1º DE MAYO
Los trabajadores pasaron
¿Acaso estamos en el ocaso de los obreros? ¿Es que solo trabajan ellos? Mi amigo, un célebre escritor holandés que vivía en Nueva York, se quejaba mientras tomábamos una cerveza bajo los rascacielos porque su novia le recriminaba al contemplarle tumbado en el sofá: ¡perezoso! Pero me confesaba que era entonces cuando echaba su imaginación a volar para la siguiente novela, y yo le comprendía.
No pocos me reprochan ser un gran vividor, ya que puedo llevarme a menudo el despacho a un lugar paradisíaco cualquiera para estimularme, mi agenda, apuntes, los libros... No como ahora, cuando tecleo en el ordenador sobre las teclas del adormecido piano de mi casa, mientras escucho la plácida música de Satie en el reproductor electrónico. Un gran plato de cobre, renacentista en su factura, me muestra fiestas orgiásticas con antiguos danzantes y pífanos, pero escribo por la mañana, nada de arrebatos báquicos: el café penetra mis venas con sangre negra y despierta. No solo trabajan los obreros, que ya muchos están en peligro de extinción, me refiero a los clásicos, a los de las fábricas, y es que estas huyeron al Oriente, con muy bajos salarios, casi esclavos allí donde plantaron sus industrias los grandes empresarios, para conseguir más beneficios.
Ahora son los repartidores de las grandes compañías internacionales, los cajeros en los supermercados, los vigilantes jurados y otros quienes padecen salarios mínimos combinados con tristes situaciones laborales. Resulta sensato haber tejido legislaciones que amparen a los más débiles y librar a los trabajadores de los abusos. Así se han evitado las sangrientas revueltas de antaño. También se generaron nuevas injusticias usando las leyes contra las empresas, pero... Muchos han vivido sin vivir, encadenados a máquinas o en reducidos comercios y sin apenas vacaciones o descanso: el domingo les libraba, como celebración religiosa, de la opresión de los ávidos y terribles empresarios que denuncian Marx o Bakunin.
El primero de mayo, día de los trabajadores, apareció creado como despertador de reivindicaciones. También es el día de San José obrero, el carpintero, trabajando con Jesús de Nazaret. ¡Y está la Madre! María, que sin aplausos hacía sus labores. Todos los que pueden han de trabajar, "quien no trabaje que no coma", decía San Pablo. No hemos nacido solo para ser servidos, sino también para servir, apoyándonos unos en otros. Incluso los empresarios son trabajadores, a veces muy empeñados, sufriendo angustias feroces cuando la nave parece hundirse.
Con la Inteligencia Artificial, robots y ordenadores, muchos trabajos desaparecen y pareciera llegar el paraíso esperado, donde si nos organizamos podríamos combinar más ocio con nuestras labores. Mas, ¿y los salarios? También los míos de escritor bajaron mientras los precios se alzaron, aunque aprovecharé esta tarde e iré a una hermosa playa con mis libros y mi pluma, a volar, mientras no me corten las alas.
Ilia Galán
Catedrático de Estética y Teoría de las Artes
Humanidades: Geografía, Historia y Arte
Universidad Carlos III de Madrid
¿Acaso estamos en el ocaso de los obreros? ¿Es que solo trabajan ellos? Mi amigo, un célebre escritor holandés que vivía en Nueva York, se quejaba mientras tomábamos una cerveza bajo los rascacielos porque su novia le recriminaba al contemplarle tumbado en el sofá: ¡perezoso! Pero me confesaba que era entonces cuando echaba su imaginación a volar para la siguiente novela, y yo le comprendía.
No pocos me reprochan ser un gran vividor, ya que puedo llevarme a menudo el despacho a un lugar paradisíaco cualquiera para estimularme, mi agenda, apuntes, los libros... No como ahora, cuando tecleo en el ordenador sobre las teclas del adormecido piano de mi casa, mientras escucho la plácida música de Satie en el reproductor electrónico. Un gran plato de cobre, renacentista en su factura, me muestra fiestas orgiásticas con antiguos danzantes y pífanos, pero escribo por la mañana, nada de arrebatos báquicos: el café penetra mis venas con sangre negra y despierta. No solo trabajan los obreros, que ya muchos están en peligro de extinción, me refiero a los clásicos, a los de las fábricas, y es que estas huyeron al Oriente, con muy bajos salarios, casi esclavos allí donde plantaron sus industrias los grandes empresarios, para conseguir más beneficios.
Ahora son los repartidores de las grandes compañías internacionales, los cajeros en los supermercados, los vigilantes jurados y otros quienes padecen salarios mínimos combinados con tristes situaciones laborales. Resulta sensato haber tejido legislaciones que amparen a los más débiles y librar a los trabajadores de los abusos. Así se han evitado las sangrientas revueltas de antaño. También se generaron nuevas injusticias usando las leyes contra las empresas, pero... Muchos han vivido sin vivir, encadenados a máquinas o en reducidos comercios y sin apenas vacaciones o descanso: el domingo les libraba, como celebración religiosa, de la opresión de los ávidos y terribles empresarios que denuncian Marx o Bakunin.
El primero de mayo, día de los trabajadores, apareció creado como despertador de reivindicaciones. También es el día de San José obrero, el carpintero, trabajando con Jesús de Nazaret. ¡Y está la Madre! María, que sin aplausos hacía sus labores. Todos los que pueden han de trabajar, "quien no trabaje que no coma", decía San Pablo. No hemos nacido solo para ser servidos, sino también para servir, apoyándonos unos en otros. Incluso los empresarios son trabajadores, a veces muy empeñados, sufriendo angustias feroces cuando la nave parece hundirse.
Con la Inteligencia Artificial, robots y ordenadores, muchos trabajos desaparecen y pareciera llegar el paraíso esperado, donde si nos organizamos podríamos combinar más ocio con nuestras labores. Mas, ¿y los salarios? También los míos de escritor bajaron mientras los precios se alzaron, aunque aprovecharé esta tarde e iré a una hermosa playa con mis libros y mi pluma, a volar, mientras no me corten las alas.
Ilia Galán
Catedrático de Estética y Teoría de las Artes
Humanidades: Geografía, Historia y Arte
Universidad Carlos III de Madrid


















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