1ª RFEF
La fe de los fieles futbolistas rojiblancos le otorga un punto de oro en Valdebebas (2-2)
El Zamora CF remonta un 2-0 ante un Castilla que fue inferior
E. Navascués de Zubiría
Óscar Cano confesaba el viernes, en la rueda de prensa prepartido, que su equipo debería hacer un partido feo para impedir al Castilla elaborar su fútbol bonito. Hete aquí que, aunque lo intentó, no le salió a la escuadra rojiblanca realizar un fútbol grotesco. Yo escribiría que el Zamora cuajó un partido lindo, que diría un argentino, porque, remontar dos goles, merced a una fe cristiana y un esfuerzo espartano, así definen el choque jugado esta tarde en Valdebebas. Diría más, el encuentro habría sido precioso si el árbitro hubiera pitado el claro penalti de Lamini Fati a Álvaro Romero en el minuto 105.
Incluso el técnico granadino, dada su humildad, manifestó ese mismo día, que la pelota siempre es patrimonio de los mejores. Colegí que se refería al Castilla. Pues el Zamora quiso el cuero y lo tuvo al 50%, lo compartió con el filial madridista. Incluso, mandó e impuso su ritmo desde el minuto 75 hasta el 106.
Afirmo, más allá de mis querencias naturales rojiblancas, que la escuadra rojiblanca fue mejor que su joven rival que solo espabiló cuando el árbitro concedía le concedía un penalti, precedido de una clara falta en la medular a Luismi Luengo. Minuto 35. Palacios transformó, sin dar opciones a Fermín. Y ya que cito al meta riojano, diré que no se vio obligado a realizar intervención alguna de mérito durante todo el partido. El Castilla marcó la pena máxima y el segundo, tras un centro que remató fácil, sin marca, de cabeza, Ciria. Muy solo. (Minuto 53). Ahora bien, la oportunidad más clara del partido en los pies de Codina que, dentro del área, tiró, pero Mestre realizó una intervención colosal.
Cuando llegó el tanto castillista, el Zamora ya se había hecho dueño del centro del campo. Se trataba entonces de encontrar a Abde y Sancho por las bandas. Hubiera sido cuestión de tiempo. Pero no fue así, porque la desventaja le hizo daño, aunque lo intentase Márquez con un disparo que no recogió fruto alguno.
Tras el descanso, no había sucedido nada hasta que Ciria marcase de cabeza (minuto 52). Llegó, libre de marca, por la banda derecha, Fortea, el lateral derecho, con espacio suficiente para lanzar al segundo palo donde se hallaba Ciria, que remató, sin obstáculo alguno, para batir a Fermín y la intentona de Codina por sacar bajo palos.
No se vino abajo la escuadra rojiblanca como se hubiera creído tras el segundo golpe al mentó del equipo de Julián López, que, por cierto, no mostró la calidad exhibida en el Ruta de la Plata en la primera vuelta. Si exceptúo detalles de Palacios y Yáñez, no me pareció un equipo filial del Real Madrid.
Tras el segundo tanto, como expresé anteriormente, el Zamora busca morir matando. Una gran acción por la derecha de Sergi López, con pase a Markel se perdía, porque el vizcaíno estrelló su disparo en Losada.
Un minuto después, primer cambio: Carbonell entro por Losada y Burón por Abde. Ninguno de los dos apareció hoy en Valdebebas.
Tras la primera hora del choque, gol anulado al Zamora, por claro fuera de juego de Carbonell. Lo importante es que los rojiblancos querían más, no se conformaban con esa derrota. Ramos disparó, al centro de la portería, para que detuviese Mestre.
Y llegaron dos cambios claves para que el cuadro rojiblanco conquistase Valdebebas y obligase al Castilla a defenderse. Mario García entró por Ramos, renqueante, y Merchán por Sancho, que hoy apenas recibió juego. Corría el minuto 70.
