ZAMORANA
Conviviendo con las guerras
Mª Soledad Martín Turiño
![[Img #107465]](https://eldiadezamora.es/upload/images/04_2026/7785_5985_4888_sole-1.jpg)
En medio de una sociedad cada vez más convulsa que está padeciendo ya los rigores de eso que llaman una guerra ilegal, (como si las guerras fueran legales), aunque ya sé que tal denominación, basada en el Derecho Internacional Humanitario, se define porque “prohíbe los medios y métodos de guerra que causen lesiones superfluas o sufrimiento innecesario”.
Comprobamos las consecuencias que se derivan de un conflicto con tantos países implicados, con el petróleo como arma de guerra, ya que el crudo es un valor en alza del que se nutre el mundo por eso, con la guerra dilatándose cada vez más, sufrimos sus efectos: aumentan los precios de casi todo, desde lo más básico hasta lo más superfluo; empiezan a escucharse voces en favor de racionar el combustible, hay una inflación económica generalizada…
El dinero y el poder son las bazas principales en las que se sustenta esta sociedad maquiavélica; estamos a merced de políticos megalómanos, insensatos, faltos de pudor y empatía, que desconocen lo que es la piedad ni la benevolencia hacia los más débiles a quienes arrastran a guerras perversas vagando hacia un destino desconocido una vez les han despojado de todo: bienes, casa, familia y hasta su propia identidad.
Nosotros en este primer mundo asistimos como espectadores de una masacre en la que ya no se utilizan bayonetas ni fusiles, y el cuerpo a cuerpo es la última opción; ahora se sofistican los medios de muerte mediante aviones furtivos, drones, misiles y otros artefactos de la modernidad.
Me pregunto si no somos todos un poco culpables por no levantar la voz, si es eficaz la diplomacia, por qué Europa no se mantiene unida y por qué ningún tertuliano de las múltiples charlas políticas y sociales que afloran constantemente en los medios de comunicación, no hablan de las víctimas; tal vez sea porque en nuestro cómodo mundo resulta demasiado prosaica una realidad tan trágica. Sí hacemos cuentas de los recursos energéticos, cuanto nos durarán si continúa el conflicto, las oscilaciones de los precios, los vaivenes de la Bolsa… pero ¿quién se detiene a pensar en los miles de hombres, mujeres y niños que están perdiendo la vida, a quienes han bombardeado sus casas, que malviven entre las ruinas sin ningún sitio donde estar a salvo y careciendo de condiciones estables de futuro para seguir adelante?
Esto se resume en un juego de poder entre presidentes de EEUU e Israel y su cruzada contra los terroristas que les ha llevado a una escalada por diversos países de Oriente Medio con graves consecuencias a nivel global. Cada día la guerra parece expandirse un poco más; lo que hace que apenas se hable ya de la de Ucrania y Rusia que llevan ya cuatro años de contienda, cosa grave, porque acostumbrarse a la guerra implica la normalización del horror.
![[Img #107465]](https://eldiadezamora.es/upload/images/04_2026/7785_5985_4888_sole-1.jpg)
En medio de una sociedad cada vez más convulsa que está padeciendo ya los rigores de eso que llaman una guerra ilegal, (como si las guerras fueran legales), aunque ya sé que tal denominación, basada en el Derecho Internacional Humanitario, se define porque “prohíbe los medios y métodos de guerra que causen lesiones superfluas o sufrimiento innecesario”.
Comprobamos las consecuencias que se derivan de un conflicto con tantos países implicados, con el petróleo como arma de guerra, ya que el crudo es un valor en alza del que se nutre el mundo por eso, con la guerra dilatándose cada vez más, sufrimos sus efectos: aumentan los precios de casi todo, desde lo más básico hasta lo más superfluo; empiezan a escucharse voces en favor de racionar el combustible, hay una inflación económica generalizada…
El dinero y el poder son las bazas principales en las que se sustenta esta sociedad maquiavélica; estamos a merced de políticos megalómanos, insensatos, faltos de pudor y empatía, que desconocen lo que es la piedad ni la benevolencia hacia los más débiles a quienes arrastran a guerras perversas vagando hacia un destino desconocido una vez les han despojado de todo: bienes, casa, familia y hasta su propia identidad.
Nosotros en este primer mundo asistimos como espectadores de una masacre en la que ya no se utilizan bayonetas ni fusiles, y el cuerpo a cuerpo es la última opción; ahora se sofistican los medios de muerte mediante aviones furtivos, drones, misiles y otros artefactos de la modernidad.
Me pregunto si no somos todos un poco culpables por no levantar la voz, si es eficaz la diplomacia, por qué Europa no se mantiene unida y por qué ningún tertuliano de las múltiples charlas políticas y sociales que afloran constantemente en los medios de comunicación, no hablan de las víctimas; tal vez sea porque en nuestro cómodo mundo resulta demasiado prosaica una realidad tan trágica. Sí hacemos cuentas de los recursos energéticos, cuanto nos durarán si continúa el conflicto, las oscilaciones de los precios, los vaivenes de la Bolsa… pero ¿quién se detiene a pensar en los miles de hombres, mujeres y niños que están perdiendo la vida, a quienes han bombardeado sus casas, que malviven entre las ruinas sin ningún sitio donde estar a salvo y careciendo de condiciones estables de futuro para seguir adelante?
Esto se resume en un juego de poder entre presidentes de EEUU e Israel y su cruzada contra los terroristas que les ha llevado a una escalada por diversos países de Oriente Medio con graves consecuencias a nivel global. Cada día la guerra parece expandirse un poco más; lo que hace que apenas se hable ya de la de Ucrania y Rusia que llevan ya cuatro años de contienda, cosa grave, porque acostumbrarse a la guerra implica la normalización del horror.















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