SEMANA SANTA 2026
La Tercera Caída revive en Zamora los 20 años de “La muerte no es el final”
La Plaza Mayor acogió en la noche del Lunes Santo el emotivo canto que cumple dos décadas, en una procesión marcada por el recuerdo a Coomonte y la masiva presencia de público.
La Plaza Mayor de Zamora volvió a convertirse, en la noche del Lunes Santo, en el epicentro emocional de la procesión de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída. A las once en punto, el silencio se rompió, con los primeros acordes de La muerte no es el final, interpretados por el coro de la cofradía, acompañado por la Banda de Música de Zamora, en un gesto que este año alcanzó un significado especial, al cumplirse dos décadas desde su incorporación al ritual.
Lejos de ser un elemento accesorio, esta interpretación -incorporada en su día por el entonces hermano regidor José Fernández Nieto, tras la reorganización de la ceremonia- es uno de los momentos más intensos y reconocibles del Lunes Santo zamorano.
La procesión estuvo atravesada, además, por la memoria reciente de José Luis Alonso Coomonte. El legado del artista está presente en dos de sus creaciones más emblemáticas: la "Cruz de Yugos", donada en 1987, y que volvió a mostrarse como una de las piezas más singulares del desfile: seis yugos de bueyes unidos por correas de cuero, sobre una estructura de hierro forjado, convertidos en símbolo de la unión del autor y la ciudad con el campo zamorano, igual que la "Corona de Espinas", incorporada en 1999, con su imponente presencia, realizada a partir de rejas de arado entrelazadas, elevando a escala monumental uno de los grandes signos de la Pasión.
Pese a su fallecimiento, sus obras desfilaron sin crespones, por deseo de la hermandad de mantener su tradición de recordar a todos los difuntos de manera conjunta durante el acto de la plaza, sin individualizar el luto en los elementos procesionales.
Junto a la memoria, también hubo espacio para la renovación
La cruz parroquial estrenó manga procesional, mientras que el libro de difuntos -incorporado en 2015- se presentó este año en un nuevo soporte, portado a hombros por hermanos, reforzando su presencia dentro del desfile.
Cortejo procesional
La procesión avanzó con la solemnidad característica, este año sin mirar el cielo, aunque el recogimiento no siempre fue absoluto, debido a la notable afluencia de público y tal vez al cambio de los tiempos, que alejan cada vez más el silencio de nuestra Pasión.
La imagen de La Despedida, escoltada por la Guardia Civil, composición de Enrique Pérez Comendador, estuvo acompañado por los sones de la Banda La Lira de Toro. Tras ella, la talla de Jesús en su Tercera Caída, obra de Quintín de Torre, con la poderosa presencia de un Cristo en el momento extremo del agotamiento antes del Calvario, avanzó con la Banda de Música Maestro Nacor Blanco, junto a la presencia de miembros de distintas unidades del Ejército de Tierra.
Cerrando el conjunto escultórico, la Virgen de la Amargura, acompañada por la Banda de Música de Zamora, cuyos acordes arroparon su avance, magníficos, como siempre. La imagen, obra del escultor zamorano Ramón Abrantes, muestra a María con la mirada elevada y el dolor contenido, sin lágrimas, en una expresión serena.
Música
Cuenta con tres marchas “propias”: Aurora, es propiedad de la Hermandad y fue compuesta y donada por Juan Fernández, profesor de guitarra del Conservatorio de música de Marbella; La Despedida y Virgen de la Amargura, compuestas y donadas por el hermano y músico de la banda de Nacor Blanco Gustavo Ramajo; y Tercera Caída, compuesta y donada por David Rivas, por el 75 Aniversario de la Hermandad.
Desde su fundación en 1942 por excombatientes, con el propósito de honrar a los caídos en la Guerra Civil, la hermandad ha experimentado una profunda transformación, con una evolución estética y ceremonial que es notable año a año, convirtiéndose en una de las citas más singulares de la Semana Santa de Zamora.
Para muchos, la vinculación con esta cofradía trasciende lo colectivo y se adentra en lo personal. La Tercera Caída es una vivencia íntima, ligada al recuerdo de la infancia y a los primeros descubrimientos de la tradición de todo un barrio. Así, cada Lunes Santo, el atardecer conduce, inevitablemente, a San Lázaro, templo vinculado a generaciones enteras. Allí, entre el contraste del blanco y el negro de túnicas y caperuces, la hermandad ha ido definiendo su identidad, dejando atrás la sobriedad inicial para dar sentido al recuerdo de todos los seres queridos que se nos han ido.
