REFLEXIONES SOBRE LA PASIÓN
Luces de la Semana Santa de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
El protagonista principal de la Semana Santa 2026 fue la bonanza meteorológica. El buen tiempo empujó al turismo de las principales ciudades de España a viajar durante esos días de fiesta. Zamora no ha sido una excepción en esa Pasión masificada, sino la regla del resto de la geografía nacional, con procesiones famosas o de carácter local.
Recibir a miles de personas en una ciudad como Zamora evidencia la falta de infraestructura turística de nuestra ciudad: Terrazas y restaurantes, sin sillas, ni mesas; hoteles y apartamentos hosteleros, llenos; aparcamientos, preñados de vehículos; las calles principales y las rúas del casco antiguo, colapsadas. El dinero ha corrido. Esencial. Una ciudad como la nuestra necesitaría, todos los meses, alguna actividad que tentara al turismo cultural, además del religioso, protagonizado por la Pasión.
Ya he comentado que, ha tiempo, por coherencia, me olvidé de mis cofradías y, por ende, de la Semana Santa. No obstante, aprecio los valores estéticos y religiosos de algunas hermandades y cofradías zamoranas. Conozco, a través de las televisiones, desfiles procesionales y grupos escultóricos de otras Semanas Santas. Y, sin que me mueva la pasión, no hay procesiones con tanta belleza, profundidad y sensibilidad como, verbigracia, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente, la Hermandad de Penitencia, vulgo Capas Pardas; la Buena Muerte o el Juramento al Cristo de las Injurias. Ni tampoco cofradías tan completas como la Vera Cruz, Jesús Nazareno y Santo Entierro. Y no conozco desfiles procesionales femeninos, aunque también con un toque masculino, como Nuestra Madre y la Soledad. Ni, por supuesto, una cofradía de la Resurrección tan lograda, con una ruptura barroca respecto al resto de la Semana de Pasión.
La especial configuración del casco histórico, entre la Plaza Mayor y la Catedral, favorece ese toque de distinción de las hermandades zamoranas, como no tienen nada que ver las procesiones vespertinas con las penitenciales, como si fueran cofradías de ciudades diferentes.
El problema de los desfiles procesiones hallase en su masificación: miles de cofrades acompañan a un solo paso, cristos o vírgenes, que convocan al tedio del espectador. Y no existe solución a tales cuitas.
A la Semana Santa de Zamora no le falta nada, pudiera ser que viniera bien una nueva hermandad para la noche del Domingo de Ramos, y quizá le sobren cofrades. Y poco más. Además, creo que no hay ciudad de Castilla y León donde sus gentes sientan tanto los desfiles procesionales. Ese énfasis de entrega potencia la importancia de la Semana Santa de Zamora.
También me ha impresionado el saber estar de las gentes en las noches del Miércoles Santo y Jueves Santo. Miles de personas guardaron respetuoso silencio al paso de las procesiones del Cristo del Amparo y Jesús Yacente. Comportamiento excepcional.
Me he dedicado en este artículo de Lunes de Pascua a acentuar las luces de la Semana Santa de Zamora. No voy a buscar sombras. Allá cada cual con su conciencia. Eso sí, un detalle bochornoso: un cofrade, ataviado con la túnica y caperuz del Jesús Nazareno, quiso echar de la procesión de la Soledad a una hermana, porque le asomaba un mechón de cabello por la capa. Este hermano se creyó un ayatollah iraní. De vergüenza ajena.
Eugenio-Jesús de Ávila
El protagonista principal de la Semana Santa 2026 fue la bonanza meteorológica. El buen tiempo empujó al turismo de las principales ciudades de España a viajar durante esos días de fiesta. Zamora no ha sido una excepción en esa Pasión masificada, sino la regla del resto de la geografía nacional, con procesiones famosas o de carácter local.
Recibir a miles de personas en una ciudad como Zamora evidencia la falta de infraestructura turística de nuestra ciudad: Terrazas y restaurantes, sin sillas, ni mesas; hoteles y apartamentos hosteleros, llenos; aparcamientos, preñados de vehículos; las calles principales y las rúas del casco antiguo, colapsadas. El dinero ha corrido. Esencial. Una ciudad como la nuestra necesitaría, todos los meses, alguna actividad que tentara al turismo cultural, además del religioso, protagonizado por la Pasión.
Ya he comentado que, ha tiempo, por coherencia, me olvidé de mis cofradías y, por ende, de la Semana Santa. No obstante, aprecio los valores estéticos y religiosos de algunas hermandades y cofradías zamoranas. Conozco, a través de las televisiones, desfiles procesionales y grupos escultóricos de otras Semanas Santas. Y, sin que me mueva la pasión, no hay procesiones con tanta belleza, profundidad y sensibilidad como, verbigracia, la Penitente Hermandad de Jesús Yacente, la Hermandad de Penitencia, vulgo Capas Pardas; la Buena Muerte o el Juramento al Cristo de las Injurias. Ni tampoco cofradías tan completas como la Vera Cruz, Jesús Nazareno y Santo Entierro. Y no conozco desfiles procesionales femeninos, aunque también con un toque masculino, como Nuestra Madre y la Soledad. Ni, por supuesto, una cofradía de la Resurrección tan lograda, con una ruptura barroca respecto al resto de la Semana de Pasión.
La especial configuración del casco histórico, entre la Plaza Mayor y la Catedral, favorece ese toque de distinción de las hermandades zamoranas, como no tienen nada que ver las procesiones vespertinas con las penitenciales, como si fueran cofradías de ciudades diferentes.
El problema de los desfiles procesiones hallase en su masificación: miles de cofrades acompañan a un solo paso, cristos o vírgenes, que convocan al tedio del espectador. Y no existe solución a tales cuitas.
A la Semana Santa de Zamora no le falta nada, pudiera ser que viniera bien una nueva hermandad para la noche del Domingo de Ramos, y quizá le sobren cofrades. Y poco más. Además, creo que no hay ciudad de Castilla y León donde sus gentes sientan tanto los desfiles procesionales. Ese énfasis de entrega potencia la importancia de la Semana Santa de Zamora.
También me ha impresionado el saber estar de las gentes en las noches del Miércoles Santo y Jueves Santo. Miles de personas guardaron respetuoso silencio al paso de las procesiones del Cristo del Amparo y Jesús Yacente. Comportamiento excepcional.
Me he dedicado en este artículo de Lunes de Pascua a acentuar las luces de la Semana Santa de Zamora. No voy a buscar sombras. Allá cada cual con su conciencia. Eso sí, un detalle bochornoso: un cofrade, ataviado con la túnica y caperuz del Jesús Nazareno, quiso echar de la procesión de la Soledad a una hermana, porque le asomaba un mechón de cabello por la capa. Este hermano se creyó un ayatollah iraní. De vergüenza ajena.















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