Mª Soledad Martín Turiño
Domingo, 19 de Abril de 2026
ZAMORANA

Delincuencia a pie de calle

Mª Soledad Martín Turiño

No valoramos lo cotidiano; el hecho de hacer cada jornada las mismas cosas, esa rutina que no hace diferentes los días, sino que los varía parcialmente, no deja de ser una garantía de seguridad para muchas personas que se instalan en esa comodidad; por lo general suele ser gente mayor para quienes lo novedoso puede convertirse en un sobresalto; o bien personas un tanto abúlicas que se sienten cómodas en sus hábitos rutinarios.

 

Una nota discordante, un hecho diferente, una noticia que nos sobresalta, cualquier cosa puede ser el detonante que nos cambie drásticamente la vida de un momento a otro. Le ocurrió a alguien cercano que perdió el móvil o, mejor dicho, se lo robaron unas manos hábiles. Como tenemos la mala costumbre de que el teléfono se haya convertido en una prolongación de nosotros mismos, en él reside una parte de nuestra vida: mensajes, fotografías, aplicaciones, tarjetas, DNI, contactos… en fin, todo está ahí y cuando se pierde, la sensación que deja, aparte de un grave inconveniente si además del móvil el ladrón ha aprovechado para sablearnos las cuentas bancarias, es un listado de tareas que hay que hacer lo más rápidamente posible: dar de baja a las tarjetas, al propio móvil, avisar a los contactos de lo ocurrido por si, suplantando la personalidad del dueño, se le ocurre al ladrón implicarles también;  poner una denuncia en comisaría… pero, tal vez lo peor de todo es la sensación de vulnerabilidad que nos deja en un estado de angustia y de malestar emocional difícilmente superable.

 

Yo, que siempre he querido creer que hay más gente buena que mala, empiezo a pensar en variar los términos, porque la vida me demuestra a diario que en esta sociedad sin valores se está instaurando una delincuencia intimidante que antes no era tan habitual; lo que hace que uno vaya por la calle sospechando de todo el mundo, asegurando bien la cartera o el bolso y con un cierto miedo porque el siguiente en ser desvalijado puede ser quien menos se espera. Pero si ya el hecho de un robo es detestable, se convierte en cruel cuando se le aplica a personas mayores o vulnerables.

 

Cada vez confío menos en esta sociedad que se está convirtiendo en peligrosa, donde hay que ir bien pertrechado para evitar disgustos y en la que no caben los principios básicos de rectitud y probidad que nos enseñaron a muchos en la escuela; tal vez sea porque hemos abierto la puerta a personas que no formamos, que llegan aquí como si España fuera El Dorado y luego, al no facilitarles unas mínimas condiciones de vida, se ven obligadas a delinquir; o quizá porque vivimos dejando de lado las normas básicas de convivencia, sabiendo que a los cuerpos de seguridad no se les dota de las atribuciones necesarias para castigar a estos delincuentes; lo cierto es que nos vemos obligados a desconfiar unos de otros como única defensa contra la traición.

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.12

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.