BALONCESTO
Caja Rural CB Zamora, el club que nos hice creer en los sueños imposibles
Eugenio-Jesús de Ávila
Vino a decir Pessoa, en su celebérrima obra de arte literaria, “El libro del desasosiego”, que los sueños posibles engendran frustración. Derivase de lo recomendado por el poeta luso que solo deberíamos hacernos aquellos sueños que, desde su origen, supiésemos utópicos, como si los hubiera escrito Tomás Moro.
Digo lo anterior porque, durante 38 minutos, excepción de los dos últimos, el Caja Rural CB Zamora soñó e hizo soñar a sus seguidores con un sueño imposible, como fue ganar por más de nueve puntos a Alicante, otro club con sus mismas aspiraciones. Por lo tanto, los zamoranos nos sentimos frustrados por esa victoria triste, por ese triunfo doloroso. Ahora bien, seamos conscientes de que lo que ha logrado Saulo Hernández Bris, un sabio de este deporte que podría entrenar en cualquier equipo puntero de la categoría y de la ACF también, resulta algo inconmensurable. Sí, que no se puede medir, ni pesar, quizá evaluar desde otro plano, el de las emociones y sus hijos los sentimientos, pasando también por los números. Voy a ello.
Que en la pequeña Zamora una familia, con el hombre que sacó a este magnífico deporte de las canchas de colegios a las de los pabellones, de los partidos autonómicos a los nacionales, hasta llevarlo a la división de plata del baloncesto español me parece una gesta que no admite respuesta. Increíble si nos lo hubiera dicho a Gerardo Hernández de Luz y a un servidor allá por el ecuador de la década de los ochenta de la anterior centuria. Aquel si que parecía un sueño imposible, de esos que cuentas a los amigos entre sonrisas. Y aquí estamos.
Y, sí, aquí seguimos, pero cada temporada es una travesía más compleja, porque son muchos los llamados y escasos los elegidos. Esta Liga nos llevó un plantel, hecho con poquito dinero, porque Saulo, como los pobres, sabe que tiene que ser más inteligente que los ricos para abandonar su clase deportiva. Y nos trajo jugadores jóvenes y algún veterano para enfrentarse, dando la cara, a clubes históricos del básket nacional, como Estudiantes, Fuenlabrada, Breogán, el propio Palencia. Y unas 2.000 personas se mantuvieron vivas, despiertas, ilusionadas con su equipo tanto en el Ángel Nieto como cuando viajó a tierras lejanas. Nos hicieron felices por segunda temporada consecutiva. Muchas gracias.
Y también sabe usted, porque es más listo que yo y conoce este mundo del deporte, del segundo que más interesa a los españoles, que la actual plantilla irá perdiendo casi todos sus miembros, porque llegarán entidades más fuertes económicamente que les ofrecerán mayores cantidades para jugar con sus camisetas. Y es ley de ida. Aquí, la sapiencia de Saulo les enseñó a ser mejores, a prepararse para jugar en equipos con mayores objetivos y categorías. Pero, desde la pequeña Zamora, aspirar a ser un equipo de la segunda nacional del baloncesto constituye un sueño casi imposible, que, temporada tras temporada, las familias Hernández de Luz y Hernández Bris nos hacen creer que se convertirán en realidad. Porque, al final, la poesía de Pessoa se escribe en la sede del Caja Rural CB Zamora.
Fotografias: Esteban Pedrosa
Eugenio-Jesús de Ávila
Vino a decir Pessoa, en su celebérrima obra de arte literaria, “El libro del desasosiego”, que los sueños posibles engendran frustración. Derivase de lo recomendado por el poeta luso que solo deberíamos hacernos aquellos sueños que, desde su origen, supiésemos utópicos, como si los hubiera escrito Tomás Moro.
Digo lo anterior porque, durante 38 minutos, excepción de los dos últimos, el Caja Rural CB Zamora soñó e hizo soñar a sus seguidores con un sueño imposible, como fue ganar por más de nueve puntos a Alicante, otro club con sus mismas aspiraciones. Por lo tanto, los zamoranos nos sentimos frustrados por esa victoria triste, por ese triunfo doloroso. Ahora bien, seamos conscientes de que lo que ha logrado Saulo Hernández Bris, un sabio de este deporte que podría entrenar en cualquier equipo puntero de la categoría y de la ACF también, resulta algo inconmensurable. Sí, que no se puede medir, ni pesar, quizá evaluar desde otro plano, el de las emociones y sus hijos los sentimientos, pasando también por los números. Voy a ello.
Que en la pequeña Zamora una familia, con el hombre que sacó a este magnífico deporte de las canchas de colegios a las de los pabellones, de los partidos autonómicos a los nacionales, hasta llevarlo a la división de plata del baloncesto español me parece una gesta que no admite respuesta. Increíble si nos lo hubiera dicho a Gerardo Hernández de Luz y a un servidor allá por el ecuador de la década de los ochenta de la anterior centuria. Aquel si que parecía un sueño imposible, de esos que cuentas a los amigos entre sonrisas. Y aquí estamos.
Y, sí, aquí seguimos, pero cada temporada es una travesía más compleja, porque son muchos los llamados y escasos los elegidos. Esta Liga nos llevó un plantel, hecho con poquito dinero, porque Saulo, como los pobres, sabe que tiene que ser más inteligente que los ricos para abandonar su clase deportiva. Y nos trajo jugadores jóvenes y algún veterano para enfrentarse, dando la cara, a clubes históricos del básket nacional, como Estudiantes, Fuenlabrada, Breogán, el propio Palencia. Y unas 2.000 personas se mantuvieron vivas, despiertas, ilusionadas con su equipo tanto en el Ángel Nieto como cuando viajó a tierras lejanas. Nos hicieron felices por segunda temporada consecutiva. Muchas gracias.
Y también sabe usted, porque es más listo que yo y conoce este mundo del deporte, del segundo que más interesa a los españoles, que la actual plantilla irá perdiendo casi todos sus miembros, porque llegarán entidades más fuertes económicamente que les ofrecerán mayores cantidades para jugar con sus camisetas. Y es ley de ida. Aquí, la sapiencia de Saulo les enseñó a ser mejores, a prepararse para jugar en equipos con mayores objetivos y categorías. Pero, desde la pequeña Zamora, aspirar a ser un equipo de la segunda nacional del baloncesto constituye un sueño casi imposible, que, temporada tras temporada, las familias Hernández de Luz y Hernández Bris nos hacen creer que se convertirán en realidad. Porque, al final, la poesía de Pessoa se escribe en la sede del Caja Rural CB Zamora.
Fotografias: Esteban Pedrosa














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