grupo femenino y feminista las Titis.




















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