Redacción
Sábado, 14 de Marzo de 2026
1ª RFEF

Victoria, esencial, pero sin brillo, del Zamora CF ante Arenteiro (1-0)

Losada, de cabeza, marcó el gol del triunfo rojiblanco, y el cuadro gallego tiró una pena máxima al larguero

E. Navascués de Zubiría

 

“¡Quién lo entienda, que me lo explique!”  Esta pregunta admirativa fue la primera frase de Óscar Cano en la rueda de prensa posterior al partido, formulada antes de que nadie le preguntase por su reflexión tras lo visto. En efecto. Este escribidor de crónicas no sabría cómo narrar la victoria, por la mínima, del Zamora CF sobre el Arenteiro, recogida merced a gran testarazo de Losada en el minuto 68, fruto del mejor y singular juego de los rojiblancos en los primeros veinte minutos de la segunda entrega. Ahora bien, un encuentro de ese nivel futbolístico tan mínimo, con penalti al larguero lanzado por el equipo de Carballiño, provoca acudir a la reflexión, por no llegar a la filosofía. Cabe preguntarse, pues, ¿si un aficionado, de cualquier equipo, prioriza antes el triunfo que el buen juego, o prefiere un excelente espectáculo, incluso perdiendo? Por supuesto, que el ideal pasa por vincular éxito y buen fútbol. Pero no siempre acontece de tal guisa, si bien, la lógica, que en fútbol no existe, nos dice que el conjunto que mejor juega “casi” siempre obtiene el triunfo. Introduje el adverbio “casi”, porque venía a cuento de lo expresado.

 

Esta fría y ventosa tarde del invierno que fenece conoció un partido muy flojo de los rojiblancos, más en la primera mitad. Arenteiro, que se jugaba el descenso, dominó al Zamora en el primer cuarto de hora, si bien no exigió grandes intervenciones a Fermín. El cuadro de Cano se sacudió el mando gallego, pero no supo qué hacer para meter el miedo en el cuerpo a los de Juanfran, que, en cambio, colapsó el juego de ataque local. Cuando la pelota la tenían los rojiblancos, adelantaba su zaga 20 metros, con lo que los centrocampistas del Zamora solo encontraron jugar en corto y en horizontal. Los pases largos también acababan en poder de los visitantes.

 

El once titular que presentó el técnico rojiblanco fue el mismo que jugó en el Suárez Puerta. Pero sus hombres más importantes, casos de Márquez y Abde no encontraron hoy inspiración. De hecho, no anoté ni una sola acción peligrosa para el marco verde en toda la primera entrega.

 

Como adelanté, el mejor Zamora, tampoco tan excelso como para repicar las campanas de la Catedral, apareció en los primeros veintitantos minutos de la segunda mitad. Pero, tras el excelente gol de Losada, de cabeza a centro de Sancho, Arenteiro ganó la pelota, aunque sin jugadas brillantes, pero sí peligrosas, porque los saques de esquina, siempre botados en corto, obligaron a los rojiblancos a encerrarse delante de Fermín y desbaratar centros aéreos y a ras de césped. En uno de ellos, llegó el penalti, injusto, porque la pelota pegó en el brazo de Márquez tras tocar antes en su abdomen. Error en el lanzamiento, al larguero, y el Zamora respiraba…de momento.

 

Poco importó que Carbonell, que entró en el minuto 63 por Sergi López, obligando a Sancho a trabajar de carrilero, acompañase a Losada en la presión a la zaga gallega. No obstante, hubo alguna acción zamorana, en contragolpe, que pudo cerrar el partido, como un saque largo de Fermín que dejó a Abde en carrera solo ante el portero, pero el jugador marroquí, ya muy debilitado físicamente (Ramadán), se tropezó con el balón y no supo batir por segunda vez la meta visitante. Poco después sería Carbonell, en otra contra, el que tiró cerca de la escuadra izquierda.

 

Abde Amar, tras esa ocasión, quedó lesionado. Entró Burón en su lugar. Y, a falta de un minuto para el tiempo reglamentario, Mario García sustituyó a Ramos y Merchán a Jaime Sancho. Nueva “traje” en la zaga rojiblanca. Y a sufrir en los ocho minutos de prolongación.

 

Lo dicho: seis puntos en dos partidos sin realizar un gran fútbol, que empieza a ser lo de menos. Lo importante en ganar y ganar. El hincha rojiblanco quiere, a estas alturas de la competición, que su equipo gane. No importan los medios, si se alcanza el fin deseado.

 

Si se hiciera una encuesta entre los socios rojiblancos sobre qué prefiere para su equipo de aquí al final de la competición, si ganar jugando sin brillantez o perder, tras exhibir un excelente fútbol, convencido estoy que apostarían por triunfos sin coronas de laurel. Y asumamos que no se puede tenerlo todo. Porque, como afirmó Rafael Guerra "Guerrita": "Lo que no puede ser, no puede ser y, además, es imposible".

 

Fotografías: Esteban Pedrosa

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