Eugenio-Jesús de Ávila
Viernes, 08 de Mayo de 2026
REFLEXIONES URBANAS

Entre 2027 y 2031 Zamora se juega su ser o no ser demográfico y económico

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

En poco más de un año, se celebrarán comicios municipales, los que más aprecio por cercanos, porque conocimiento de los candidatos, de sus defectos y virtudes, de lo que espero y desespero. Francisco Guarido, si cumple con su palabra, abandonará la Casa de las Panaderas, tras 12 años, tres mandatos -nunca legislaturas- como regidor de la ciudad, entre 2017 y 2019, en coalición con el PSOE, como entre 2023 y 2027, y uno con mayoría absoluta de IU. No se trata ahora de realizar un balance de su ejecutoria como alcalde, porque todavía le queda un año esencial para rubricar sus labores. Viene a cuenta este artículo, porque expondré lo que exijo a un nuevo gobierno municipal entre la primavera de 2027 y la de 2031, primer año de la cuarta década del siglo XXI.

 

Al nuevo equipo de gobierno le exigiría crear una comisión -se le dé el nombre que mejor parezca-, que, con un amplio dossier, incluya infraestructuras de carreteras y ferrocarriles, distancias a las grandes capitales de Castilla y León y Madrid y, por supuesto, a Oporto y Tras os Montes; un profundo análisis de nuestra sociedad, actividades culturales, medios de comunicación, demografía, sanidad, número de hospitales y centros de salud; empresas ubicadas en los polígonos industriales, como Los Llanos, La Hiniesta y Prolongación, más el que la Junta ha prometido en Monfarracinos, y proponer la adquisición de los terrenos de Renfe en la Estación del Ferrocarril.

 

Con un objetivo primordial: proponer a las patronales de Madrid, Valladolid, Oporto, y, por qué no, de País Vasco, Burgos, la propia Cataluña, las bondades de invertir en nuestra tierra. Las poseemos. Hay que darlas al conocer a través de un turismo empresarial. Y a los diputados y senadores que exijan a sus partidos inversiones en nuestra tierra cuanto antes. No hay tiempo que perder. Zamora carece de un solo segundo para dilapidar en memeces.

 

 

Otra cuestión fundamental, la estética, la que atraerá, por supuesto, turismo cultural, los viajes para saber y conocer nuestra historia, que también es la del origen de España; la importancia medieval de Zamora, con su románico, su Puente de Piedra, que debería, cuando se jubilen los burócratas conservadores de la Junta, lucir sus dos torres, ambas derribadas en 1905.

 

Habría que pedirle al regidor y su equipo de gobernanza embellecer las zonas ajardinadas de la ciudad, con un sistema de fuentes importante en el parque de Baltasar Lobo; un plan de restauración absoluta de las murallas y ajardinamientos en sus entornos; arrancar las piedras de las calzadas del casco antiguo y sustituirlas por baldosas de granito de 8 cms de Sayago, no el chino de Vázquez y colegas; reforma de la Plaza Mayor, impropia de nuestra ciudad;  de la plaza de la Constitución, un secarral que no arreglan esos tiestos verticales colocados en los últimos meses; menos cemento en La Marina y más jardines; dar vida al templete; ubicar las obras más descomunales del genial escultor de Cerecinos de Campos en rotondas y calles principales, como Santa Clara, San Torcuato, Tres Cruces, Rúa de los Francos y de los Notarios, plaza de la Catedral; permitir la visibilidad de los restos del templo de San Gil, soterrados por caprichos burocráticos; una escalinata de piedra, que faculte la llegada  y bajada de los turistas por la Puerta de la Lealtad a la zona noble de la ciudad o parque y fuente de San Martín de Abajo, y así evitar, en épocas de fuertes lluvias, la pérdida de materiales y permitir a zamoranos y visitantes acceder o descender por escalinatas propias de una ciudad que desee mimar a ciudadanos y turistas.

 

Y le rogaría al regidor que, en este año y poquito que le queda, encauce un segundo Plan del Casco Antiguo, el proyecto de Pabellón Polifuncional en Vista Alegre,  remozar y modernizar el Ruta la Plata y concretar la Ciudad del Fútbol en esa zona, y, a ser posible, diseñar piscinas de Verano en los actuales campos de la Federación (Valorio); el ajardinamiento de la avenida de la Feria, sin olvidar fuentes; el arreglo definitivo de Valorio, acabar con los solares de La Horta y el casco histórico, pleno funcionamiento del cuartel de la Policía Local y de Bomberos. Y doy por hecho que los lienzos de muralla de la avenida de la Feria ya se habrán liberado y embellecido su entorno.

 

 

Cuando la década de los años 30 de esta centuria avance, yo ya me habré convertido en hombre la tercera o cuarta edad. Me quedará poco por ver y por escribir. Pero seguiré amando a mi Zamora, ciudad de la que sus hijos del futuro deberían sentirse orgullosos, tanto de sus héroes históricos como las de todos que dejaron parte de su vida en mimarla, cuidarla y desarrollarla. Yo nunca me conforme con aquello de que Zamora es lo que es no puede ser otra cosa.

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