Eugenio-Jesús de Ávila
Miércoles, 06 de Mayo de 2026
REFLEXIONES CIUDADANAS

Los zamoranos no debemos guardar silencio ante las afrentas políticas seculares

Todo zamorano que ame a su tierra siempre deberá portar peto y espaldar, porque jamás rehuirá el combate por su geografía, por sus gentes, las más sencillas y humildes, ni por su historia, génesis de la España medieval. Un zamorano que siente dentro de su ser a Zamora, desde la capital hasta todas las comarcas, al sur y al norte, occidente y oriente, nunca se rendirá, jamás claudicará ni conformará con el estado económico, social, cultural y demográfico de los 10.500 kms 2 que constituyen su provincia, el territorio que la define, porque le duelen el olvido y la indiferencia del poder, el desprecio y el desapego de los que se proclaman sus representantes en los parlamentos políticos, nacionales y autonómicos.

 

Primer mandamiento que ha de cumplir todo zamorano que aspire a que su tierra se desarrolle, sus jóvenes pueden trabajar aquí y Zamora deje de ser un desierto demográfico, como auguró el profesor Valentín Cavero hace unas tres décadas: no callarse, no silenciar las ofensas causadas por el poder político, exigir inversiones públicas y no votar a los felones que sirvieron a sus partidos para así beneficiarse antes que a las demandas del pueblo llano.

 

Cabe preguntarse por qué, unos y otros, en el gobierno o en la oposición, vienen jugando desde ha mucho tiempo con la transformación en autovía de la N-122 entre la capital de la provincia y la frontera lusa. Cuando toca, casi siempre antes de unas elecciones legislativas, la construcción de esta infraestructura, esencial para la comunicación entre Zamora, Tras os Montes y Oporto, toma protagonismo. Después, como no hay presupuestos, no se destina ni un euro a ese objetivo. Y esa carretera sigue siendo una de las más peligrosas entre las nacionales. No pasa nada, porque no se nos tiene en cuenta. Somos cada vez menos. Apenas se juegan cargos públicos en los comicios nacionales, basados en una Ley Electoral injusta, que premia a los partidos independentistas. Entérese ya, cándido elector, que a los diputados y senadores de los grandes partidos no los elige usted, sino la casta dirigente de esas formaciones. Por lo tanto, nunca obrarán de acuerdo a las necesidades populares, sino de PP, PSOE o Vox.

 

Monte la Reina fue, hace ya siete años, otra de las promesas del actual Gobierno, de su presidente en el Ramos Carrión, para reactivar economía y detener la despoblación. El tiempo pasa. Noticias en la prensa del régimen de avances en tal proyecto, pero el zamorano debe ejercer de apóstol Tomás.

 

Guarido, como proyecto estrella, presentó la adquisición de los terrenos de la Estación del Ferrocarril, con el objetivo de desarrollar un Polígono Tecnológico. De acuerdo. Nunca más se supo. Ha pasado de todo Renfe o el alcalde renunció a ese fin.

 

Mañueco nos ha hablado, y la prensa local lo ha reiterado, de la construcción de un gran polígono industrial en Monfarracinos, con el apoyo total del ejecutivo autonómico. Silencio. ¿Favorecerá la Junta que se asienten empresas en esas hectáreas del alfoz, como ejerce en Valladolid, Burgos y Palencia, o aquí llegarán inversiones de poca monta?

 

Urge que la restauración total de las murallas y el ajardinamiento de los lienzos liberados en la avenida de la Feria se ejecuten cuanto antes. Y habría que dar un paso al frente para evitar las decisiones de los burócratas públicos que niegan que el Puente Románico luzca sus dos torres.

 

E, insisto, finalmente, en la aprobación, antes de que Guarido se corte la coleta política, de un Segundo Plan del Casco Antiguo, para subsanar las carencias cometidas durante uno de los mandatos de Vázquez, y transformar esa zona noble de la ciudad, incluidos un nuevo pavimento, de granito sayagués, y dotación de un sistema de fuentes en los jardines de Baltasar Lobo. Y no quiero entrar en la decisión final sobre la ubicación del Museo del gran escultor de Castroverde de Campos, si viejo Consistorio o Castillo, porque parece que ya fue adoptada, ni tampoco sobre una remodelación de la Plaza Mayor.

 

Y no me he olvidado de la transformación en autovía de la N-631 entre el cruce y Mombuey -qué es esa vergüenza del Puente de la Estrella en una carretera nacional-, ni exigir a la Junta de la creación de un Polígono Tecnológico Agropecuario en al alfoz de la capital.

 

Sí, un zamorano que ame a su tierra no debe guardar silencio ante los agravios políticos y, además, debe proponer ideas al poder para transformar Zamora económica y demográficamente. Callar afrentas nos condena a la nada política y al ostracismo como sociedad. 

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