El Zamora empezó a parecerse al de Balaídos: se hizo con la pelota, la mimó y buscó las bandas para meter miedo al Castilla. Una buena acción por la izquierda de Márquez y Codina acongojó a la zaga blanca. Un minuto después, entraría Romero por Sergi López.
En el 81, jugada clave del encuentro. Codina marcó, tras un rechace de Mestre y centro de Carbonell. Se anula, en principio, el gol. El árbitro canario revisa la acción y lo concede. Pero, instantes, después, segunda visión de la jugada y, ¡por fin!, señala el centro del campo. Quedaban nueve minutos y muchos más de prolongación. Se podía empatar.
Los hombres de negro -así vistió hoy el Zamora, como en Avilés- olieron el incienso del fútbol y se fueron a por el empate. El Castilla se defendía y no llegaba al área rojiblanca. Una falta que botó, magistralmente, Márquez desde la medular del Castilla traería el empate. Tocó primero, de cabeza, en extraño salto, Carbonell, y Mario García remachó bajo palos con el pie. También se revisó, por cierto.
El colegiado concedió nueve minutos más, que después se convertirían en 16, debido a revisiones y la expulsión de Cestero (minuto 98).
En esa primera parte de la prórroga -permítaseme definir de tal guisa ese finiquito del partido- el Castilla solo puso en peligro el área rojiblanca en un barullo tremendo, tras un saque de esquina. Porque el Zamora mandó y buscó la victoria, más tras jugar contra un equipo con un hombre menos.
La jugada polémica en el minuto 105: centro de Márquez al área. Lamini Fati golpea, claramente, el rostro de Romero. Pena máxima. Se reclama, pero Daniel Clemente pasa de señalar el punto fatídico. Un minuto más de descuento y se acabó.
El Zamora, que quería hacer un partido feo, regresó de Valdebebas con un punto después de jugar bonito. El Zamora, que no iba a tener el balón ante un equipo como el Castilla, también lo hizo propio en la parte más importante del choque.
El ser o no ser del Hamlet rojiblanco continúa. El sábado toca el Pontevedra, otro rival para ocupar una plaza de placer, para subir la escalera al cielo de la fase de ascenso.
Fotografías: Zamora CF
E. Navascués de Zubiría
Óscar Cano confesaba el viernes, en la rueda de prensa prepartido, que su equipo debería hacer un partido feo para impedir al Castilla elaborar su fútbol bonito. Hete aquí que, aunque lo intentó, no le salió a la escuadra rojiblanca realizar un fútbol grotesco. Yo escribiría que el Zamora cuajó un partido lindo, que diría un argentino, porque, remontar dos goles, merced a una fe cristiana y un esfuerzo espartano, así definen el choque jugado esta tarde en Valdebebas. Diría más, el encuentro habría sido precioso si el árbitro hubiera pitado el claro penalti de Lamini Fati a Álvaro Romero en el minuto 105.
Incluso el técnico granadino, dada su humildad, manifestó ese mismo día, que la pelota siempre es patrimonio de los mejores. Colegí que se refería al Castilla. Pues el Zamora quiso el cuero y lo tuvo al 50%, lo compartió con el filial madridista. Incluso, mandó e impuso su ritmo desde el minuto 75 hasta el 106.
Afirmo, más allá de mis querencias naturales rojiblancas, que la escuadra rojiblanca fue mejor que su joven rival que solo espabiló cuando el árbitro concedía le concedía un penalti, precedido de una clara falta en la medular a Luismi Luengo. Minuto 35. Palacios transformó, sin dar opciones a Fermín. Y ya que cito al meta riojano, diré que no se vio obligado a realizar intervención alguna de mérito durante todo el partido. El Castilla marcó la pena máxima y el segundo, tras un centro que remató fácil, sin marca, de cabeza, Ciria. Muy solo. (Minuto 53). Ahora bien, la oportunidad más clara del partido en los pies de Codina que, dentro del área, tiró, pero Mestre realizó una intervención colosal.
