ZAMORANA
El poder de la mente
Hoy el día ha amanecido calmo, demasiado tranquilo, no se mueve ni una hoja de los árboles y la gente camina un tanto afligida, porque preludia una de esas tormentas que venimos padeciendo desde hace días, con presencia de ensordecedores truenos y deslumbrantes relámpagos que acompañan un aguacero cayendo sin piedad sobre calles y plazas. A veces es bueno limpiar profundamente, desde los adentros, quitar la suciedad acumulada, esa que forma pequeñas costras, o el polvo en suspensión que notamos al respirar; así que la lluvia es un beneficio para ese tipo de mugre perceptible.
Sin embargo, existe otro tipo de suciedad, aferrada a la mente y a los sentimientos, que se enquista poco a poco hasta hacerse presente, y nos afecta de manera silenciosa porque vamos acumulando sin resolver pequeños rencores, frustraciones silenciosas, anhelos rotos, amores perdidos, decepciones varias… y todo ello va formando montón hasta que se hace presente de diversas formas: provocando una melancolía irreversible, un dolor crónico, una apatía errática y un permanente bajo estado de ánimo que se manifiestan con toda su crudeza. Como consecuencia de tales síntomas, se pierde el apetito, no solo por la comida, sino también por las ganas de vivir; pensamientos negativos colonizan la mente, y no hacen hueco a ninguno positivo que pretenda infiltrarse; además de somatizar con síntomas físicos ese malestar interior porque la mente no ha procesado dichos traumas.
Son muchas las personas que han padecido y padecen este tipo de mal, ya sea de manera esporádica o continua, y la solución, además de contar con ayuda profesional que siempre es recomendable, en muchas ocasiones reside en uno mismo. ¿Cómo? Intentando revertir la situación, descartando aquello que nos daña, permitiendo entrar la positividad, la belleza, las sensaciones favorables, y dejando que el malestar nos resbale hasta perderlo de vista, teniendo como prioridad nuestro bienestar emocional porque es algo importante que favorece la salud física y mental.
Otra solución es salir de un mismo y mirar más hacia los demás, no pararse en la propia ofuscación, sino buscar alternativas para combatirla: socializar, liberar la mente, no perder energía en el problema y redirigirlo hacia otra tarea, practicar una relajación mental y física que reduzca la carga emocional, olvidar las obsesiones e ir ganado terreno a la cordura perdida.
Steven Maraboli, escritor estadounidense, experto en comportamiento humano, y conocido por sus mensajes sobre psicología positiva, superación personal y espiritualidad, tiene una frase que ilustra bien este artículo: “La mente es un arma poderosa; cuando la llenas de pensamientos positivos, tu vida se llena de resultados positivos”
Mª Soledad Martín Turiño
Hoy el día ha amanecido calmo, demasiado tranquilo, no se mueve ni una hoja de los árboles y la gente camina un tanto afligida, porque preludia una de esas tormentas que venimos padeciendo desde hace días, con presencia de ensordecedores truenos y deslumbrantes relámpagos que acompañan un aguacero cayendo sin piedad sobre calles y plazas. A veces es bueno limpiar profundamente, desde los adentros, quitar la suciedad acumulada, esa que forma pequeñas costras, o el polvo en suspensión que notamos al respirar; así que la lluvia es un beneficio para ese tipo de mugre perceptible.
Sin embargo, existe otro tipo de suciedad, aferrada a la mente y a los sentimientos, que se enquista poco a poco hasta hacerse presente, y nos afecta de manera silenciosa porque vamos acumulando sin resolver pequeños rencores, frustraciones silenciosas, anhelos rotos, amores perdidos, decepciones varias… y todo ello va formando montón hasta que se hace presente de diversas formas: provocando una melancolía irreversible, un dolor crónico, una apatía errática y un permanente bajo estado de ánimo que se manifiestan con toda su crudeza. Como consecuencia de tales síntomas, se pierde el apetito, no solo por la comida, sino también por las ganas de vivir; pensamientos negativos colonizan la mente, y no hacen hueco a ninguno positivo que pretenda infiltrarse; además de somatizar con síntomas físicos ese malestar interior porque la mente no ha procesado dichos traumas.
Son muchas las personas que han padecido y padecen este tipo de mal, ya sea de manera esporádica o continua, y la solución, además de contar con ayuda profesional que siempre es recomendable, en muchas ocasiones reside en uno mismo. ¿Cómo? Intentando revertir la situación, descartando aquello que nos daña, permitiendo entrar la positividad, la belleza, las sensaciones favorables, y dejando que el malestar nos resbale hasta perderlo de vista, teniendo como prioridad nuestro bienestar emocional porque es algo importante que favorece la salud física y mental.
Otra solución es salir de un mismo y mirar más hacia los demás, no pararse en la propia ofuscación, sino buscar alternativas para combatirla: socializar, liberar la mente, no perder energía en el problema y redirigirlo hacia otra tarea, practicar una relajación mental y física que reduzca la carga emocional, olvidar las obsesiones e ir ganado terreno a la cordura perdida.
Steven Maraboli, escritor estadounidense, experto en comportamiento humano, y conocido por sus mensajes sobre psicología positiva, superación personal y espiritualidad, tiene una frase que ilustra bien este artículo: “La mente es un arma poderosa; cuando la llenas de pensamientos positivos, tu vida se llena de resultados positivos”
Mª Soledad Martín Turiño














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