DENUNCIAS
Nuevas fuentes en Zamora mientras las antiguas se dejan morir
La ciudad anuncia instalaciones modernas, pero sigue sin cuidar las ya existentes
Desde el Ayuntamiento de Zamora se ha anunciado la instalación de nuevas fuentes de agua potable, destinadas tanto a personas como a mascotas. La iniciativa, en sí misma positiva, no supone sin embargo ninguna novedad, desde hace décadas, la ciudad ha contado con este tipo de equipamientos en parques, pistas deportivas, zonas ribereñas y el propio centro urbano. El problema no es la falta de fuentes, sino su progresiva desaparición y el deficiente mantenimiento de las que aún permanecen.
Fuentes que desaparecen sin explicación. Algunas han sido directamente eliminadas con el paso del tiempo. Es el caso de la fuente situada en la confluencia de San Torcuato con la calle del Riego, retirada tras años de inactividad y bajo la percepción de que “estorbaba”, como ocurrió también con parte del arbolado urbano. Algo similar sucedió en el parque infantil de la Plaza de Hacienda, donde la fuente fue suprimida para facilitar tomas de agua para ra abastecer las casetas durante las ferias de San Pedro. Finalizadas las fiestas, nunca volvió a instalarse, privando a los más pequeños de un servicio básico.
También resulta llamativo el caso de la fuente ubicada junto a la Puerta de Tajamar. Tras la remodelación de la zona se instaló junto a un banco que aún se conserva, pero la fuente terminó en el cauce del Duero poco tiempo después. Años más tarde fue recuperada de forma fortuita por un pescador, aunque jamás se repuso en su lugar original.
Instalaciones abandonadas o inoperativas. De las fuentes tradicionales, apenas quedan algunos ejemplos dispersos. En la zona de La Marina, cerca del templete, se conserva una para uso general y otra destinada a mascotas. Sin embargo, otras como las de la Plaza del Maestro o la Plaza del Mercado llevan tiempo sin funcionar. En cuanto a las que siguen operativas, su estado es desigual. Las ubicadas en Entrepuentes o en la avenida del Nazareno presentan soluciones poco estéticas y, en algunos casos, un funcionamiento irregular. Situación similar se repite en varias pistas deportivas de los barrios, donde las fuentes existen, pero no siempre cumplen su función.
Cuatro años sin mejoras. La entrada en funcionamiento de la nueva concesionaria de parques y jardines generó ciertas expectativas, ya que entre sus competencias se incluía el mantenimiento de estas instalaciones. Sin embargo, cuatro años después, la situación apenas ha mejorado. La falta de supervisión por parte del equipo de gobierno en el cumplimiento del contrato sigue repercutiendo directamente en la calidad de los servicios públicos y, en consecuencia, en los ciudadanos .Ante este escenario, resulta legítimo preguntarse si la prioridad debe ser instalar nuevas fuentes o garantizar que las ya existentes funcionen correctamente. Sería deseable que las nuevas instalaciones no corran la misma suerte que sus predecesoras y que el Ayuntamiento abandone una dinámica ya conocida, dejar deteriorar, eliminar y, finalmente, sustituir. Zamora no necesita más promesas, sino una gestión eficaz que combine la incorporación de nuevas infraestructuras con el cuidado del patrimonio urbano que aún perdura.
Manuel Herrero Alonso
Desde el Ayuntamiento de Zamora se ha anunciado la instalación de nuevas fuentes de agua potable, destinadas tanto a personas como a mascotas. La iniciativa, en sí misma positiva, no supone sin embargo ninguna novedad, desde hace décadas, la ciudad ha contado con este tipo de equipamientos en parques, pistas deportivas, zonas ribereñas y el propio centro urbano. El problema no es la falta de fuentes, sino su progresiva desaparición y el deficiente mantenimiento de las que aún permanecen.
Fuentes que desaparecen sin explicación. Algunas han sido directamente eliminadas con el paso del tiempo. Es el caso de la fuente situada en la confluencia de San Torcuato con la calle del Riego, retirada tras años de inactividad y bajo la percepción de que “estorbaba”, como ocurrió también con parte del arbolado urbano. Algo similar sucedió en el parque infantil de la Plaza de Hacienda, donde la fuente fue suprimida para facilitar tomas de agua para ra abastecer las casetas durante las ferias de San Pedro. Finalizadas las fiestas, nunca volvió a instalarse, privando a los más pequeños de un servicio básico.
También resulta llamativo el caso de la fuente ubicada junto a la Puerta de Tajamar. Tras la remodelación de la zona se instaló junto a un banco que aún se conserva, pero la fuente terminó en el cauce del Duero poco tiempo después. Años más tarde fue recuperada de forma fortuita por un pescador, aunque jamás se repuso en su lugar original.
Instalaciones abandonadas o inoperativas. De las fuentes tradicionales, apenas quedan algunos ejemplos dispersos. En la zona de La Marina, cerca del templete, se conserva una para uso general y otra destinada a mascotas. Sin embargo, otras como las de la Plaza del Maestro o la Plaza del Mercado llevan tiempo sin funcionar. En cuanto a las que siguen operativas, su estado es desigual. Las ubicadas en Entrepuentes o en la avenida del Nazareno presentan soluciones poco estéticas y, en algunos casos, un funcionamiento irregular. Situación similar se repite en varias pistas deportivas de los barrios, donde las fuentes existen, pero no siempre cumplen su función.
Cuatro años sin mejoras. La entrada en funcionamiento de la nueva concesionaria de parques y jardines generó ciertas expectativas, ya que entre sus competencias se incluía el mantenimiento de estas instalaciones. Sin embargo, cuatro años después, la situación apenas ha mejorado. La falta de supervisión por parte del equipo de gobierno en el cumplimiento del contrato sigue repercutiendo directamente en la calidad de los servicios públicos y, en consecuencia, en los ciudadanos .Ante este escenario, resulta legítimo preguntarse si la prioridad debe ser instalar nuevas fuentes o garantizar que las ya existentes funcionen correctamente. Sería deseable que las nuevas instalaciones no corran la misma suerte que sus predecesoras y que el Ayuntamiento abandone una dinámica ya conocida, dejar deteriorar, eliminar y, finalmente, sustituir. Zamora no necesita más promesas, sino una gestión eficaz que combine la incorporación de nuevas infraestructuras con el cuidado del patrimonio urbano que aún perdura.
Manuel Herrero Alonso















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