Miércoles, 01 de Abril de 2026

Mª Soledad Martín Turiño
Miércoles, 01 de Abril de 2026
ZAMORANA

Coincidencia

Mª Soledad Martín Turiño

[Img #107240]

 

Ha sido un encuentro fortuito, pese a que vivimos a pocas calles de distancia, han pasado muchos años sin vernos. Hoy, por casualidad, entre los pasillos del supermercado, una voz ha pronunciado mi nombre. Me vuelvo y, compruebo con grata sorpresa que se trata de una vieja amiga, madre de una niña que, junto con la mía, iban de pequeñas al mismo colegio. En aquella época tuvimos una relación más estrecha: al llevarlas y traerlas al centro educativo, las fiestas de fin de curso, celebración de cumpleaños, reuniones de padres… etc. actividades todas ligadas a la formación de las niñas.

 

Hoy, transcurrido el tiempo, esas hijas han formado sus propias familias, nos han convertido en abuelas, tienen una profesión que las convierte en personas independientes y, de algún modo, nos sentimos relegadas porque ya no precisan de nuestra ayuda como antes.

 

Hemos compartido un rato agradable, poniéndonos al día de las vicisitudes ocurridas en este lapsus de tiempo, las lógicas incidencias con que la vida inevitablemente nos sorprende para bien y para mal: me ha comentado que tuvieron que luchar contra un cáncer, ahora en remisión; que sus tres hijos han aumentado la familia con varios nietos, que ella sigue ejerciendo una labor humanitaria que la llena de satisfacción… por mi parte, he hecho lo propio y ambas nos hemos despedido con un abrazo y una amplia sonrisa, porque cuando dos personas gozan de un buen entendimiento, el tiempo no es obstáculo para que esa armonía se pierda; al contrario, se reinstala entre ellas con el mismo espíritu de la locución de Fray Luis de León: “decíamos ayer”

 

Este inesperado reencuentro me ha hecho pensar en las sorpresas con que nos obsequia la vida: unas gratas; otras, no tanto; pero, en cualquier caso, resulta imprescindible relacionarse con las personas, establecer nexos, socializar, y no tanto por conocer gente, sino por aprender de sus experiencias, por compartir las nuestras, y enriquecernos con ambas.

 

En ocasiones la soledad es necesaria, sirve para centrarnos, para relajar la mente, para reflexionar y desechar esos ruidos perniciosos que a veces se instalan en ella hasta el punto de colonizarla; sin embargo en otros casos, sobre todo cuando ya se vislumbra el último tercio de la vida, puede convertirse en un arma letal porque atrapa; entonces es el momento de acercarse a esas personas, amigas o conocidas, que están ahí para acompañarnos, para tomar un café, charlar amigablemente o recuperar un tiempo que una vez quedó atrapado en el pasado.

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.129

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.