ZAMORANA
Alguien especial
Mª Soledad Martín Turiño
![[Img #106617]](https://eldiadezamora.es/upload/images/03_2026/2225_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Tuve la fortuna de conocer hace años a una persona especial, de esas que llenan la vida de esperanza, que son capaces de reconfortar con sus palabras o con su mirada, en un rostro que se iluminaba, además, con una permanente sonrisa.
Desde que la conocí noté algo especial, no era como las demás, tenía un aura que transmitía paz. Con el tiempo supe que había llevado una vida desdichada, con muchos problemas; que se vio sola, sin familia ni amigos; que tuvo que romper moldes en una sociedad todavía pacata que se daba golpes de pecho; que empezó desde cero buscando trabajo y acomodo para garantizarse un futuro en aquella época en la que no era fácil para una mujer vivir por su cuenta; sin embargo, su fuerza de voluntad, el afán de superación y su lucha constante lograron que consiguiera casa y trabajo.
Cuando la vida parecía sonreírle, entonces llegaron los problemas de salud: un cáncer de mama, otro de tiroides, una operación de urgencia por una obstrucción intestinal que estuvo a punto de acabar con ella…, pero ni los tratamientos agresivos, ni el dolor, minaron su afán por seguir adelante.
En el trabajo conseguimos formar un grupo de cinco personas y ella siempre estaba ahí apoyando un proyecto o ayudando en algún problema; yo la llamaba la maestra, porque empezó a trabajar con madera y nos enseñaba a hacer cajas, a pulir y a embellecer muebles viejos. Luego hizo lo propio con el cristal: aprendimos, de su mano a convertir frascos y botellas en pequeñas obras de arte con imaginación y empeño; después enfilamos collares con abalorios, luego hicimos broches con fieltro… fue, en fin, una época creativa bajo su pauta que todas seguimos.
Con el tiempo llegó la jubilación y nos dispersamos; ahora nos vemos tan solo un par de veces al año, aunque seguimos en contacto telefónico todos los días. Aquel grupo, no solo tuvo importancia entonces; sé que, pese a la distancia, siempre habrá entre nosotras un nexo de unión especial y único; todas aprendimos, compartimos experiencias, nos apoyamos cuando llegaba la adversidad y fuimos mucho más fuertes.
Intento emular aquella serenidad que nos transmitía mi particular “maestra”, recuerdo la luz que nos proyectaba y nunca olvidaré tanto como recibí de su ejemplo.
![[Img #106617]](https://eldiadezamora.es/upload/images/03_2026/2225_5847_6329_687_sole-1.jpg)
Tuve la fortuna de conocer hace años a una persona especial, de esas que llenan la vida de esperanza, que son capaces de reconfortar con sus palabras o con su mirada, en un rostro que se iluminaba, además, con una permanente sonrisa.
Desde que la conocí noté algo especial, no era como las demás, tenía un aura que transmitía paz. Con el tiempo supe que había llevado una vida desdichada, con muchos problemas; que se vio sola, sin familia ni amigos; que tuvo que romper moldes en una sociedad todavía pacata que se daba golpes de pecho; que empezó desde cero buscando trabajo y acomodo para garantizarse un futuro en aquella época en la que no era fácil para una mujer vivir por su cuenta; sin embargo, su fuerza de voluntad, el afán de superación y su lucha constante lograron que consiguiera casa y trabajo.
Cuando la vida parecía sonreírle, entonces llegaron los problemas de salud: un cáncer de mama, otro de tiroides, una operación de urgencia por una obstrucción intestinal que estuvo a punto de acabar con ella…, pero ni los tratamientos agresivos, ni el dolor, minaron su afán por seguir adelante.
En el trabajo conseguimos formar un grupo de cinco personas y ella siempre estaba ahí apoyando un proyecto o ayudando en algún problema; yo la llamaba la maestra, porque empezó a trabajar con madera y nos enseñaba a hacer cajas, a pulir y a embellecer muebles viejos. Luego hizo lo propio con el cristal: aprendimos, de su mano a convertir frascos y botellas en pequeñas obras de arte con imaginación y empeño; después enfilamos collares con abalorios, luego hicimos broches con fieltro… fue, en fin, una época creativa bajo su pauta que todas seguimos.
Con el tiempo llegó la jubilación y nos dispersamos; ahora nos vemos tan solo un par de veces al año, aunque seguimos en contacto telefónico todos los días. Aquel grupo, no solo tuvo importancia entonces; sé que, pese a la distancia, siempre habrá entre nosotras un nexo de unión especial y único; todas aprendimos, compartimos experiencias, nos apoyamos cuando llegaba la adversidad y fuimos mucho más fuertes.
Intento emular aquella serenidad que nos transmitía mi particular “maestra”, recuerdo la luz que nos proyectaba y nunca olvidaré tanto como recibí de su ejemplo.




















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