Mª Soledad Martín Turiño
Domingo, 12 de Abril de 2026
ZAMORANA

Manías

[Img #107534]Cada vez soporto menos las actitudes de la gente, así en masa, sobre todo cuando pretenden destacarse ante los demás en un escenario que pide silencio, ya sea un cine, una conferencia o una obra de teatro. El público asiste con un mutismo absoluto, pero de pronto, siempre hay alguien que carraspea ostensiblemente y, a continuación, para que todos nos demos cuenta, saca un caramelo del bolso, abre el envoltorio sin obviar ese clic-clic, por fin lo introduce en la boca, y entonces lo hace bailar entre los dientes hasta que da por concluido su minuto de gloria.

 

En las iglesias, es frecuente que la tos o el carraspeo, ejerza un efecto dominó y la primera persona que rompe el silencio es seguida por toses consecutivas hasta que los carraspeadores consideran que deben callarse.

 

Otro aspecto que detesto en las multitudes es el roce. No aguanto que en el autobús o en el tren, se produzcan hechos que me fastidian sobremanera. Si ocupo uno de los asientos y llega otra persona, rara es la vez que no pretende invadir también parte del mío, ya sea con el bolso si es una mujer, o acomodándose con las piernas abiertas, si es un hombre. Como estos medios de transporte van llenos de gente, siempre hay alguien que, al sujetarse en los asideros, se permitan asir también la mano de la persona que hace lo mismo o, cuando van a bajar del colectivo, agarran sin piedad el brazo ajeno pese a que nadie les haya dado permiso para hacerlo.

 

Estas pequeñas manías que siempre he tenido, ahora obviamente agudizadas por la edad, tienen mucho que ver con mi propia formación en sociedad, ya que nunca me he permitido destacar, llamar la atención, y mucho menos invadir espacios ajenos; en lugar de eso, me empequeñezco tanto como puedo en mi asiento al objeto de no ser molesta para nadie.

 

A mucha gente como yo, que nos educaron en las famosas y denostadas “reglas de urbanidad”, cuya función era observar buenos modales, trato amable, comportamiento adecuado en cada situación, convivencia social, (incluyendo interacciones con los demás), educación y respeto, nos los inculcaron con tal intensidad, que se nos han quedado prendidos al ADN; por eso me molesta tanto ver que mucha gente –joven y mayor- no los tiene en cuenta en la vida diaria.

 

Dado que somos seres sociales, todos interactuamos en esta sociedad y, al no ser eremitas para evitar dar cuenta de nuestros modales, hemos de observar unas pautas de comportamiento que eviten molestar a los otros. Dejo aparte mis manías que, probablemente, no sean un ejemplo para nadie, aunque repito que cuando se producen, me incomodan a más no poder.

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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