NOTAS DEL PENSAMIENTO
Arrestados por las cuadrillas del libertinaje
José Antonio Ávila López
![[Img #107798]](https://eldiadezamora.es/upload/images/04_2026/3258_9041_6798_3376_4773_5979_7931_2221_9722_3791_7214_7178_4668_4135_5806_6875_9464_157_66_796_7527_7494_4029_5358_389_4159_2973_jose-antonio-avila-lopez.jpg)
No hace mucho leí en una columna de opinión que “gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada, pero es que al gobernante tampoco”. Y si miramos a nuestro alrededor podríamos decir que se acerca a esta endiablada actualidad, donde uno sabe como empieza la semana pero sin dar un duro a lo que pueda acontecer al final de ella. Hace tiempo que versiones políticas y comunicativas nos refrendan este mal fario en el que nos encontramos “entre la libertad de expresión y opinión”, o la veracidad de los hechos, y esta veracidad se encuentra excesivamente manoseada justificando los excesos de una parte o respaldando al vocero idolatrado, y lo que está claro es que “malinterpretar los derechos fundamentales no le pasa a nadie ni por defecto ni por exceso”. Las semanas, desde lo local hasta lo internacional, empiezan a doler en demasía ante tanta inoperancia política y tantas mentiras. Algo nos pasa como sociedad cuando somos beligerantes con los que se atreven a dar voz a sus infames posiciones mientras escurrimos el bulto ante quienes señalan a los divergentes. Seguimos olvidándonos de nuestros fundamentos constitucionales como pueblo para endiosar a quienes simplemente nos representan por mandato democrático. Le damos crédito y poder a esas “pandillas” con las que se hace el trabajo sucio dentro de la sociedad, y eso es una estrategia social que aísla a quienes apostamos por el argumento del entendimiento y la mejora, pero en cambio, agrupa a esos “indecentes digitales” que se marcan sus argumentos con la falsedad repetitiva y las palabras oscuras. La actitud sobre la opinión se detiene en excesivos estorbos para seguir esquivando a la crítica constructiva. Mientras tanto, continuamos “arrestados ante esas pandillas” que asaltan nuestra opinión a golpe de insulto o, peor aún, de señalamiento público, y en eso es especialista la izquierda política, es más, es su forma de hacer política. Hace tiempo que ganaron la partida “esas cuadrillas que susurran libertinaje para convertirse en los nuevos caciques” que niegan la política como bien común para hacer su propia política barriobajera.
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No hace mucho leí en una columna de opinión que “gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada, pero es que al gobernante tampoco”. Y si miramos a nuestro alrededor podríamos decir que se acerca a esta endiablada actualidad, donde uno sabe como empieza la semana pero sin dar un duro a lo que pueda acontecer al final de ella. Hace tiempo que versiones políticas y comunicativas nos refrendan este mal fario en el que nos encontramos “entre la libertad de expresión y opinión”, o la veracidad de los hechos, y esta veracidad se encuentra excesivamente manoseada justificando los excesos de una parte o respaldando al vocero idolatrado, y lo que está claro es que “malinterpretar los derechos fundamentales no le pasa a nadie ni por defecto ni por exceso”. Las semanas, desde lo local hasta lo internacional, empiezan a doler en demasía ante tanta inoperancia política y tantas mentiras. Algo nos pasa como sociedad cuando somos beligerantes con los que se atreven a dar voz a sus infames posiciones mientras escurrimos el bulto ante quienes señalan a los divergentes. Seguimos olvidándonos de nuestros fundamentos constitucionales como pueblo para endiosar a quienes simplemente nos representan por mandato democrático. Le damos crédito y poder a esas “pandillas” con las que se hace el trabajo sucio dentro de la sociedad, y eso es una estrategia social que aísla a quienes apostamos por el argumento del entendimiento y la mejora, pero en cambio, agrupa a esos “indecentes digitales” que se marcan sus argumentos con la falsedad repetitiva y las palabras oscuras. La actitud sobre la opinión se detiene en excesivos estorbos para seguir esquivando a la crítica constructiva. Mientras tanto, continuamos “arrestados ante esas pandillas” que asaltan nuestra opinión a golpe de insulto o, peor aún, de señalamiento público, y en eso es especialista la izquierda política, es más, es su forma de hacer política. Hace tiempo que ganaron la partida “esas cuadrillas que susurran libertinaje para convertirse en los nuevos caciques” que niegan la política como bien común para hacer su propia política barriobajera.


















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