Miércoles, 08 de Abril de 2026

Jordi Gas
Miércoles, 08 de Abril de 2026
EDICIÓN 23

El estado del mundo (23)

Jordi Gas

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Después de la Segunda Guerra Mundial,1939-1945, la humanidad no había pasado por unos momentos tan críticos como los actuales: la guerra de Ucrania, el genocidio palestino en Gaza y ahora el ataque de los EE. UU. e Israel a Irán. Esta guerra contra Irán no se puede justificar debido al gobierno religioso y dictatorial iraní. Se está siguiendo un argumento parecido al que se argumentó en la guerra contra Irak en el 2003. Ni entonces este país disponía de armas de destrucción masiva, ni ahora Irán supone una amenaza nuclear para los EE. UU. y no es verdad que se han avanzado a un ataque iraní.


 Los gobiernos democráticos tendrían que seguir el ejemplo del gobierno español de Pedro Sánchez oponiéndose a Trump y no callar como hizo el canciller alemán al lado del presidente estadounidense. Según el derecho internacional, esta guerra es ilegal y la destrucción de una escuela con todas las niñas iraníes muertas no se puede catalogar de “daños colaterales” sino de un asesinato múltiple, un crimen contra la humanidad.
 Trump ha declarado que busca conseguir un cambio de régimen iraní hacia la democracia, pero esto no se puede asegurar. Cuando Saddam Husein fue derrocado en Irak por una invasión de los EE. UU. y Moammar al-Gaddafi en Libia por una rebelión interna, las consecuencias fueron el colapso de los estados, guerras civiles y muchas muertes. En vez de democracia, hubo un largo periodo de inestabilidad, violencia y crisis en los dos países.


 Creo que los motivos reales son dos. Por parte de los EE. UU., conseguir el control estratégico del golfo Pérsico con el estrecho de Ormuz, delante de la costa iraní, por donde pasa el 20% del petróleo mundial, mientras las industrias de las armas, del petróleo y del gas se benefician económicamente. Lo que pretende Israel es aniquilar a los enemigos que lo rodean, pero con violencia no conseguirá garantizar su seguridad, más bien al contrario, provocar más tensión y odio en la zona.


 La pacificación de esta zona, el Oriente Medio, pasa por una solución pactada del conflicto Israel-Palestina. Un acuerdo justo consistiría en la convivencia pacífica de los dos países de forma que el territorio palestino estuviera formado por Gaza y toda Cisjordania. Actualmente, un 60% de Cisjordania está bajo el control exclusivo de Israel con su política expansionista de asentamientos. Jerusalén pasaría a ser una ciudad abierta a las tres culturas: cristiana, judía y musulmana. Hoy por hoy, un acuerdo en estas condiciones no es posible.


 La gran mayoría de la población mundial quiere vivir en paz, así que tenemos que recuperar el “No a la guerra” del 2003. Hay demasiada separación en el mundo, entre personas, entre naciones y entre culturas. La paz solo se podrá conseguir con unión en vez de tanta separación, como dijo el escritor mexicano Juan Rulfo: “Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”.


 Por nuestra parte, no tenemos poder para parar una guerra, lo único que podemos hacer es contribuir a la paz en el mundo fomentando la paz a nuestro entorno con buenas relaciones. No podemos permitir que unos pocos nos lleven a la autodestrucción. Una minoría, ofuscada por el poder y por el dinero, no puede apagar el grito de la mayoría: “¡Basta ya de guerras, queremos vivir en paz!”

 

Jordi Gas

Catedrático de matemáticas jubilado y exprofesor universitario.

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