PASIÓN POR ZAMORA
Zamora quiere que la quieran
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora se pone bonita, porque desea seducir a los zamoranos, que tanto poco cariño le muestran. Ella, que es una ancianita coqueta, no sabe qué hacer para gustar a su gente. Le ha pedido al río Duero, su razón de ser, su padre putativo, que le adorne el talle, que cubra su cintura, con su cinturón de agua. Así la miraremos más, la tendremos en cuenta, no la haremos de menos. Porque a nuestra Zamora le han hecho tanto daño los políticos, incluso los nacidos en su seno, como los zamoranos, que jamás lucharon por ella, porque la despreciaron, al considerarla una ciudad tediosa, tanto que los jóvenes se iban cuando concluían carrera para ganarse la vida lejos de sus murallas.
Los zamoranos podríamos haber creado una ciudad preciosa con la materia prima que le donó la naturaleza. Pero el conformismo, ese pasotismo pusilánime, evitó que creciese y contribuyó a su envejecimiento prematuro, a su inacción económica, a su despoblación. Los zamoranos nunca nos preguntamos qué podíamos hacer por nuestra ciudad, esencial en el medioevo para formar la España actual. Zamora fue protagonista de una historia que el vate de Stratford-upon-Avon la habría transformado en una gran tragedia, un Hamlet, un Macbeth, un rey Lear o un Ricardo III. Las autoridades municipales no han sabido extraer los acontecimientos de 1072 para atraer turismo cultural.
Zamora nos lo ha dado todo. Pero nosotros no supimos apreciarlo jamás. Nos cruzamos de brazos y seguimos votando a los que nos quisieron borrar del mapa de España, a los que nos han robado el futuro para empujarnos a vivir en el pasado, a sentir que existimos merced a nuestras tradiciones religiosas. Me temo que esta ciudad y su provincia son ya la reserva espiritual de occidente.
Y Zamora, mientras, buscará a un trovador que cante su belleza para que las arrugas del tiempo desaparezcan y luzca más hermosa que nunca y la seduzca.
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora se pone bonita, porque desea seducir a los zamoranos, que tanto poco cariño le muestran. Ella, que es una ancianita coqueta, no sabe qué hacer para gustar a su gente. Le ha pedido al río Duero, su razón de ser, su padre putativo, que le adorne el talle, que cubra su cintura, con su cinturón de agua. Así la miraremos más, la tendremos en cuenta, no la haremos de menos. Porque a nuestra Zamora le han hecho tanto daño los políticos, incluso los nacidos en su seno, como los zamoranos, que jamás lucharon por ella, porque la despreciaron, al considerarla una ciudad tediosa, tanto que los jóvenes se iban cuando concluían carrera para ganarse la vida lejos de sus murallas.
Los zamoranos podríamos haber creado una ciudad preciosa con la materia prima que le donó la naturaleza. Pero el conformismo, ese pasotismo pusilánime, evitó que creciese y contribuyó a su envejecimiento prematuro, a su inacción económica, a su despoblación. Los zamoranos nunca nos preguntamos qué podíamos hacer por nuestra ciudad, esencial en el medioevo para formar la España actual. Zamora fue protagonista de una historia que el vate de Stratford-upon-Avon la habría transformado en una gran tragedia, un Hamlet, un Macbeth, un rey Lear o un Ricardo III. Las autoridades municipales no han sabido extraer los acontecimientos de 1072 para atraer turismo cultural.
Zamora nos lo ha dado todo. Pero nosotros no supimos apreciarlo jamás. Nos cruzamos de brazos y seguimos votando a los que nos quisieron borrar del mapa de España, a los que nos han robado el futuro para empujarnos a vivir en el pasado, a sentir que existimos merced a nuestras tradiciones religiosas. Me temo que esta ciudad y su provincia son ya la reserva espiritual de occidente.
Y Zamora, mientras, buscará a un trovador que cante su belleza para que las arrugas del tiempo desaparezcan y luzca más hermosa que nunca y la seduzca.

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.46