IDA Y VUELTA
Litín de mi corazón
Laura Fernández Salvador
Lito era un pequeño cachorro que llegó a casa de Jimena por caprichos del destino. Él buscaba hogar y Jimena, que tenía y tiene el corazón más grande que se pueda tener, lo acogió en su casa. Le dio un techo, como a tantos otros, y lo cuidó y lo mimó mientras la protectora le encontraba un hogar. Lo que no sabía Jimena por aquel entonces es que ese pequeño, que destrozaba todo a su paso y revolucionó su tranquilo apartamento de Lavapiés, ya había encontrado casa, o mejor dicho, ya había encontrado familia. Lito llegó para quedarse y Jimena no tardó en darse cuenta.
Y, así, la familia crecío, porque mi amiga Jimena ya había hecho lo propio años antes con su querida Paca, ‘la paculina’, una teckel de pelo duro que era su más fiel y pura compañera. Una extensión de ella misma que acogió a Lito con el mismo amor que su humana, que la tenía bien enseñada a ser amable con todos los peludos que traía en acogida cada poco tiempo a casa. Y es que el amor se hereda, no por sangre, sino por ser y por estar. Y en esta peculiar familia, Paca lo heredó de Jimena, al igual que Lito, que ejerció ese don con todos los que vinieron después.
Recuerdo bien a ese Lito que llegó hace ya más años de los que quiero reconocer, cuando Jime vivía en Madrid, cuando yo vivía en Madrid. Cuando trabajábamos juntas y nos veíamos a diario. Cuando merendábamos y nos hacíamos amigas. Cuando yo descubría el amor inmenso que se puede tener por los animales en carne propia y en ajena.
Cierro los ojos y veo a Litín, ese revolucionario lleno de energía que hacía más divertidos los días de mi querida Jime. El rey Lito.
Un rey que cruzó el océano para regresar a la Argentina natal de su dueña y que acogió con el amor heredado a Néstor, otro peludín más en la familia. Un rey que acompañó a mi amiga en los momentos difíciles, en el adiós a Paca y en el adiós a Néstor, un adiós que ya le costó digerir. Un rey que merecía descansar.
Litín de mi corazón. Cuánto amor diste, y cuánto amor te llevas.
Mi querida Jimena. Qué bien lo hiciste. Cuánto amor das, cuánto amor diste y cuánto amor te quedas.
Lito era un pequeño cachorro que llegó a casa de Jimena por caprichos del destino. Él buscaba hogar y Jimena, que tenía y tiene el corazón más grande que se pueda tener, lo acogió en su casa. Le dio un techo, como a tantos otros, y lo cuidó y lo mimó mientras la protectora le encontraba un hogar. Lo que no sabía Jimena por aquel entonces es que ese pequeño, que destrozaba todo a su paso y revolucionó su tranquilo apartamento de Lavapiés, ya había encontrado casa, o mejor dicho, ya había encontrado familia. Lito llegó para quedarse y Jimena no tardó en darse cuenta.
Y, así, la familia crecío, porque mi amiga Jimena ya había hecho lo propio años antes con su querida Paca, ‘la paculina’, una teckel de pelo duro que era su más fiel y pura compañera. Una extensión de ella misma que acogió a Lito con el mismo amor que su humana, que la tenía bien enseñada a ser amable con todos los peludos que traía en acogida cada poco tiempo a casa. Y es que el amor se hereda, no por sangre, sino por ser y por estar. Y en esta peculiar familia, Paca lo heredó de Jimena, al igual que Lito, que ejerció ese don con todos los que vinieron después.
Recuerdo bien a ese Lito que llegó hace ya más años de los que quiero reconocer, cuando Jime vivía en Madrid, cuando yo vivía en Madrid. Cuando trabajábamos juntas y nos veíamos a diario. Cuando merendábamos y nos hacíamos amigas. Cuando yo descubría el amor inmenso que se puede tener por los animales en carne propia y en ajena.
Cierro los ojos y veo a Litín, ese revolucionario lleno de energía que hacía más divertidos los días de mi querida Jime. El rey Lito.
Un rey que cruzó el océano para regresar a la Argentina natal de su dueña y que acogió con el amor heredado a Néstor, otro peludín más en la familia. Un rey que acompañó a mi amiga en los momentos difíciles, en el adiós a Paca y en el adiós a Néstor, un adiós que ya le costó digerir. Un rey que merecía descansar.
Litín de mi corazón. Cuánto amor diste, y cuánto amor te llevas.
Mi querida Jimena. Qué bien lo hiciste. Cuánto amor das, cuánto amor diste y cuánto amor te quedas.



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.142