Cuando llegó el tanto castillista, el Zamora ya se había hecho dueño del centro del campo. Se trataba entonces de encontrar a Abde y Sancho por las bandas. Hubiera sido cuestión de tiempo. Pero no fue así, porque la desventaja le hizo daño, aunque lo intentase Márquez con un disparo que no recogió fruto alguno.
Tras el descanso, no había sucedido nada hasta que Ciria marcase de cabeza (minuto 52). Llegó, libre de marca, por la banda derecha, Fortea, el lateral derecho, con espacio suficiente para lanzar al segundo palo donde se hallaba Ciria, que remató, sin obstáculo alguno, para batir a Fermín y la intentona de Codina por sacar bajo palos.
No se vino abajo la escuadra rojiblanca como se hubiera creído tras el segundo golpe al mentó del equipo de Julián López, que, por cierto, no mostró la calidad exhibida en el Ruta de la Plata en la primera vuelta. Si exceptúo detalles de Palacios y Yáñez, no me pareció un equipo filial del Real Madrid.
Tras el segundo tanto, como expresé anteriormente, el Zamora busca morir matando. Una gran acción por la derecha de Sergi López, con pase a Markel se perdía, porque el vizcaíno estrelló su disparo en Losada.
Un minuto después, primer cambio: Carbonell entro por Losada y Burón por Abde. Ninguno de los dos apareció hoy en Valdebebas.
Tras la primera hora del choque, gol anulado al Zamora, por claro fuera de juego de Carbonell. Lo importante es que los rojiblancos querían más, no se conformaban con esa derrota. Ramos disparó, al centro de la portería, para que detuviese Mestre.
Y llegaron dos cambios claves para que el cuadro rojiblanco conquistase Valdebebas y obligase al Castilla a defenderse. Mario García entró por Ramos, renqueante, y Merchán por Sancho, que hoy apenas recibió juego. Corría el minuto 70.
El Zamora empezó a parecerse al de Balaídos: se hizo con la pelota, la mimó y buscó las bandas para meter miedo al Castilla. Una buena acción por la izquierda de Márquez y Codina acongojó a la zaga blanca. Un minuto después, entraría Romero por Sergi López.
En el 81, jugada clave del encuentro. Codina marcó, tras un rechace de Mestre y centro de Carbonell. Se anula, en principio, el gol. El árbitro canario revisa la acción y lo concede. Pero, instantes, después, segunda visión de la jugada y, ¡por fin!, señala el centro del campo. Quedaban nueve minutos y muchos más de prolongación. Se podía empatar.
Los hombres de negro -así vistió hoy el Zamora, como en Avilés- olieron el incienso del fútbol y se fueron a por el empate. El Castilla se defendía y no llegaba al área rojiblanca. Una falta que botó, magistralmente, Márquez desde la medular del Castilla traería el empate. Tocó primero, de cabeza, en extraño salto, Carbonell, y Mario García remachó bajo palos con el pie. También se revisó, por cierto.
El colegiado concedió nueve minutos más, que después se convertirían en 16, debido a revisiones y la expulsión de Cestero (minuto 98).
En esa primera parte de la prórroga -permítaseme definir de tal guisa ese finiquito del partido- el Castilla solo puso en peligro el área rojiblanca en un barullo tremendo, tras un saque de esquina. Porque el Zamora mandó y buscó la victoria, más tras jugar contra un equipo con un hombre menos.
La jugada polémica en el minuto 105: centro de Márquez al área. Lamini Fati golpea, claramente, el rostro de Romero. Pena máxima. Se reclama, pero Daniel Clemente pasa de señalar el punto fatídico. Un minuto más de descuento y se acabó.
El Zamora, que quería hacer un partido feo, regresó de Valdebebas con un punto después de jugar bonito. El Zamora, que no iba a tener el balón ante un equipo como el Castilla, también lo hizo propio en la parte más importante del choque.
El ser o no ser del Hamlet rojiblanco continúa. El sábado toca el Pontevedra, otro rival para ocupar una plaza de placer, para subir la escalera al cielo de la fase de ascenso.
Fotografías: Zamora CF

















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