Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 24 de Abril de 2026
ZAMORANA

Después de la tempestad viene la calma

Mª Soledad Martín Turiño

Los sentimientos le confunden, se enredan, complican la existencia de quien solo quiere un poco de paz en medio de la marabunta que azota un mundo del que no podemos abstraernos; pero, cuando sin saber el motivo e incluso partiendo de una gozosa placidez, ya sea por culpa de un recuerdo o un remordimiento que ataca con furia durante un instante, se reabren las sensibilidades hasta dominarnos por completo, llega la perdición.

 

El mejor recurso es mantener un estado de ánimo estable en todo momento, insensible diría, para que no nos afecten demasiado ni las buenas noticias, ni las malas. Esto no lo digo yo, es el fruto de varias sesiones de terapia que recibió un buen amigo que atravesaba una crisis existencial o, dicho de otro modo, había caído en ese pozo profundo de donde tanto cuesta salir. Llevado por su infortunio e incapaz de que su propia razón siguiera dándole consejos inútiles, apostó por acudir a un especialista que le aplacara el infierno en que se había convertido su existencia.

 

Las consultas fueron seguidas rigurosamente y el conocimiento que extrajo de ellas resultó ser la Biblia, aunque en realidad, cada vez que acudía al psicólogo, el mero hecho de hablar y escucharse aplacaba su ánimo; a veces incluso sentía la sonrisa del terapeuta cuando él mismo respondía a sus propias preguntas, pero lo cierto es que cuando terminaban las sesiones se sentía gratamente redimido, como si poco a poco aquel peso que cargaba desde hacía tiempo se deshiciera con las aquellas pláticas.

 

Empezó a salir a la calle, a reanudar la partida con los amigos, a sociabilizar, manteniendo siempre una sonrisa en el rostro. Aquella estrategia le ayudó, y no era una mueca, sino que la sonrisa le salía de dentro y, sin quererlo, se fue diluyendo aquel rictus de amargura que durante tiempo había permanecido en su rostro.

 

Según me dijo, desconocía como se había obrado el milagro; las sesiones de terapia habían sido fundamentales, eso era un hecho; pero su propio descubrimiento no era menor: verbalizar su dolencia en voz alta acallaba las voces negativas que, espontáneamente, escapaban de su alma atormentada e impedía que fueran ellas las que dominaran. Por otra parte, el hecho de salir a la calle, de abandonar aquel estado mantenido de postración en que se encontraba, con la casa desordenada, restos de comida por todas partes, cajas de cigarrillos esparcidos tras fumar sin descanso encendiendo un pitillo con el anterior, fue esencial; sobre todo cuando llegó su asistenta, descubrió aquel caos y, literalmente, le echó a la calle. Todo había sido providencial y entonces recordó la frase que pronunció Sócrates ante sus alumnos, se cree que tras una discusión con su esposa: “después de la tempestad, viene la calma”

 

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.14

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.