NOTAS DEL PENSAMIENTO
Los verdaderos tertulianos quedaron atrás
José Antonio Ávila López
![[Img #106734]](https://eldiadezamora.es/upload/images/03_2026/9722_3791_7214_7178_4668_4135_5806_6875_9464_157_66_796_7527_7494_4029_5358_389_4159_2973_jose-antonio-avila-lopez.jpg)
En teoría, la palabra “todólogo” significaría aquella persona que sabe de todo y es capaz de opinar de todo. Así lo recoge la Real Academia de la Lengua Española, que la define como persona que cree saber y dominar varias especialidades sin ser experto en ninguna de ellas, es decir, coloquialmente, experto en todo, pero maestro de nada. A este tipo de personas las encontramos de forma mayoritaria en los medios de comunicación, donde son capaces de opinar con grandes dotes de seguridad y autoridad, aunque siempre sesgados por una determinada ideología política que confronta fundamentalmente con la ideología contraria, hasta el punto de lograr que imperen sus razonamientos aunque tenga que acudir a desprestigiar “al otro” con constantes interrupciones en las intervenciones de los demás tertulianos. Soy de los que opinan que “no es verdad que todas las opiniones sean respetables” y que lo que realmente es respetable es el derecho a exponer nuestra opinión sin que haya una censura, siendo así que la respetabilidad de las opiniones depende del contenido de las mismas porque éstas tienen que venir acompañadas del argumento de la opinión que, por supuesto, requiere preparación, esfuerzo y capacidad de análisis y nuestra misión como ciudadanos es promover espacios para el dialogo y el debate serio. Y ahí, los “todólogos” no tienen cabida. Argumentar es razonar en la búsqueda de un equilibrio entre lo racional y lo emotivo. La opinión es uno de los géneros más transcendentales del periodismo, en el sentido de que va más allá de la narrativa de los hechos ayudando a orientar a la ciudadanía en su visión de la actualidad. Sin embargo, son muchos los “todólogos” que vemos hoy día en los espacios televisivos y radiofónicos que nos hacen creer que saben de todo y que son capaces de opinar sobre todo generando verdaderos “shows” con la pretensión de ser creadores de corrientes de opinión a sabiendas de que su actuación da audiencia a las diferentes cadenas televisivas y radiofónicas, pero con el menoscabo de no tener fuentes fidedignas de información y mucho menos de formación. Son personajes capaces de opinar sobre los diferentes avatares que ocurren en el mundo. Atrás quedan grandes personajes de la comunicación con autoridad moral y científica demostrada, y que en otros tiempos realmente importaba su opinión.
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En teoría, la palabra “todólogo” significaría aquella persona que sabe de todo y es capaz de opinar de todo. Así lo recoge la Real Academia de la Lengua Española, que la define como persona que cree saber y dominar varias especialidades sin ser experto en ninguna de ellas, es decir, coloquialmente, experto en todo, pero maestro de nada. A este tipo de personas las encontramos de forma mayoritaria en los medios de comunicación, donde son capaces de opinar con grandes dotes de seguridad y autoridad, aunque siempre sesgados por una determinada ideología política que confronta fundamentalmente con la ideología contraria, hasta el punto de lograr que imperen sus razonamientos aunque tenga que acudir a desprestigiar “al otro” con constantes interrupciones en las intervenciones de los demás tertulianos. Soy de los que opinan que “no es verdad que todas las opiniones sean respetables” y que lo que realmente es respetable es el derecho a exponer nuestra opinión sin que haya una censura, siendo así que la respetabilidad de las opiniones depende del contenido de las mismas porque éstas tienen que venir acompañadas del argumento de la opinión que, por supuesto, requiere preparación, esfuerzo y capacidad de análisis y nuestra misión como ciudadanos es promover espacios para el dialogo y el debate serio. Y ahí, los “todólogos” no tienen cabida. Argumentar es razonar en la búsqueda de un equilibrio entre lo racional y lo emotivo. La opinión es uno de los géneros más transcendentales del periodismo, en el sentido de que va más allá de la narrativa de los hechos ayudando a orientar a la ciudadanía en su visión de la actualidad. Sin embargo, son muchos los “todólogos” que vemos hoy día en los espacios televisivos y radiofónicos que nos hacen creer que saben de todo y que son capaces de opinar sobre todo generando verdaderos “shows” con la pretensión de ser creadores de corrientes de opinión a sabiendas de que su actuación da audiencia a las diferentes cadenas televisivas y radiofónicas, pero con el menoscabo de no tener fuentes fidedignas de información y mucho menos de formación. Son personajes capaces de opinar sobre los diferentes avatares que ocurren en el mundo. Atrás quedan grandes personajes de la comunicación con autoridad moral y científica demostrada, y que en otros tiempos realmente importaba su opinión.

















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