Luis Felipe Delgado de Castro
Domingo, 03 de Mayo de 2026
REFLEXIONES

La Cruz de Mayo

Luis Felipe Delgado de Castro

 

Hoy es el día de la Cruz de Mayo. Este año ya no está José Ángel para recordármelo, “por si se te hubiera olvidado”, decía. Por ti, querido cura, llegué a saber de esta fiesta y procesión sanfrontinas ya que tan solo conocía la de la Vera Cruz, por la tarde, que iba hacia la catedral con su paso insignia del Jueves Santo, para adorar la reliquia de la cruz de carne, sin que faltasen los dos Felipes de mi sangre, abuelo y tío, ambos, nobles servidores de esa legendaria cofradía.  


Tú, José Ángel, me hablaste de la antigua costumbre de la cofradía del Señor y de la Santa Cruz del propio barrio, de celebrar en este día una procesión, cargada de sencilla y devota religiosidad que le daba aquella buena gente. Y a ti te lo debió contar José Manuel Martín Lostau, otro infatigable apóstol de la devoción al Nazareno hasta el último día de su vida, hace poco más de un mes, en la víspera del regreso de la Imagen a su iglesia. 
Luego, el calendario litúrgico, modificado tras el Concilio, decidió fundir en una sola fecha, el 14 de septiembre, las distintas conmemoraciones de la Cruz, exaltación e invención, pero la estampa devota del tres de mayo estaba ya tan arraigada en tantos lugares que no sólo se ha mantenido sino que ha cobrado nueva fuerza y se celebra con la mayor solemnidad eclesial y popular.


 En aquel trasiego litúrgico, ambas procesiones locales, la del barrio y la de la ciudad, desaparecieron. Muchos años más tarde, felizmente ambas han vuelto al culto de la calle, el día 14 de septiembre o fecha próxima. 
Con tu narración, José Ángel, pude imaginar y describir aquella procesión y así la cuento. En este día de mayo, al amanecer, los hortelanos y labradores de San Frontis sacaban a su Cristo en procesión, como Nazareno que era y es de rogativas, y lo llevaban a bendecir los campos y a pedirle que, aunque tuviese sus manos agarradas a la cruz, bendijese con su mirada sus trabajos, sus cosechas y alejase el pedrisco que de vez en cuando venía desbocado por Palomares y era un sombrío presagio para las huertas, a punto ya de flores y frutos. Era muy temprano. La luz, aunque todavía no había alcanzado a encender todo el barrio, ya venía resplandeciente sobre el río, y caminaba tras el Nazareno hasta su antigua ermita para, una vez allí, extenderse como una bendición iridiscente por todos los huertos y tierras de labor del contorno. 


También, José Ángel, me enseñaste a ver que la fe de pueblo es la más sencilla y verdadera. Y la de este barrio, aún más. Porque sabías que tus convecinos confían tanto en Él que apoyan en esa cruz que carga al hombro, todos sus afanes, sueños, lutos y alegrías. Es decir, la misma vida. Como lo hicieron siempre desde que el barrio es barrio y el Nazareno se avecindó en él. 


Hoy, día de la Cruz de mayo, he querido traer su mirada y su cruz a esta pequeña ventana a la que me asomo, y besar la memoria de este buen hombre, sacerdote, que entrelazaba siempre mi amistad con su plegaria y las ponía juntas a los pies del Nazareno. Y así se nos ve a los dos en la fotografía bajo el amparo de su cruz.
Hoy, además, esta festividad de la Cruz coincide con el día de la Madre, la mujer a la que cargamos tantas veces con la cruz de nuestra vida titubeante o atascada y la supo llevar siempre con tanto amor y gallardía. Casi como Él. 


Unidos pues, el recuerdo del Nazareno y de la madre, no puede presentarse un día más hermoso. Será así, no lo dudo.

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia
CAPTCHA

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.255

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.