Francisco José Alonso Rodríguez
Miércoles, 06 de Mayo de 2026
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Zapatero y Solbes ¿Incompetencia o algo más?

Francisco José Alonso Rodríguez

En 2007, el entonces ministro de Economía, Pedro Solbes, autorizó la venta de aproximadamente 133 toneladas de oro (casi el 32% de las reservas totales del Banco de España). El argumento oficial era que el oro era un "activo poco rentable" que no generaba dividendos, y que sería más inteligente invertir ese dinero en deuda pública y otros activos financieros.

Visto con la perspectiva que da el tiempo, el análisis fue desastroso por tres razones fundamentales:

  1. El momento (Timing): Se vendió justo antes de la Gran Recesión de 2008. Mientras España se deshacía de su "seguro de vida", el resto de potencias mundiales y bancos centrales empezaban a acaparar oro ante la inminente tormenta.
  2. La naturaleza del oro: El oro no se tiene para "ganar dinero" en el día a día; se tiene como reserva de valor y garantía de última instancia. Deshacerse de él es como cancelar un seguro de incendios justo antes de que empiece a oler a humo.
  3. El coste de oportunidad: En 2007, el oro cotizaba en torno a los 450 - 500 euros la onza. Hoy, su valor ha escalado de forma exponencial, superando con creces los 4.500 euros.

Si analizamos las cifras, el daño a las arcas públicas es escalofriante. El usuario menciona que el valor se habría multiplicado por diez; si bien el cálculo exacto depende de la divisa y la cotización del día, es indiscutible que España dejó de ganar (o mejor dicho, perdió por omisión) miles de millones de euros.

Se estima que la venta reportó unos 2.180 millones de euros. Si ese mismo oro permaneciera hoy en las cámaras del Banco de España, su valor superaría los 22.000 millones de euros. Esta diferencia no es solo un número en un balance; es liquidez y solvencia que el Estado español no tuvo durante los años más duros de la crisis de deuda, cuando la prima de riesgo amenazaba con la quiebra del país.

Uno de los puntos más dolorosos y menos discutidos es el de las piezas numismáticas. Las reservas españolas no consistían solo en lingotes modernos. Incluían monedas históricas —Isabelinas, Alfonsinos y piezas de la época imperial— cuyo valor para coleccionistas y museos triplicaba o cuadruplicaba su peso en oro.

Al venderse en bloque y de forma apresurada, muchas de estas piezas fueron tratadas como simple metal. Se vendió historia de España al precio del oro fundido, un atropello al patrimonio nacional que, en cualquier otro contexto, habría provocado una investigación inmediata de las autoridades de cultura.

Resulta difícil creer que un economista de la trayectoria de Solbes no entendiera el papel del oro. Esto alimenta la sospecha de que la venta no respondió a criterios técnicos, sino a necesidades políticas inmediatas o, como apunta el usuario, a intereses privados.

  • ¿Quién compró ese oro? Las operaciones de los bancos centrales suelen ser opacas, pero la salida masiva de oro al mercado favoreció a grandes fondos de inversión y entidades financieras que buscaban refugio.

 

 

 

 

La falta de transparencia sobre quiénes fueron los intermediarios y quiénes los compradores finales dejan una pregunta en el aire: ¿Se benefició alguien de esta "liquidación por cierre" a costa del futuro de los españoles?

La gestión pública suele estar protegida por la discrecionalidad política, pero cuando una decisión causa un quebranto patrimonial de tal magnitud, la línea entre la "mala gestión" y la administración desleal se vuelve muy delgada.

Pedir responsabilidades penales en España es una tarea titánica debido a la prescripción de los delitos y a la protección de los aforamientos. Sin embargo, el daño moral y económico permanece. España es hoy un país menos soberano y financieramente más débil de lo que sería si esas 133 toneladas siguieran en la Plaza de Cibeles.

 La venta del oro por parte del binomio Zapatero-Solbes no fue un error de cálculo, fue una negligencia histórica. Se despojó a la nación de su protección más sólida en el peor momento posible, sacrificando el patrimonio de generaciones futuras por una liquidez efímera. Investigar los beneficiarios reales de aquella operación no es solo una cuestión de justicia, es una necesidad de higiene democrática para entender cómo se gestionó —o se malvendió— la riqueza de todos.

¿Una auditoría externa e independiente sobre el Banco de España de aquella época podría revelar los nombres de quienes realmente se beneficiaron de la operación?

 

Politólogo. - Sociólogo. - Presidente Liga Española Pro Derechos Humanos.- Centro de Estudios Ateneos. - Premio a las Libertades “Rafael del Riego”.

 

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