REFLEXIONES
La salud es el progreso para Zamora, las plantas de gas, su cementerio
Eugenio-Jesús de Ávila
Como no debe existir un solo zamorano con mando en las cercanías del poder -quizá lo fuera Maíllo, pero no se notó en nada-, nos creen los empresarios del futuro, los que quieren hacerse con este presente de mentiras y miserias para extraerle el gas de las inmundicias, que después enriquecerán a los malandrines que se arremolinan en las faldas de la política, que estos 10.500 kms2 de geografía que se conoce como provincia de Zamora se acercan a lo que se conoce como zahúrda, donde arrojar, sembrar y repartir lo que los ricos no desean, lo que las grandes autonomías rechazan.
Y, como aquí somos gente mayor, conocida por su paz cristiana, por sus oraciones a vírgenes y cristos, a sufrir en silencio y a secarse las lágrimas al viento, encuentra ese mundo empresarial que nuestra tierra se aviene perfectamente, como el zapato de cenicienta, a que nos construyan plantas de gas, de cerdos o de todos aquellos productos, químicos o animales en nuestros campos, lo único puro que nos queda; que, además, pinten nuestros hermosos paisajes de muerte, que nos muramos de asco, porque la vida bonita pertenece a los españoles que disfrutan del aroma de un perfume, de la elegancia de un traje italiano, de las viandas más deliciosas con apellidos franceses.
Pero todavía hay una Zamora, la misma que abandonó su tranquila vida de primavera cuando Iberdrola les bebió el agua del embalse; la de los agricultores a los que año tras año les merman el precio de sus cosechas, los mismos que les piden a sus tractores que despierten a sus hermanos de la ciudad con sus gruñidos de gasóleo; que tiene un corazón en carne del revés y sus aurículas remendadas con hilo de amor, entre sístoles y diástoles de tercipelo; la que siente la vida en cada poro de su piel colectiva, que no se conforma, que odia la abulia, que desconoce que es eso de la cobardía antropológica.
Esos mismos zamoranos que hoy, mientras no se sabía si entra la lluvia a destiempo y el sol que busca un eclipse, manifestaron su negativa a que sus campos se queden sin una flor, sin un fruto, sin un gorrión, sin un ruiseiñor o una espiga de trigo, los he subido esta tarde, cuando el ocaso busca el Atlántico, en la grupa de mis palabras, de mis verbos y de mis oraciones. Cabalga Zamora, ¡por favor!, en el corcel de Eolo.
La salud será el progreso de Zamora y de su provincia, las plantas de gas, su cementerio.
Eugenio-Jesús de Ávila
Como no debe existir un solo zamorano con mando en las cercanías del poder -quizá lo fuera Maíllo, pero no se notó en nada-, nos creen los empresarios del futuro, los que quieren hacerse con este presente de mentiras y miserias para extraerle el gas de las inmundicias, que después enriquecerán a los malandrines que se arremolinan en las faldas de la política, que estos 10.500 kms2 de geografía que se conoce como provincia de Zamora se acercan a lo que se conoce como zahúrda, donde arrojar, sembrar y repartir lo que los ricos no desean, lo que las grandes autonomías rechazan.
Y, como aquí somos gente mayor, conocida por su paz cristiana, por sus oraciones a vírgenes y cristos, a sufrir en silencio y a secarse las lágrimas al viento, encuentra ese mundo empresarial que nuestra tierra se aviene perfectamente, como el zapato de cenicienta, a que nos construyan plantas de gas, de cerdos o de todos aquellos productos, químicos o animales en nuestros campos, lo único puro que nos queda; que, además, pinten nuestros hermosos paisajes de muerte, que nos muramos de asco, porque la vida bonita pertenece a los españoles que disfrutan del aroma de un perfume, de la elegancia de un traje italiano, de las viandas más deliciosas con apellidos franceses.
Pero todavía hay una Zamora, la misma que abandonó su tranquila vida de primavera cuando Iberdrola les bebió el agua del embalse; la de los agricultores a los que año tras año les merman el precio de sus cosechas, los mismos que les piden a sus tractores que despierten a sus hermanos de la ciudad con sus gruñidos de gasóleo; que tiene un corazón en carne del revés y sus aurículas remendadas con hilo de amor, entre sístoles y diástoles de tercipelo; la que siente la vida en cada poro de su piel colectiva, que no se conforma, que odia la abulia, que desconoce que es eso de la cobardía antropológica.
Esos mismos zamoranos que hoy, mientras no se sabía si entra la lluvia a destiempo y el sol que busca un eclipse, manifestaron su negativa a que sus campos se queden sin una flor, sin un fruto, sin un gorrión, sin un ruiseiñor o una espiga de trigo, los he subido esta tarde, cuando el ocaso busca el Atlántico, en la grupa de mis palabras, de mis verbos y de mis oraciones. Cabalga Zamora, ¡por favor!, en el corcel de Eolo.
La salud será el progreso de Zamora y de su provincia, las plantas de gas, su cementerio.















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.117