ZAMORANA
Quiero Zamora
Quiero llenarme los ojos de esta Zamora que hoy ha amanecido triste, que luce sin sol, con el cálido abrazo del viento azotando los rostros y sublevando también las aguas del Duero.
Quiero llenarme los ojos de cúpulas de iglesias, de torres, de nidos, de puentes, de agua, de aceñas, de árboles y de silencio.
Quiero preservar en mi rutina esta panorámica desde el puente donde la ciudad se eleva sobre sus murallas pétreas y el Duero discurre circundándola con dulce benevolencia.
Quiero que mis ojos se empapen con la vista de estos monumentos, con el olor de este aire, y el ruido del río que genera una especie de ronroneo para acompañar los pasos lentos de la gente que camina sin prisas por los senderos que orillan el Duero.
Quiero cruzarme con personas conocidas cuando camino las calles una y otra vez; por eso les busco con la mirada y observo los gestos, las arrugas en sus caras, o su forma de caminar en las muchas personas mayores que, aun siendo dependientes, se animan a pasear con ayuda de sus bastones, andadores o sillas de ruedas. Me gusta que Santa Clara y las Rúas se llenen de grupos de turistas que se embelesan escuchando al guía y observando las iglesias o los edificios modernistas que, a más de uno, dejan con la boca abierta.
Quiero vivir en la certidumbre de que la bien cercada no se quedará aislada dentro de sus murallas, que saldrá al exterior, que se la conocerá por sus eventos de carácter nacional e internacional; que el Patronato de Turismo hará de Zamora una cita “esencial” como dice en sus folletos, publicitando por doquier sus fortalezas, desde la llanura hasta los humedales, potenciando el paisaje, pero también la cultura rural, haciendo una semblanza de lo que fue en su día el vivir del sector agroganadero al que tanto hemos de agradecer.
Quiero que la provincia se prepare con todos los servicios que precise para que se asienten empresas que atraigan gentes nuevas y reactiven la actividad… porque quiero, sobre todo, una Zamora libre, sin complejos, con carácter y un palpitar de generaciones nuevas que no la abandonen seducidas por otros lugares que les ofrezcan mejores oportunidades.
Mª Soledad Martín Turiño
Quiero llenarme los ojos de esta Zamora que hoy ha amanecido triste, que luce sin sol, con el cálido abrazo del viento azotando los rostros y sublevando también las aguas del Duero.
Quiero llenarme los ojos de cúpulas de iglesias, de torres, de nidos, de puentes, de agua, de aceñas, de árboles y de silencio.
Quiero preservar en mi rutina esta panorámica desde el puente donde la ciudad se eleva sobre sus murallas pétreas y el Duero discurre circundándola con dulce benevolencia.
Quiero que mis ojos se empapen con la vista de estos monumentos, con el olor de este aire, y el ruido del río que genera una especie de ronroneo para acompañar los pasos lentos de la gente que camina sin prisas por los senderos que orillan el Duero.
Quiero cruzarme con personas conocidas cuando camino las calles una y otra vez; por eso les busco con la mirada y observo los gestos, las arrugas en sus caras, o su forma de caminar en las muchas personas mayores que, aun siendo dependientes, se animan a pasear con ayuda de sus bastones, andadores o sillas de ruedas. Me gusta que Santa Clara y las Rúas se llenen de grupos de turistas que se embelesan escuchando al guía y observando las iglesias o los edificios modernistas que, a más de uno, dejan con la boca abierta.
Quiero vivir en la certidumbre de que la bien cercada no se quedará aislada dentro de sus murallas, que saldrá al exterior, que se la conocerá por sus eventos de carácter nacional e internacional; que el Patronato de Turismo hará de Zamora una cita “esencial” como dice en sus folletos, publicitando por doquier sus fortalezas, desde la llanura hasta los humedales, potenciando el paisaje, pero también la cultura rural, haciendo una semblanza de lo que fue en su día el vivir del sector agroganadero al que tanto hemos de agradecer.
Quiero que la provincia se prepare con todos los servicios que precise para que se asienten empresas que atraigan gentes nuevas y reactiven la actividad… porque quiero, sobre todo, una Zamora libre, sin complejos, con carácter y un palpitar de generaciones nuevas que no la abandonen seducidas por otros lugares que les ofrezcan mejores oportunidades.
Mª Soledad Martín Turiño

















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