REFLEXIONES URBANAS
La envidia, una de las causas de la decadencia de Zamora
Eugenio-Jesús de Ávila
Las personas envidiosas muestran una profunda insatisfacción con su inteligencia, físico y patrimonio económico. Envidian siempre a las gentes más guapas, cultas y adineradas. Proyectan su odio por ser como son, por sus carencias de todo tipo, al prójimo que destaca por esas bondades intelectuales, estéticas y económicas. El envidioso siempre será reo de sus pecados hasta el final de sus días, morirá con un tumor de rencor en su corazón.
El envidioso renueva, a lo largo de su vida, su lista de envidiados. Siempre surgen personalidades que destacan a las que estas almas en pena persiguen con sus calumnias, denigraciones, maledicencias.
La envidia no te deja vivir. La única satisfacción para el envidioso consiste en que una persona envidiada fracase en el amor o la empresa. Goza más con el descalabro del prójimo que con la gloria propia. El hombre y la mujer, cargados de rencor, nunca miran hacia su interior, porque les repugnarían sus almas. Viven solo para contemplar el mal ajeno, la caída de las gentes envidiadas.
En pequeñas comunidades, en ciudades como la nuestra, los envidiosos realizan una labor de zapa constante, causando enormes daños en su economía, en su supervivencia. Cuando la envidia se apodera de una sociedad la enferma hasta destruirla. El progreso se paraliza cuando el rencor maneja la mentalidad colectiva de cualquier ciudad.
Zamora ha sido y es, ojalá no lo sea en el futuro, víctima de esa ideología basada en la envidia, que llegó incluso a los partidos políticos, donde los mediocres suelen condenar al ostracismo a los inteligentes. Y así nos va. Vivimos en la provincia con menor actividad económica de España, la más envejecida y la que bate marcas en despoblación. Pero mientras la envidia controle a nuestra comunidad, Zamora seguirá ocupando las últimas posiciones en las clasificaciones del progreso.
Eugenio-Jesús de Ávila
Las personas envidiosas muestran una profunda insatisfacción con su inteligencia, físico y patrimonio económico. Envidian siempre a las gentes más guapas, cultas y adineradas. Proyectan su odio por ser como son, por sus carencias de todo tipo, al prójimo que destaca por esas bondades intelectuales, estéticas y económicas. El envidioso siempre será reo de sus pecados hasta el final de sus días, morirá con un tumor de rencor en su corazón.
El envidioso renueva, a lo largo de su vida, su lista de envidiados. Siempre surgen personalidades que destacan a las que estas almas en pena persiguen con sus calumnias, denigraciones, maledicencias.
La envidia no te deja vivir. La única satisfacción para el envidioso consiste en que una persona envidiada fracase en el amor o la empresa. Goza más con el descalabro del prójimo que con la gloria propia. El hombre y la mujer, cargados de rencor, nunca miran hacia su interior, porque les repugnarían sus almas. Viven solo para contemplar el mal ajeno, la caída de las gentes envidiadas.
En pequeñas comunidades, en ciudades como la nuestra, los envidiosos realizan una labor de zapa constante, causando enormes daños en su economía, en su supervivencia. Cuando la envidia se apodera de una sociedad la enferma hasta destruirla. El progreso se paraliza cuando el rencor maneja la mentalidad colectiva de cualquier ciudad.
Zamora ha sido y es, ojalá no lo sea en el futuro, víctima de esa ideología basada en la envidia, que llegó incluso a los partidos políticos, donde los mediocres suelen condenar al ostracismo a los inteligentes. Y así nos va. Vivimos en la provincia con menor actividad económica de España, la más envejecida y la que bate marcas en despoblación. Pero mientras la envidia controle a nuestra comunidad, Zamora seguirá ocupando las últimas posiciones en las clasificaciones del progreso.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.221