1ª RFEF
Zamora CF: cuatro escalones para alcanzar el cielo de la Segunda División
Se trataría ahora en las dos últimas jornadas de ganar los dos partidos y esperar a que el Celta Fortuna falle para ser segundo
E. Navascués de Zubiría
“Hay que ser ambiciosos”. Oración de cuatro palabras con la que Carlos Ramos, el capitán que los manda, selló ayer tarde, su rueda de prensa después de la extraordinaria victoria del Zamora CF ante el Lugo. En verdad, yo no sé si la escuadra rojiblanca finalizara en segunda o tercera posición de la tabla, porque ser la sombra del Tenerife no depende solo de sus hazañas futbolísticas, sino de que el Celta Fortuna, el club que, como traduce su apellido, parece bendecido por los dioses, falle en su feudo ante el Lugo, no lo creo, o en Lasesarre, frente a un Barakaldo que sí se puede jugar en esa última jornada beneficios deportivos y económicos. El cuadro que dirige con maestría Óscar Cano se tiene que preocupar, de momento, lo próximo, de ganar al Cacereño, que llegará al Ruta de la Plata muy necesitado de puntos, en su huida de la quema del descenso. Si los rojiblancos suman otra victoria, la sexta consecutiva, ante los extremeños, se pensará en ir a Guecho a por todo o a reservar piezas fundamentales de la plantilla.
Pase lo que pase el Zamora CF se encuentra a cuatro partidos, ojalá que los de vuelta se disputen en el Ruta de la Plata, de un ascenso tantas veces deseado, anhelado, imaginado desde hace décadas. Por qué no cambiar el refrán y, no a la quinta, sino a la séptima irá la vencida.
Me baso en que veo a un Zamora compacto, fortísimo, convencido de su potencial, con empaque, clase e inteligencia dentro del campo. Añado una capacidad de combate descomunal. Desde la punta del ataque, con un Mario Losada prodigioso en la presión, por agresividad e instinto goleador, hasta Fermín, todos los componentes de la plantilla saben cuáles son sus labores, qué hacer en cada momento, dónde buscar el camino más recto entre dos puntos y aparecer en apoyo de compañeros en apuros. Solidaridad y determinación, elegancia y poderío. Ese es el Zamora que, poco a poco, tras algún mes de apuros y depresiones, de angustias y desasosiego, nos ha regalado esta primavera de abril y mayo. Óscar Cano, con su verbo fácil y conducta humilde, ha construido una escuadra que cree en sí misma, con ambición desmedida y, además, modestia en sus expresiones fuera del césped, pero altiva y soberbia ante sus rivales.
He escuchado y leído a tantas gentes, desde que se abrió el mercado de invierno, criticar a David Vizcaíno por sus movimientos en la plantilla cuando el hielo congelaba a la niebla que ahora destaco la labor del director Deportivo rojiblanco, porque se hizo con jugadores como Mario Losada, denostado después de su primera etapa en el club, y Diego Moreno, al que no quiso la Ponferradina en invierno. Y hoy, el delantero y el lateral diestro son dos de los más loados por doquier. Algo de culpa tendrá este almeriense de apellido vascongado.
Y, por supuesto, no quiero olvidarme de la propiedad que marcó, como profeta bíblico, un objetivo para la temporada: jugar el play off. Y nos encontramos con que, a falta de seis puntos en juego, de dos jornadas, después de un largo y curvo camino, como aquella última canción de The Beatles, el Zamora CF SAD va a jugar por un puesto en la Segunda División. Y si se logra el ascenso, habrá un antes y un después en la historia del club y la ciudad que lleva su nombre recogerá importantes beneficios económicos y turísticos.
Nos restan dos partidos para ser segundos y cuatro para ser de Segunda División. Ojalá que la Virgen de la Concha, la Patrona de la Ciudad lo recuerde.
Fotografías: Zamora CF
E. Navascués de Zubiría
“Hay que ser ambiciosos”. Oración de cuatro palabras con la que Carlos Ramos, el capitán que los manda, selló ayer tarde, su rueda de prensa después de la extraordinaria victoria del Zamora CF ante el Lugo. En verdad, yo no sé si la escuadra rojiblanca finalizara en segunda o tercera posición de la tabla, porque ser la sombra del Tenerife no depende solo de sus hazañas futbolísticas, sino de que el Celta Fortuna, el club que, como traduce su apellido, parece bendecido por los dioses, falle en su feudo ante el Lugo, no lo creo, o en Lasesarre, frente a un Barakaldo que sí se puede jugar en esa última jornada beneficios deportivos y económicos. El cuadro que dirige con maestría Óscar Cano se tiene que preocupar, de momento, lo próximo, de ganar al Cacereño, que llegará al Ruta de la Plata muy necesitado de puntos, en su huida de la quema del descenso. Si los rojiblancos suman otra victoria, la sexta consecutiva, ante los extremeños, se pensará en ir a Guecho a por todo o a reservar piezas fundamentales de la plantilla.
Pase lo que pase el Zamora CF se encuentra a cuatro partidos, ojalá que los de vuelta se disputen en el Ruta de la Plata, de un ascenso tantas veces deseado, anhelado, imaginado desde hace décadas. Por qué no cambiar el refrán y, no a la quinta, sino a la séptima irá la vencida.
Me baso en que veo a un Zamora compacto, fortísimo, convencido de su potencial, con empaque, clase e inteligencia dentro del campo. Añado una capacidad de combate descomunal. Desde la punta del ataque, con un Mario Losada prodigioso en la presión, por agresividad e instinto goleador, hasta Fermín, todos los componentes de la plantilla saben cuáles son sus labores, qué hacer en cada momento, dónde buscar el camino más recto entre dos puntos y aparecer en apoyo de compañeros en apuros. Solidaridad y determinación, elegancia y poderío. Ese es el Zamora que, poco a poco, tras algún mes de apuros y depresiones, de angustias y desasosiego, nos ha regalado esta primavera de abril y mayo. Óscar Cano, con su verbo fácil y conducta humilde, ha construido una escuadra que cree en sí misma, con ambición desmedida y, además, modestia en sus expresiones fuera del césped, pero altiva y soberbia ante sus rivales.
He escuchado y leído a tantas gentes, desde que se abrió el mercado de invierno, criticar a David Vizcaíno por sus movimientos en la plantilla cuando el hielo congelaba a la niebla que ahora destaco la labor del director Deportivo rojiblanco, porque se hizo con jugadores como Mario Losada, denostado después de su primera etapa en el club, y Diego Moreno, al que no quiso la Ponferradina en invierno. Y hoy, el delantero y el lateral diestro son dos de los más loados por doquier. Algo de culpa tendrá este almeriense de apellido vascongado.
Y, por supuesto, no quiero olvidarme de la propiedad que marcó, como profeta bíblico, un objetivo para la temporada: jugar el play off. Y nos encontramos con que, a falta de seis puntos en juego, de dos jornadas, después de un largo y curvo camino, como aquella última canción de The Beatles, el Zamora CF SAD va a jugar por un puesto en la Segunda División. Y si se logra el ascenso, habrá un antes y un después en la historia del club y la ciudad que lleva su nombre recogerá importantes beneficios económicos y turísticos.
Nos restan dos partidos para ser segundos y cuatro para ser de Segunda División. Ojalá que la Virgen de la Concha, la Patrona de la Ciudad lo recuerde.
Fotografías: Zamora CF















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