Fotografía: Esteban Pedrosa
La Plaza Mayor de Zamora volvió a convertirse, en la noche del Lunes Santo, en el epicentro emocional de la procesión de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída. A las once en punto, el silencio se rompió, con los primeros acordes de La muerte no es el final, interpretados por el coro de la cofradía, acompañado por la Banda de Música de Zamora, en un gesto que este año alcanzó un significado especial, al cumplirse dos décadas desde su incorporación al ritual.
Lejos de ser un elemento accesorio, esta interpretación -incorporada en su día por el entonces hermano regidor José Fernández Nieto, tras la reorganización de la ceremonia- es uno de los momentos más intensos y reconocibles del Lunes Santo zamorano.
La procesión estuvo atravesada, además, por la memoria reciente de José Luis Alonso Coomonte. El legado del artista está presente en dos de sus creaciones más emblemáticas: la "Cruz de Yugos", donada en 1987, y que volvió a mostrarse como una de las piezas más singulares del desfile: seis yugos de bueyes unidos por correas de cuero, sobre una estructura de hierro forjado, convertidos en símbolo de la unión del autor y la ciudad con el campo zamorano, igual que la "Corona de Espinas", incorporada en 1999, con su imponente presencia, realizada a partir de rejas de arado entrelazadas, elevando a escala monumental uno de los grandes signos de la Pasión.
Pese a su fallecimiento, sus obras desfilaron sin crespones, por deseo de la hermandad de mantener su tradición de recordar a todos los difuntos de manera conjunta durante el acto de la plaza, sin individualizar el luto en los elementos procesionales.
Junto a la memoria, también hubo espacio para la renovación
La cruz parroquial estrenó manga procesional, mientras que el libro de difuntos -incorporado en 2015- se presentó este año en un nuevo soporte, portado a hombros por hermanos, reforzando su presencia dentro del desfile.
Cortejo procesional
La procesión avanzó con la solemnidad característica, este año sin mirar el cielo, aunque el recogimiento no siempre fue absoluto, debido a la notable afluencia de público y tal vez al cambio de los tiempos, que alejan cada vez más el silencio de nuestra Pasión.
La imagen de La Despedida, escoltada por la Guardia Civil, composición de Enrique Pérez Comendador, estuvo acompañado por los sones de la Banda La Lira de Toro. Tras ella, la talla de Jesús en su Tercera Caída, obra de Quintín de Torre, con la poderosa presencia de un Cristo en el momento extremo del agotamiento antes del Calvario, avanzó con la Banda de Música Maestro Nacor Blanco, junto a la presencia de miembros de distintas unidades del Ejército de Tierra.
Cerrando el conjunto escultórico, la Virgen de la Amargura, acompañada por la Banda de Música de Zamora, cuyos acordes arroparon su avance, magníficos, como siempre. La imagen, obra del escultor zamorano Ramón Abrantes, muestra a María con la mirada elevada y el dolor contenido, sin lágrimas, en una expresión serena.
Música
Cuenta con tres marchas “propias”: Aurora, es propiedad de la Hermandad y fue compuesta y donada por Juan Fernández, profesor de guitarra del Conservatorio de música de Marbella; La Despedida y Virgen de la Amargura, compuestas y donadas por el hermano y músico de la banda de Nacor Blanco Gustavo Ramajo; y Tercera Caída, compuesta y donada por David Rivas, por el 75 Aniversario de la Hermandad.
Desde su fundación en 1942 por excombatientes, con el propósito de honrar a los caídos en la Guerra Civil, la hermandad ha experimentado una profunda transformación, con una evolución estética y ceremonial que es notable año a año, convirtiéndose en una de las citas más singulares de la Semana Santa de Zamora.
Para muchos, la vinculación con esta cofradía trasciende lo colectivo y se adentra en lo personal. La Tercera Caída es una vivencia íntima, ligada al recuerdo de la infancia y a los primeros descubrimientos de la tradición de todo un barrio. Así, cada Lunes Santo, el atardecer conduce, inevitablemente, a San Lázaro, templo vinculado a generaciones enteras. Allí, entre el contraste del blanco y el negro de túnicas y caperuces, la hermandad ha ido definiendo su identidad, dejando atrás la sobriedad inicial para dar sentido al recuerdo de todos los seres queridos que se nos han ido.
Fotografía: Esteban Pedrosa



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.158