DENUNCIAS
El eterno remiendo de San Atilano, una obra que nace ya deteriorada
Tras semanas de vallas y molestias, la reparación del entorno de San Andrés evidencia falta de calidad y control municipal.
La retirada de las vallas en la calle de San Andrés y su entorno, tras semanas de obras, debía suponer una mejora para vecinos y usuarios. Sin embargo, la realidad ha sido bien distinta, el resultado final presenta deficiencias visibles desde el primer momento, dejando la sensación de que la intervención nace ya con fecha de caducidad. Durante todo este tiempo, residentes y usuarios del aparcamiento de la Plaza de la Constitución han tenido que soportar cortes, dificultades de acceso y molestias continuadas. Un periodo que, sin ser de meses, sí ha resultado lo suficientemente prolongado como para exigir, al menos, un resultado acorde.
No es un problema nuevo. Ya tras la renovación inicial, desde la oposición municipal, en aquel momento el PSOE, se advirtió con claridad de los importantes defectos en la ejecución de la obra. Unas críticas que entonces fueron minimizadas y que, sin embargo, el paso del tiempo ha terminado por confirmar, sin que ahora desde el equipo de gobierno parezca existir la misma disposición a reconocerlos. Calles como Renova o Martínez Villergas han seguido el mismo patrón, baldosas que se hunden, se rompen o se levantan poco después de cada actuación, generando un bucle constante de reparaciones.
La cuestión va más allá de una simple ejecución deficiente. Estas zonas, aunque peatonales, soportan el tránsito habitual de vehículos esenciales, transporte público, reparto, taxis, servicios de limpieza o emergencias. Sin una base adecuada, el pavimento termina deteriorándose rápidamente, afectando tanto a la seguridad como a la comodidad de los peatones. Limitarse a recolocar adoquines de forma superficial no resuelve el problema. Al contrario, prolonga una situación que se repite intervención tras intervención, con resultados cada vez más cuestionables.
A ello se suma la duda sobre el control municipal de las obras. Resulta difícil entender cómo se dan por finalizados trabajos cuyo acabado no cumple unos mínimos de calidad visibles a simple vista. La falta de supervisión, o de exigencia, convierte estas actuaciones en un gasto poco eficaz de recursos públicos. Zamora no puede permitirse obras que duran menos que las propias molestias que generan. Lo ocurrido en San Andrés y su entorno vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de soluciones técnicas duraderas y una mayor exigencia en la ejecución de los trabajos. Los vecinos no reclaman grandes proyectos, sino algo mucho más básico, obras bien hechas que no obliguen a repetir, una y otra vez, los mismos errores.
Manuel Herrero Alonso
La retirada de las vallas en la calle de San Andrés y su entorno, tras semanas de obras, debía suponer una mejora para vecinos y usuarios. Sin embargo, la realidad ha sido bien distinta, el resultado final presenta deficiencias visibles desde el primer momento, dejando la sensación de que la intervención nace ya con fecha de caducidad. Durante todo este tiempo, residentes y usuarios del aparcamiento de la Plaza de la Constitución han tenido que soportar cortes, dificultades de acceso y molestias continuadas. Un periodo que, sin ser de meses, sí ha resultado lo suficientemente prolongado como para exigir, al menos, un resultado acorde.
No es un problema nuevo. Ya tras la renovación inicial, desde la oposición municipal, en aquel momento el PSOE, se advirtió con claridad de los importantes defectos en la ejecución de la obra. Unas críticas que entonces fueron minimizadas y que, sin embargo, el paso del tiempo ha terminado por confirmar, sin que ahora desde el equipo de gobierno parezca existir la misma disposición a reconocerlos. Calles como Renova o Martínez Villergas han seguido el mismo patrón, baldosas que se hunden, se rompen o se levantan poco después de cada actuación, generando un bucle constante de reparaciones.
La cuestión va más allá de una simple ejecución deficiente. Estas zonas, aunque peatonales, soportan el tránsito habitual de vehículos esenciales, transporte público, reparto, taxis, servicios de limpieza o emergencias. Sin una base adecuada, el pavimento termina deteriorándose rápidamente, afectando tanto a la seguridad como a la comodidad de los peatones. Limitarse a recolocar adoquines de forma superficial no resuelve el problema. Al contrario, prolonga una situación que se repite intervención tras intervención, con resultados cada vez más cuestionables.
A ello se suma la duda sobre el control municipal de las obras. Resulta difícil entender cómo se dan por finalizados trabajos cuyo acabado no cumple unos mínimos de calidad visibles a simple vista. La falta de supervisión, o de exigencia, convierte estas actuaciones en un gasto poco eficaz de recursos públicos. Zamora no puede permitirse obras que duran menos que las propias molestias que generan. Lo ocurrido en San Andrés y su entorno vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de soluciones técnicas duraderas y una mayor exigencia en la ejecución de los trabajos. Los vecinos no reclaman grandes proyectos, sino algo mucho más básico, obras bien hechas que no obliguen a repetir, una y otra vez, los mismos errores.
Manuel Herrero Alonso

















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