REFLEXIONES SOBRE LA PASIÓN
Hermandad de Penitencia: cuando las lágrimas caen al Duero
Eugenio-Jesús de Ávila
Esta hermandad, que pareciese de pueblo merced a su indumentaria, es muy urbana. Esta cofradía, nacida tan cerca del Duero que se diría que despide perfume de juncos, que llora lágrimas de barbos, que es un afluente del río Duradero que desemboca en la ciudad del Romancero. Las lágrimas caen al río Duradero cuando la noche del Miércoles Santo brinca sobre la madrugada.
La Hermandad de Penitencia cambió el concepto de procesión de la Semana Santa de Zamora. La capa parda de los pastores alistanos se convirtió en la túnica de sus hermanos. Se olvidaron túnicas de estameña y terciopelo, tan andaluzas, para profundizar en nuestras tradiciones.
Procesión bella, lírica, melancólica. Bombardino que compone estrofas mientras el Cristo del Amparo cobija a nuestra desamparada ciudad. Esta hermandad posee la belleza de lo triste, de la pena, de la derrota, por esa sutil razón es tan nuestra, tan propia, tan zamorana. Madrugada en la que la ciudad del Romancero huele a pueblo, a Aliste, a melancolia, a ucronía: lo que pudo haber sido y no fue: Zamora.
Eugenio-Jesús de Ávila
Esta hermandad, que pareciese de pueblo merced a su indumentaria, es muy urbana. Esta cofradía, nacida tan cerca del Duero que se diría que despide perfume de juncos, que llora lágrimas de barbos, que es un afluente del río Duradero que desemboca en la ciudad del Romancero. Las lágrimas caen al río Duradero cuando la noche del Miércoles Santo brinca sobre la madrugada.
La Hermandad de Penitencia cambió el concepto de procesión de la Semana Santa de Zamora. La capa parda de los pastores alistanos se convirtió en la túnica de sus hermanos. Se olvidaron túnicas de estameña y terciopelo, tan andaluzas, para profundizar en nuestras tradiciones.
Procesión bella, lírica, melancólica. Bombardino que compone estrofas mientras el Cristo del Amparo cobija a nuestra desamparada ciudad. Esta hermandad posee la belleza de lo triste, de la pena, de la derrota, por esa sutil razón es tan nuestra, tan propia, tan zamorana. Madrugada en la que la ciudad del Romancero huele a pueblo, a Aliste, a melancolia, a ucronía: lo que pudo haber sido y no fue: Zamora.
















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