Mª Soledad Martín Turiño
Jueves, 02 de Abril de 2026
ZAMORANA

Semana de Pasiones

Las calles de Zamora rebosan de gente que sale para acompañar los pasos de Semana Santa, esculturas que forman parte de una admirable imaginería religiosa creadas por manos insignes. Las andas lucen preciosas, muchas de ellas son, en sí mismas, una obra de arte, con filigranas hechas en madera y orfebrería, y van engalanadas con flores, velas, hachones, tulipas y pebeteros para acompañar las figuras que portan.

 

La ciudad también se engalana instalando colgaduras en los balcones con tapices, alfombras y anagramas de las diferentes cofradías para arropar los pasos que transitarán por diferentes partes de la ciudad. Imposible olvidar a los miles de cofrades que, siguiendo una tradición ancestral, lucen distintos hábitos (capas, túnicas y caperuzas) dependiendo de la comunidad religiosa que representan, e inolvidable el papel del barandales, personaje único de esta tierra en Semana Santa, cuya misión es avisar al público de la marcha de las procesiones, que tiene su propia escultura en la plaza de Santa María, obra de nuestro artista zamorano Ricardo Flecha Barrio.

 

Zamora se aflige con el dolor del crucificado, con las lágrimas de la Virgen viendo el suplicio por el que pasa su hijo inocente; mi tierra zamorana vive estos días de luto porque ha muerto el amor; las procesiones nos recuerdan escenas del paso de Jesús por este mundo, su injusto castigo y su muerte posterior que culminará con la resurrección para siempre. Nos lega una lección de sacrificio, pero sobre todo de amor hacia los demás.

 

En estos tiempos de conflictos, luchas y guerras por el poder, estamos muy necesitados de su ejemplo; incluso en el día a día que vivimos, porque nos hemos convertido en insensibles al dolor ajeno; existimos en una sociedad consumista, hedonista y ávida de ocio, pero desoímos a quienes sufren; no acompañamos al vecino que está solo, al enfermo, a la mujer que padece porque no puede tener hijos, al niño diferente de quien se burlan en la escuela, al joven sin esperanza de futuro porque carece de casa o de trabajo. Asistimos impertérritos viendo las largas colas del hambre, y continuamos sin hacer nada, mientras no nos afecte de forma directa.

 

La Semana Santa es mucho más que unos días de vacaciones, debería ser compañía, acordarse de los ausentes, ayudar a los que nos rodean, ser menos intransigentes, más tolerantes; sonreír más, ver la parte positiva de la vida, acompañar a quienes tenemos cerca, dedicar tiempo a los demás, o decir esas palabras mágicas que a veces salvan el día: “te quiero”, “gracias”, “estoy contigo”, “me has ayudado mucho”…: pequeñas grandes cosas y actitudes en perfecta consonancia con la santidad de estos días. Suficiente. 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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